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China y Venezuela: una relación basada en la deuda

Pekín ha prestado a Caracas en la última década unos 54.000 millones de euros, de los que el Gobierno latinoamericano aún le debe un tercio. La relación entre ambos no pasa por su mejor momento

Nicolás Maduro, junto a Xi Jinping, durante la ceremonia de bienvenida, en Pekín el pasado septiembre.
Nicolás Maduro, junto a Xi Jinping, durante la ceremonia de bienvenida, en Pekín el pasado septiembre.

En pocos sitios del mundo los últimos acontecimientos en Venezuela han caído más como un mazazo que en China. El principal acreedor del régimen de Nicolás Maduro contempla preocupado la situación después de que el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, se proclamara la semana pasada jefe de Estado del país con el apoyo de Estados Unidos y de más de una docena de Gobiernos. De lo que pase en los próximos días puede depender el futuro de una relación bilateral clave para Caracas y Pekín. Y el futuro de los cuantiosos préstamos que China ha desembolsado al país latinoamericano.

El Ministerio de Exteriores chino ha dejado claro su apoyo a Maduro. “China se opone a la injerencia en los asuntos internos de Venezuela, que solo deben ser decididos por el pueblo venezolano”, insistió el viernes 25 de enero, y por segundo día consecutivo, la portavoz de esta cancillería, Hua Chunying. “Respaldamos los esfuerzos del Gobierno de Venezuela para mantener su soberanía, independencia y estabilidad”.

Pekín es el gran acreedor de Venezuela. A lo largo de la última década le ha prestado cerca de 62.000 millones de dólares (unos 54.000 millones de euros), según la Base de Datos de Financiación China-América Latina del Diálogo Interamericano y la Universidad de Boston. Una suma que representa aproximadamente el 40% de la financiación que Pekín ha concedido a toda América Latina. La mayor parte está formada por créditos pagaderos en petróleo. Y aproximadamente una tercera parte, unos 20.000 millones (unos 17.500 millones de euros), está aún pendiente de devolución.

Sinergias económicas... hasta ahora

Inicialmente, la alianza entre los dos países parecía encajar como un guante. Compartían sinergias económicas —China es el principal importador de petróleo del mundo y Venezuela guarda las mayores reservas de crudo— así como afinidades ideológicas. Además de los préstamos, extendidos en su mayoría por el Banco de Desarrollo de China (CDB), llovían las inversiones: las compañías estatales chinas han invertido cerca de 2.500 millones de dólares anuales (unos 2.187 millones de euros) en el país bolivariano desde 2010.

A cambio de los generosos cheques, Venezuela pagaba con petróleo. Su crudo ha llegado a alcanzar el 5% de las importaciones chinas de esta materia prima. ¿Qué podía salir mal?

En una palabra: todo.

Chávez murió en 2013 y la sintonía del liderazgo chino con Maduro no ha sido la misma. El precio del petróleo se desplomaba. Y la producción venezolana, también.

El crédito a Venezuela se ha secado desde entonces. En 2016 solo se concedió un gran préstamo, de 2.200 millones de dólares y para el sector petrolero. En 2017, ninguno, ante la preocupación de China sobre la sostenibilidad de sus inversiones y la capacidad del Ejecutivo de Maduro de pagar sus deudas.

En 2017, China compró 437.000 barriles diarios de petróleo venezolano, el 5,2% de sus importaciones de crudo. El año pasado, Venezuela solo pudo suministrar 332.600 barriles diarios, una caída del 24%, según las cifras de la Agencia de Aduanas en Pekín.

La visita de Maduro a Pekín en septiembre, organizada para buscar nueva financiación, no arrojó grandes resultados tangibles. Las afirmaciones de su Gobierno de que iban a recibir un crédito por 5.000 millones de dólares (unos 4.300 millones de euros) nunca se confirmaron por parte de China. Y aunque el mandatario venezolano trató de ser lo más detallista posible con sus anfitriones —una de sus actividades fue una visita al mausoleo de Mao Zedong—, la recepción fue notablemente gélida; la cobertura del viaje en los medios oficiales, que normalmente suelen cubrir con efusividad las visitas de países amigos, apenas existió. 

Con todo, China mantiene firmemente su alianza con el Gobierno de Maduro. Los fuertes vínculos comerciales van más allá del petróleo: Pekín importa también coltán —el “oro azul” imprescindible en la fabricación de móviles—, oro y otras materias primas. También mantiene importantes inversiones en el sector minero. Venezuela recibe de la potencia asiática productos manufacturados por valor de 2.500 millones de dólares (casi 2.200 millones de euros).

Vínculos políticos

En el terreno político, Venezuela es clave para China, al aportarle influencia en América Latina, una región tradicionalmente dominada por Estados Unidos. Pekín también valora la lealtad y los largos años de intensas relaciones; aunque eso no quita que durante estos años haya mantenido contactos también con la oposición venezolana, con vistas a asegurarse el pago de la deuda en caso de un vuelco gubernamental.

Pero la crisis que estalló la semana pasada llega en un momento inoportuno, a ojos de Pekín. Esta semana el régimen chino celebrará en Washington una serie de conversaciones cruciales en su disputa comercial con Estados Unidos. La economía china se desacelera y 2019, el año en que el régimen cumplirá su 70º aniversario, se presenta lleno de incertidumbres. Ver imágenes de protestas callejeras, o escuchar amenazas de sanciones o incluso de una invasión en un país amigo contribuye a su preocupación: ningún político chino ha reaccionado con la energía del presidente ruso, Vladímir Putin, en defensa de Maduro. No consta que el mandatario chino, Xi Jinping, haya hablado estos días con el líder venezolano.

China, reitera Hua, la portavoz de Exteriores, “se opone a la injerencia en Venezuela de fuerzas externas”. Según esta portavoz oficial, Pekín lanza un llamamiento a “la racionalidad y la calma”.

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