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El primer ministro indio se juega la reelección en los Estados del norte

Los resultados electorales dependen de las regiones superpobladas y subdesarrolladas del 'cinturón hindú', donde priman los discursos que enfrentan a religiones, castas y clases

Elecciones India
Votantes en Muzaffarrnagar (Estado de Uttar Pradesh), el 11 de abril. AFP

Durante estas semanas, y hasta el 19 de mayo, alrededor de 900 millones de indios elegirán nuevo Gobierno en la sexta economía del planeta (la quinta, si se cumplen las previsiones, este año). El futuro de más de una octava parte de la población mundial dependerá de la decena de Estados que forman el cinturón hindú de la India; así viene sucediendo en la democracia más grande del mundo desde su creación, en 1947. La llave, concretamente, está en los 200 millones de habitantes del superpoblado y subdesarrollado Estado de Uttar Pradesh, que eligen más escaños en el Parlamento nacional que ninguna otra región: 80 asientos de un total de 552. Su demografía, mayoritariamente hindú pero con notable presencia de musulmanes y de castas bajas (el 20% de la población, cada uno de los grupos), ejemplifica la división sociorreligiosa del país, que se ha manifestado en violentos enfrentamientos entre estas comunidades.

Las últimas elecciones generales, en 2014, fueron precedidas por una revuelta entre hindúes y musulmanes al oeste de Uttar Pradesh, que se saldó con 60 muertos y 50.000 desplazados. Entonces, más del 40% de los electores de ese Estado apoyaron al partido conservador nacionalista hindú Bharatiya Janata Party (BJP) y a su líder, Narendra Modi, a quien se atribuye haber instigado la violencia sectaria contra miles de musulmanes durante su mandato en el Gobierno regional de Gujarat, diez años antes. Así, los comicios de 2014 auparon a Modi como primer ministro del país gracias, en buena medida, a la mayoría aplastante de 73 escaños conseguidos en Uttar Pradesh, que hundieron en un 8% los votos regionales del opositor Partido del Congreso.

Aunque los resultados de las regionales de 2018 —con la victoria del Congreso en tres Estados vitales— y las actuales encuestas sugieren que la crisis del campo y el desempleo han sustituido a la cuestión identitaria como los factores que decantarán la balanza electoral, la división religiosa es lugar común en Uttar Pradesh. El Estado septentrional es el que más ataques a musulmanes ha registrado: 50 víctimas mortales desde 2014. El Gobierno regional del BJP, liderado por el predicador ultranacionalista Yogi Adityanath, centra su política en la protección de la vaca como animal sagrado hindú y en la promesa de construir un templo sobre las ruinas de una mezquita. “Si el Congreso, el Samajwadi Party y el BSP creen en Alí, nosotros creemos en Bajrang Bali”, dijo Adityanath hace una semana. El comentario, castigado con la prohibición de hacer campaña durante 72 horas, vinculaba a sus tres rivales regionales con el sucesor del profeta del islam y al BJP con uno de los dioses hindúes.

A comienzos de año, la principal formación opositora nacional, el Partido del Congreso, agitó el tablero político con el nombramiento de Priyanka Gandhi como candidata en Uttar Pradesh, donde el partido tiene una representación minoritaria. Descendiente de los Nehru-Gandhi, Priyanka —prescinde del apellido paterno en la escena pública— no solo es bisnieta de Jawaharlal Nehru, primer dirigente de la India y mano derecha del Mahatma Gandhi. También es nieta e hija de primeros ministros, Indira y su hijo Rajiv, respectivamente, ambos asesinados. Así, su hermano y líder del Congreso, Rahul Gandhi, arrancó su campaña electoral junto a Priyanka en el mismo pueblo donde su abuela, su padre y su madre, Sonia, empezaron su ascenso al poder.

Regionalismo y fragmentación

A comienzos de año, una histórica manifestación a la que asistieron cerca de medio millón de personas en Calcuta unió a líderes de 18 partidos de diferentes tendencias y regiones bajo el objetivo común de derrotar al Gobierno del BJP en estas elecciones. A la cabeza figuraba una mujer, Mamata Banerjee, la rival más fuerte del primer ministro Narendra Modi y líder del Gobierno regional de Bengala Occidental, tercer Estado indio con mayor número de escaños en el Parlamento nacional.

Elegida entre las personas más influyentes de la política y la economía globales por la revista Times y Bloomberg, Banerjee ocupó diferentes carteras en varios Gobiernos del Partido del Congreso hasta que formó su propio partido en 1997. El All India Trinamool Congress (AITC) acabó con más de tres décadas de poder del Partido Comunista, en lo que fue el Gobierno de un grupo marxista democráticamente elegido más largo de la historia. Didi (hermana mayor) Banerjee, como se la conoce de forma respetuosa, representa al mismo tiempo la fragmentación de India en decenas de partidos regionales y el populismo que caracteriza a sus líderes.

Su nombramiento ha sido criticado como el retorno del nepotismo de la familia que gobernó India durante cuatro décadas y bajo cuya gestión se desató una corrupción rampante en el país. Otros, sin embargo, ven en ella la fuerza de la voz de las mujeres; una tendencia a la que el subcontinente indio no es ajeno. Aunque profundamente patriarcal, India tuvo su primera dirigente nacional en su abuela, Indira Gandhi, que llegó al poder diez años antes de que Margaret Thatcher se convirtiese en la primera líder de una democracia occidental. Tan cuestionada como su homóloga británica por su mano de hierro, Indira centralizó el poder y convirtió a India en una potencia regional. Parecidos aparte, sus seguidores aspiran a que la probada dialéctica de Priyanka conquiste el voto del desencanto y supere —y suceda, en el futuro— la falta de carisma de su hermano.

Otra mujer es también paladín de las determinantes minorías del vasto Estado de Uttar Pradesh. Cabeza del Gobierno regional en los noventa con el apoyo del BJP, Mayawati es líder del Bahujan Samaj Party (BSP), tercer grupo político nacional en votos y representante de las comunidades tribales, musulmanas y las castas bajas. Aunque Mayawati no se presenta a estas elecciones, sigue dictando el rumbo del BSP; que ha formado alianza con el socialista Samajwadi Party (SP) para derrotar la mayoría de Modi y su representante regional, Yogi Adityanath. Tan populista como este último, la megalomanía de Mayawati le hizo construir una enorme estatua de sí misma junto a la de Ambedkar, padre de la Constitución india y líder histórico de los dalits (intocables). La estatua, que costó 83 millones de euros —la mitad del presupuesto regional en educación para niñas—, se levanta en el centro de Lucknow, capital del Estado cuya composición sociorreligiosa determina el futuro de India.

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