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Viktor Orbán concede asilo a un político prófugo de la justicia

El Gobierno húngaro, con la política antinmigración más dura de la UE, garantiza la protección al ex primer ministro de Macedonia condenado a dos años a prisión por tráfico de influencias

El ex primer ministro macedonio Nikola Gruevski y el primer ministro húngaro Viktor Orbán en Skopje en mayo de 2011.
El ex primer ministro macedonio Nikola Gruevski y el primer ministro húngaro Viktor Orbán en Skopje en mayo de 2011. REUTERS

“Esta historia parece sacada de una película mala de espías por los Balcanes”. Así define Márton Gyöngyösy, vicepresidente de Jobbik, partido de ultraderecha húngaro, el caso Gruevski. Es decir, la huida de Nikola Gruevski, ex primer ministro de Macedonia, condenado a dos años de cárcel en su país, su posterior periplo por los Balcanes y su llegada a Budapest, donde ha conseguido asilo político en el país de su antiguo aliado Viktor Orbán. El Gobierno con la política de asilo más dura de la UE, reprobado por Bruselas por sus leyes antiinmigratorias, sí garantiza la protección a un político prófugo de la justicia.

Gruevski, que gobernó Macedonia de 2006 a 2016, se enfrenta a dos años de prisión por tráfico de influencias por la compra ilegal de un lujoso automóvil. El antiguo mandatario tiene otras cuatro causas judiciales abiertas. A primeros de noviembre, debería haber entrado en prisión. Pero el día 12 del pasado mes la justicia macedonia emitió una orden de detención contra él porque no se presentó en la cárcel.

Gruevski abandonó Skopje, capital de Macedonia y se fue a Tirana, capital de Albania. Una vez allí, el exdirigente se presentó en la embajada de Hungría y solicitó asilo político, según la versión de las autoridades de Budapest. La policía albanesa asegura que el 11 de noviembre, Gruevski viajó hasta la frontera de Albania con Montenegro en un coche del cuerpo diplomático húngaro. Pero las autoridades húngaras no han dejado claro su implicación en el viaje del exmandatario por los Balcanes. Después, el ex primer ministro cruzó Serbia hasta llegar a la frontera con Hungría.

Gruevski presuntamente viajó sin pasaporte, retenido por las autoridades macedonias; solo tenía su documento nacional de identidad. Al llegar a la frontera entre Serbia y Hungría, presentó la documentación que le dieron en la embajada húngara relacionada con la tramitación de la solicitud de asilo, según la versión del Gobierno húngaro. Así que no tuvo problemas para entrar en territorio comunitario. El 13 de noviembre, Gruevski anunciaba a través de Facebook que se encontraba en Budapest y que había pedido protección a Hungría porque su vida en Macedonia corría peligro. Una semana después, la Oficina de Asilo húngara aprobó su solicitud basándose, entre otros motivos, en que la imparcialidad del proceso judicial al que estaba sometido Gruevski en Macedonia era cuestionable.

"El Gobierno húngaro ha ignorado completamente su propia legislación", critica Gábor Gyulai, Gábor Gyulai, director del programa de asilo del Comité Helsinki húngaro

“El Gobierno húngaro ha ignorado completamente su propia legislación. A diferencia de lo que les sucede a todos los solicitantes de asilo que buscan protección en este país, Gruevski no fue detenido arbitrariamente en la zona de tránsito”, explica Gábor Gyulai, director del programa de asilo del Comité Helsinki húngaro. “Además, desde el 1 de julio la ley húngara determina que si el solicitante ha entrado a Hungría por un país de tránsito seguro (como Budapest considera a Serbia), su solicitud será automáticamente rechazada. De hecho, desde que entró en vigor esta norma, Hungría no ha otorgado protección de asilo a ningún solicitante. ¿Cómo se explica entonces que el ex primer ministro llegara al país sin problemas?”, se pregunta Gyulai.

