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Los líderes evitan una condena del proteccionismo comercial

Los presidentes Donald Trump y Xi Jinping se reúnen para abordar la guerra comercial entre ambas potencias

Los líderes del G20 reconocieron este sábado los actuales "problemas del comercio" mundial, según las conclusiones de la cumbre que se celebró durante dos días en Buenos Aires. Los mandatarios, sin embargo, se abstuvieron de condenar el proteccionismo en un momento en el que Estados Unidos y China mantienen una guerra comercial de baja intensidad. El texto reconoció que el comercio multilateral "ha fallado en sus objetivos" y destacó la necesidad de reformar la Organización Mundial de Comercio (OMC), el árbitro global en ese ámbito.

Almuerzo de los líderes del G20 durante la cumbre en Buenos Aires.
Almuerzo de los líderes del G20 durante la cumbre en Buenos Aires.

Jugar a dos bandas puede tener sus inconvenientes. Bien lo sabe Mauricio Macri, quien quedó en medio del fuego cruzado entre China y EE UU, dos países con los que Argentina mantiene una esforzada política de seducción. El presidente argentino y Donald Trump se reunieron en el marco de la cumbre del G20 que se realiza en Buenos Aires. La Casa Blanca informó entonces de que la charla entre ambos se concentró en "la actividad económica depredadora china". Fue en un breve comunicado, firmado por la vocera de Trump, Sarah Sanders, pero la palabra "depredadora" ("predatory Chinese economic activity", fue el textual completo en inglés) cayó como una bomba en el país anfitrión. Sucede que Argentina pide a gritos inversiones chinas, pero también de Estados Unidos. Por eso, el canciller Jorge Faurie tuvo que aclarar enseguida. "Ni usamos ni escuchamos esa palabra" durante la charla entre Trump y Macri, dijo. Sin quererlo, Argentina quedó en medio de una escaramuza más de la guerra comercial de dos gigantes.

Las esquirlas llegaron también al documento final, donde las referencias al comercio han quedado reducidas a un reconocimiento de su importancia global y de la necesidad de reformas en la OMC. La palabra prohibida ha sido "proteccionismo". "El comercio y la inversión internacionales son importantes motores de crecimiento, productividad, innovación, creación de empleo y desarrollo. Reconocemos la contribución del sistema de comercio multilateral a estos objetivos. En la actualidad, el sistema está fallando en alcanzar sus objetivos y hay espacio para mejoras. Por eso apoyamos la necesaria reforma de la organización comercial global para mejorar su funcionamiento", dice el texto de conclusiones.

El documento, como todos los que resultan de este tipo de encuentros internacionales de alto nivel, ha sido el resultado de un ejercicio lingüístico cuyo resultado debe conformar a todos. Por ello, todas las miradas están puestas en un encuentro del que sí se podrán esperar resultados concretos. Trump cenó este sábado en Buenos Aires con su par chino, Xi Jinping, en la que se preveía como la cita más trascendente de todas las bilaterales que se celebraron durante la cumbre.

Acompañados por sus asesores en una larga mesa rectangular, ambos mandatarios abordaron la cena, que duró dos horas y media, con buenas palabras, especialmente Trump. “Nuestra relación es muy especial, y creo que esa es una razón por la que acabaremos consiguiendo algo que será bueno para China y bueno para Estados Unidos”, dijo a los periodistas al comienzo de la cena en unas declaraciones en las que calificó de “íncreíble” su relación personal con el líder chino. Xi también destacó su “amistad personal” con el presidente estadounidense y le pidió colaborar con él para garantizar la salud de la economía global. “Solo con cooperación entre nosotros podemos impulsar el interés de la paz mundial y la prosperidad”, aseguró Xi.

Acabada la cena, Lawrence Kudlow, asesor económico del presidente Trump, afirmó que la cena había ido "muy bien", avanzó la agencia Reuters.

Los antecedentes no son los mejores. La guerra comercial se inició en junio pasado, cuando EEUU inició una escalada arancelaria que ya alcanza a importaciones chinas por 250.000 millones de dólares. Trump acusó a China de manipular su moneda, el yuan, para abaratar artificialmente sus productos y profundizar así el déficit comercial que EE UU tiene con Pekín. En lo que va del año, y pese a las sanciones, los números rojos aumentaron en un 10%, hasta los 445.000 millones de dólares, según datos del Departamento de Comercio estadounidense. China, a su turno, también disparó munición gruesa: acusó a la potencia norteamericana de violar las reglas del libre comercio y respondió de inmediato con su propia batería de aranceles a las importaciones estadounidenses.

La guerra, por el momento, no favorece a Trump. El déficit comercial de EE UU fue récord en septiembre y China tuvo mucho que ver con eso. De un total de 54.000 millones de dólares, 37.400 correspondieron a los intercambios con el gigante asiático. La cena entre presidentes realizada el sábado ha sido un intento por reducir la tensión cuando se acerca una fecha clave. El 1 de enero, vence el plazo impuesto por Trump para que suban de 10% a 25% los aranceles a productos chinos por unos 200.000 millones de dólares. Antes de partir hacia Buenos Aires, el presidente estadounidense dijo que veía "buenas señales" en las relaciones con China, pero enseguida aclaró que no tenía en agenda un acuerdo. "Creo que estamos muy cerca de hacer algo con China pero no sé si quiero hacerlo", expresó.

Xi, por su parte, respondió a Trump desde su asiento en el plenario, delante del resto de líderes mundiales. Les dijo que todo el G20 debe "comprometerse con la apertura y la cooperación y sostener el sistema comercial multilateral". Y advirtió que "en seis meses, el número de nuevas medidas restrictivas al comercio aplicadas por los miembros del G20 se duplicó". Un disparo verbal directo a Trump.

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