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Trump anuncia nuevos aranceles a productos chinos valorados en 200.000 millones de dólares

El impuesto en la frontera será inicialmente del 10%, pero el presidente estadounidense amenaza con elevarlo al 25% en enero

Banderas chinas junto a una de Estados Unidos en Pekín. En vídeo, declaraciones de Larry Kudlow, asesor económico de la Casa Blanca.

Donald Trump pasa de disparar bolas de goma a utilizar munición real en el litigio comercial con China. La oficina de Comercio Exterior de Estados Unidos formalizó este lunes, a menos de dos meses de las legislativas, la entrada en vigor de un arancel del 10% a una lista de 5.745 productos chinos valorados en 200.000 millones de dólares. Junto a las tarifas que ya están en vigor, las sanciones afectan a la mitad de las importaciones anuales de China. Y la Casa Blanca amenaza con más, hasta cubrirlas en su totalidad. Pekín ha reaccionado este martes anunciando nuevos aranceles a bienes estadounidenses por valor de 60.000 millones de euros.

Ese 10%, que entra en vigor el próximo día 24, se elevará hasta el 25% el 1 de enero si el gigante asiático renuncia a modificar sus prácticas, criticadas por Trump incluso desde antes de llegar a la presidencia de la primera potencia mundial. “Más aún, si China adopta represalias sobre nuestros agricultores y nuestras industrias, pondremos inmediatamente en marcha la fase tres, que implica sanciones adicionales sobre otros 267.000 millones de dólares en importaciones”, advirtió en un comunicado el presidente.

Este martes, Trump acudió a las redes sociales para darle un argumento político a su decisión al afirmar que China está tratando de impactar en el resultado de las elecciones en las regiones donde los republicanos se juegan los puestos en noviembre. "Lo que no entienden es que esta gente son grandes patriotas", afirma, "y entienden que se están aprovechando desde hace años de Estados Unidos en comercio". "También saben que soy el único que sabe como pararlo", añade.

Con la aplicación de estas nuevas sanciones comerciales, Washington pone en marcha la segunda fase de su guerra comercial con China. En la primera etapa, EE UU impuso aranceles adicionales a productos chinos por 50.000 millones, una medida respondida en la misma proporción por Pekín. Cuando Trump anunció el pasado agosto que barajaba nuevas sanciones sobre los 200.000 millones de dólares que concretó este lunes, China anunció represalias por solo 60.000 millones, debido a que importa menos en volumen.

Trump anuncia nuevos aranceles a productos chinos valorados en 200.000 millones de dólares

Lo cierto es que EE UU cuenta con mucho más margen desde el punto de vista de la balanza comercial. El país norteamericano importó el año pasado productos de China por 505.600 millones de dólares, mientras que su par asiático importó productos por 130.000 millones, y con las sanciones anunciadas ya habría impuesto aranceles sobre 110.000 millones. Pero puede recurrir a otros mecanismos de retorsión alternativos.

EE UU, como China, depende en gran medida del comercio internacional. Pero Trump se siente en este momento con fuerza para recurrir a los aranceles —un instrumento denostado por años— como táctica negociadora. Primero, porque su economía crece con solidez mientras que la de su rival se desacelera. Segundo, porque los inversores parecen tomárselo con relativa calma mientras que el mercado asiático muestra mucho más nerviosismo.

El mejor reflejo de esta confianza que tiene el presidente de EE UU es el tono del mensaje que lanzó a primera hora de la mañana de este lunes en Twitter, su medio favorito. Aseguró que los aranceles le están dando una posición de fuerza en la negociación. Y de paso introdujo un nuevo término en su vocabulario, al decir que los países que no lleguen a acuerdos justos serán "tariffed", en un juego de palabras entre arancel y aterrorizar.

La combinación de las dos rondas de aranceles puede tener un impacto significativo y peligroso si la reacción china acaba afectando a la cadena de suministro y producción. De hecho, empresas como Apple ya han anunciado que la guerra comercial encarecerá sus productos y compañías tecnológicas como Intel han alertado al presidente que EE UU puede perder la carrera del 5G si sigue adelante con el enfrentamiento comercial. La lista final excluye 297 líneas de productos previamente contemplados.