El Ejecutivo ha alegado que la ley de asilo exime a “una persona que necesita un tratamiento especial” de ser detenida en los campamentos próximos a la frontera con Hungría y que el ex primer ministro entraría en esta categoría. Pero Gyulai explica que ese término está pensado para personas vulnerables como menores, ancianos, embarazadas, entre otros individuos. “No para políticos acusados por corrupción”, añade. Macedonia ya ha pedido la extradición del exmandatario.

Deterioro de las relaciones Hungría- Estados Unidos

Hungría ha rechazado extraditar a Estados Unidos a dos supuestos traficantes de armas rusos y los ha enviado a Rusia, donde, según el Departamento de Estado norteamericano, no está garantizado que vayan a juicio. “Hungría es un país aliado y amigo de EE UU, pero esta decisión plantea dudas sobre su compromiso en la cooperación con el cumplimiento de la ley”, declaró la portavoz del Departamento de Estado, Heather Nauert.

Según la analista estadounidense Eva Balogh, autora del prestigioso blog Hungarian Spectrum, la relación entre Washington y Budapest no pasa su mejor momento. “La actitud hostil de Orbán hacia la Central European University [universidad de Soros afincada en Hungría] y su muy estrecha relación con Putin apuntan a una relación problemática entre los dos países”.

El malabarismo político de Orbán

“Conozco a este hombre, ha sido colega mío durante mucho tiempo”, declaró Orbán la semana pasada en una emisora de radio húngara. “Hubiera sido muy duro, sino imposible, defender sin su ayuda la frontera húngara durante la avalancha migratoria de 2015”, dijo el líder de Fidesz que gobierna el país centroeuropeo desde 2010. Nikola Gruevski asegura ser víctima de una persecución política en Macedonia por parte del Gobierno socialdemócrata. Tanto él como Orbán consideran que el multimillonario y filántropo Georges Soros, archienemigo del dirigente húngaro, está detrás de la caída en desgracia de Gruevski. "Orbán y Gruevski han compartido la misma política anti-Soros y prorrusa", explica la analista internacional húngara Edit Zgut.

La buena sintonía entre estos dos aliados de ideología conservadora y nacionalista ha quedado patente este año cuando Orbán apoyó la posición del partido de Gruevski (VMRO-DPMNE) contra el acuerdo entre Macedonia y Atenas  sobre el nombre de la antigua república yugoslava que ponía fin a un conflicto que impide al país balcánico acceder a la UE y a la OTAN. Finalmente, el referéndum macedonio para apoyar el nuevo nombre del país fracasó el pasado septiembre por falta de participación.

"Orbán quiere mandar el mensaje a Occidente de que él establece sus propias reglas y que no está obligado por la UE ni la OTAN”, dice la analista húngara Edit Zgut

“La concesión de asilo de Orbán a Gruevski va más allá del hecho de que son aliados. Con este gesto, Orbán quiere mandar el mensaje a Occidente de que él establece sus propias reglas y que no está obligado por la UE ni la OTAN”, explica Edit Zgut. “Y por otro lado, al interferir en las cuestiones nacionales de Macedonia, Orbán trata de actuar como una potencia media en los Balcanes”.

“No es tolerable que Hungría trate así a un país como Macedonia, candidato a ingresar en la UE y al que como tal se le reconoce que cumple con el Estado de derecho”, reseña Márton Gyöngyösy, vicepresidente de Jobbik, un partido ultranacionalista y afín a la política anti-inmigratoria del Gobierno húngaro, pero que en este caso se ha posicionado contra la decisión de Orbán de dar asilo político a Nikola Gruevski. Fuentes del Partido Popular Europeo (PPE), al que pertenece Viktor Orbán, mantienen silencio a la espera de que la justicia húngara se pronuncie al respecto. La Comisión Europea, por su parte, ha pedido simplemente a los dos países que respeten el Estado de derecho. “El silencio de la UE me parece una vergüenza”, zanja Gyöngyösy.

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