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La Guardia Revolucionaria de Irán: mucho más que un cuerpo de élite

La escasa participación en la manifestación para apoyar a los Pasdarán evidencia el creciente desapego de los iraníes hacia el régimen islámico

Miembros de la Guardia Revolucionaria de Irán gritan consignas contra EE UU mientras asisten este viernes de rezo, en Teherán, Irán
Miembros de la Guardia Revolucionaria de Irán gritan consignas contra EE UU mientras asisten este viernes de rezo, en Teherán, Irán EFE

Un grupo de jóvenes guardias revolucionarios se hacen fotos con el móvil antes de entrar a la plegaria del viernes en la Universidad de Teherán. Su aspecto festivo contrasta con el hecho de que sólo cuatro días antes Estados Unidos ha designado como terrorista a su organización, el Cuerpo de Guardias de la Revolución Islámica, popularmente conocidos como los pasdarán (los guardias). Tras el rezo hay convocada una manifestación de apoyo a ese ejército ideológico que es uno de los pilares de la turbulenta República Islámica de Irán. La magra asistencia, varios miles en una ciudad de 16 millones de habitantes, subraya la creciente desafección de los iraníes hacia un sistema que les ha fallado.

“Estados Unidos es la madre del terrorismo. (…) Calificar de terroristas a los Pasdarán es una decisión estúpida porque en Irán todos somos guardias de la revolución”, proclama durante el sermón el líder del rezo, el ayatolá Mohammad Ali Movahedi-Kermani, quien ha cambiado sus ropas clericales por un uniforme del cuerpo. Movahedi-Kermani, de 87 años, se dirige luego al presidente norteamericano, Donald Trump, para advertirle de que “no juegue con la cola del león porque la Guardia Revolucionaria puede reducir a escombros Tel Aviv con sus misiles si el líder supremo se lo permite”. Su frágil voz apenas logra enardecer a los fieles. “Muerte a América, muerte a Israel”, corean de forma casi mecánica.

Antes de que concluyan las oraciones, los más motivados ya han montado sus pancartas y esperan la orden de marcha para iniciar la manifestación. “Trump vete al infierno”, dispara el cartel que sujeta un basiyi (milicia de voluntarios islámicos asociada con los Pasdarán). “La poderosa Guardia Revolucionaria es una mota en el ojo de los enemigos”, afirma otro.

Este Ejército paralelo es mucho más que un “cuerpo de élite” como suele describirse. Creado por el ayatolá Jomeini en 1979 para defender a la entonces naciente República Islámica de las amenazas internas y externas, cuenta con 125.000 hombres (parte de ellos conscriptos) entre fuerzas de tierra, navales, aéreas y servicios secretos, mucho mejor dotadas que el Ejército convencional. Pero sobre todo ha adquirido un formidable poder económico y político que lo ha convertido en un verdadero Estado dentro del Estado y en la punta de lanza de la política de Irán en la región.

Fateme Sadah, en la manifestación.
Fateme Sadah, en la manifestación.

“Apoyo a los Pasdarán porque son nuestro principal protector y siempre han estado del lado de los oprimidos de la tierra”, explica Mohammad, un funcionario del Ministerio de Educación de 30 años, que prefiere no dar su apellido y que ha acudido a la manifestación acompañado de su joven esposa y de su madre. “Sí, tenemos problemas económicos, pero las presiones no van a dividirnos porque sabemos muy bien de donde vienen”, admite la madre, Fateme Sadah, de 56 años, quien se declara “entrenada para manejar todo tipo de armas” y a la espera de “una señal del líder” para combatir donde haga falta.

Todos los entrevistados repiten la idea de que la decisión estadounidense va a reforzar a la Guardia Revolucionaria al haber unido a todas las facciones políticas iraníes. Fue también el mensaje que quisieron transmitir los diputados cuando el pasado martes, al día siguiente de que se conociera la medida, se presentaron en el Parlamento con el uniforme del cuerpo. Sin embargo, no está tan claro.

Si a corto plazo los Pasdarán se están beneficiando de la presión estadounidense, su creciente penetración de la sociedad puede convertirse en un lastre. El malestar que antes se dirigía a los clérigos, ahora mira a quien se percibe como el verdadero poder.

“Se presentan allí donde hay un negocio que funciona y a ver quién es el guapo que les dice que no, que no está dispuesto a compartir los beneficios”, se queja un pequeño empresario. Otros aseguran  que no es posible hacer negocios de cierta envergadura sin encontrarse con los Guardias. “Ahora que el embargo al petróleo empieza a hacer efecto es posible que traten de ampliar su alcance para mantener el nivel de ingresos”, apunta un observador extranjero que estima que controlan de forma directa un 30 % de la economía iraní, incluidos sectores clave como grandes infraestructuras y comunicaciones que permean gran parte del resto.

Mientras, los iraníes ven cómo se evaporan sus ahorros debido a la manipulación del cambio de divisas. “El derrumbe del rial es una forma de enjuagar las deudas de los bancos”, señala un economista. Las recientes inundaciones, que el régimen ha aprovechado para denunciar las sanciones, han revelado la falta de inversión en infraestructuras y la ausencia de políticas medioambientales. “Todo el dinero se va a Siria”, afirma contrariada una joven profesional que, a pesar de tener un buen trabajo, ve como día a día pierde poder adquisitivo. “La mayoría de mis amigos quieren irse al extranjero”, lamenta.

Tal vez por ello son pocos los que depositan un donativo en las mesas que varias fundaciones benéficas han colocado a la entrada de las plegarias para ayudar a los afectados por las riadas. Concluida la manifestación, y tras la ritual quema de las banderas de EE UU e Israel, un pelotón de pasdarán desanda los 500 metros desde la plaza de Enghelab (Revolución) hasta la entrada de la Universidad a ritmo de una loa al líder supremo. La mayoría de los participantes en la marcha ya van de camino al metro.

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