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La extravagancia política más cara de Boris Johnson

El exministro de Exteriores gastó al menos 22.000 euros públicos en su viaje relámpago a Afganistán

Gastarse al menos 22.000 euros del erario público en un viaje oficial innecesario de apenas unas horas a Afganistán para escabullirse de la disciplina de partido en una votación comprometida puede resultar excesivo incluso si lo hace Boris Johnson. "Todo el mundo tiene derecho a ser engreído hasta que alcanza el éxito", escribió Benjamin Disraeli, el padre del conservadurismo británico moderno. La frase parece pensada para el exministro de Exteriores de Reino Unido, líder del movimiento Brexit y pesadilla de la primera ministra, Theresa May. Sus excesos, sin embargo,  se han convertido en causa mayor de división en las filas conservadoras.

El exministro británico de Exteriores, Boris Johnson, en su casa de Oxfordshire (Reino Unido) el pasado domingo
El exministro británico de Exteriores, Boris Johnson, en su casa de Oxfordshire (Reino Unido) el pasado domingo REUTERS

Todo ocurrió el pasado 25 de junio. El Parlamento británico votaba la construcción de una tercera pista para ampliar el aeropuerto londinense de Heathrow. El proyecto había desatado la oposición de los vecinos de la zona y de organizaciones ecologistas. Johnson, siempre dispuesto a sumarse a una causa popular, llegó a asegurar a los electores de su distrito que "se tumbaría frente a las excavadoras para impedir que la pista comenzara a construirse". Poco después, Theresa May -que con mucha dosis de ingenuidad pensó que era mejor atar en corto a su principal rival político- le nombró ministro de Exteriores.

Como la disciplina de partido obligaba al político que ha hecho de su rebeldía una marca a votar a favor del proyecto del Gobierno. Johnson decidió nadar y guardar la ropa. Para evitar una dimisión que hubiera resultado obligatoria si votaba en contra de la tercera pista decidió inventarse un viaje a Afganistán que, ni estaba en la agenda del ministerio, ni respondía a ningún asunto perentorio, ni resultaba necesario. Provocó la mofa de gran parte de políticos y periodistas y un clamor de exigencias de dimisión que ignoró olímpicamente.

Johnson acabaría dimitiendo dos semanas después, pero por razones mucho más interesadas. Tras aprobar el Gobierno de May en el mes de julio un plan para negociar con Bruselas un Brexit más blando, renunció a su cargo con estrépito para afianzar su liderazgo entre las filas pro Brexit del Partido Conservador. El escándalo del viaje a Afganistán, aun así, le sigue persiguiendo.

The Ferret, un medio digital británico consagrado al periodismo de investigación, ha conseguido que el Gobierno haga públicos al menos parte de los costes del viaje relámpago. Solo el viaje de los asesores que acompañaron al político supuso más de 22.000 euros del erario.

El Partido Laborista ha exigido ya a Johnson que devuelva el dinero y le sugiere que utilice para ello los pingües ingresos que obtiene gracias a la columna semanal que ha vuelto a escribir en el diario conservador The Daily Telegraph. Desde que reanudó su colaboración con este diario, cada columna suya ha sido un pequeño incendio. En especial, la primera con la que se estrenó, en la que no dudó en comparar a las mujeres musulmanas que visten burka en Reino Unido con "ladrones de banco o buzones postales". El Partido Conservador ha decidido abrir expediente disciplinario a Johnson por estas palabras, aunque muchos de sus miembros se muestran convencidos de que el expediente se cerrará en falso y de que solo servirá para que Johnson siga en boca de todos, para su propia delicia.

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