Trump, sin embargo, considera que el coste para el consumidor es “insignificante” y asegura que su estrategia ya está creando más empleos en EE UU. “Se están gastando miles de millones de dólares en nuevas fábricas por todo el país”, alardea haciendo referencia a cómo las compañías dedicadas al acero y el aluminio responden al arancel. “Es el tema de conversación global”, añade.

China, a la vista de los mensajes que llegan desde EE UU, responde diciendo que no va a negociar bajo amenazas. La adopción del nuevo arancel, por tanto, merma cualquier perspectiva de una solución del litigio a corto plazo. Más bien al contrario, provocará que la disputa se complique y escale. Las diferencias entre las dos partes, por tanto, son serias y la falta de confianza crece.

Larry Kudlow, el principal asesor económico del presidente, decía unas horas antes del anuncio que el presidente “no está satisfecho” con lo que está consiguiendo con China. Las empresas y los grandes financieros estadounidenses, sin embargo, creen que la Casa Blanca no tiene un objetivo concreto en un asunto que considera complejo y que no se resuelve con un simple titular. Por eso creen que la intención de Donald Trump es de política doméstica mirando a las legislativas de noviembre.

Trump insiste en que se dieron "muchas oportunidades" a China para rectificar y responder a sus preocupaciones. Por este motivo, volvió a urgir a Pekín que actúe en consecuencia para "poner fin a sus prácticas comerciales injustas". "Espero que la situación se resuelva", dice el presidente de EE UU, al tiempo que reitera que su obligación es "proteger los intereses" de los trabajadores estadounidenses, de sus empresas y del país en su conjunto. "No nos quedaremos de brazos cruzados mientras nuestros intereses sean atacados", concluye.

La UE intenta salvar a la OMC de la parálisis provocada por Trump

Bernardo de Miguel

La primera escisión de la Unión Europea con la salida del Reino Unido coincide con la amenaza de colapso de la Organización Mundial de Comercio (OMC), una peligrosa combinación que amenaza con resquebrajar el orden económico mundial de las últimas décadas. La administración de Donald Trump mantiene paralizada la renovación de los órganos de apelación de la OMC por lo que, en diciembre de 2019, el organismo nacido en 1995 podría quedar de facto inutilizado.

La Unión Europea ha salido este martes al rescate de la OMC con una batería de ideas presentadas por la comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmström, para modernizar y agilizar el funcionamiento del organismo. Bruselas espera que el plan, todavía un mero esbozo, permita desactivar las quejas de la Casa Blanca contra el sistema internacional de arbitraje económico y evitar la tentación de Trump de desmantelar la OMC de manera definitiva.

El plan de Malmström reconoce que la OMC, creada hace 23 años, arrastra serios problemas que preceden la llegada del magnate estadounidense a la Casa Blanca. "El mundo ha cambiado desde 1995 pero la OMC, no", sentencia Malmström. Bruselas cree que el organismo instalado en Ginebra sigue siendo "imprescindible para garantizar un comercio basado en normas", pero advierte que está amenazado de muerte si no moderniza rápidamente sus procedimientos y estructuras. El departamento de Malmstróm cree que la administración Trump estaría abierta a una reforma y ha decidido intentarlo.

Bruselas no ahorra críticas a la OMC. "Su función negociadora no ha producido ninguna mejora significativa en las normas comerciales, el sistema permanece bloqueado, la función de vigilancia está paralizada y el sistema de resolución de litigios está amenazado", acusa la Comisión.

La integración de China supuso una sacudida brutal a la que el organismo no se ha adaptado. El gigante comunista ha distorsionado el mercado con gigantescas subvenciones, canalizadas a través de empresas estatales, ante las que la OMC se ha mostrado impotente.

Las disfunciones arrastradas se han hecho insostenibles y Trump amaga con dar la puntilla al organismo. "Sería un paso atrás de 20 años en la gobernanza económica mundial", advierte la Comisión. Casi tanto como el brexit, que supone un paso atrás de 40 años.

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