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May exige disculpas a Boris Johnson por comparar a las mujeres que usan burka con buzones

La primera ministra se suma a las críticas suscitadas por las palabras del exministro

El exministro Boris Johnson paseando en bicicleta en Londres, a finales de julio Reuters - Quality

El exministro Boris Johnson ha conseguido acaparar los titulares de la prensa británica, incluso estando de vacaciones, con sus polémicos comentarios sobre el burka, prenda que se le antoja similar a los “buzones” o a la que utilizan los “ladrones de bancos”. La primera ministra, Theresa May, acaba de sumarse al creciente coro de voces que exigen una disculpa pública a su colega en las filas conservadores. Pero el interpelado ha dejado claro que no piensa retractarse.

La amplia cobertura mediática de la polémica no obedece sólo al contenido ofensivo de una columna publicada por el anterior titular de Asuntos Exteriores en el Daily Telegraph del lunes, sino principalmente a lo que es percibido como una estrategia de su autor para destacarse en plena canícula. Con un Partido Conservador profundamente dividido en torno al Brexit, y el liderazgo de May amenazado por un poderoso sector entre sus correligionarios, Johnson intenta consolidar su nombre como alternativa a la actual primera ministra. Las encuestas lo señalan como el político más popular entre las bases más derechistas del partido, y especialmente alérgicas a un compromiso con Europa ante la inminente salida de Reino Unido el próximo 29 de marzo.

A esas bases se dirigía Johnson cuando subrayaba en su artículo que “es absolutamente ridículo que la gente opte por aparecer en público con aspecto de buzones”, apreciación muy criticada desde asociaciones musulmanas y políticos de todo el espectro, incluido el Partido Conservador. La primera figura tory en reaccionar fue la baronesa Sayeed Warsi, miembro de las Cámara de los Lores, quien acusó al exministro de “utilizar a las mujeres musulmanas como un balón de fútbol conveniente para tratar de mejorar su posición en los sondeos”. A resultas, el presidente de su mismo partido, Brandon Lewis, reclamó una disculpa a Johnson, petición a la que desde entonces se han venido sumado diversos miembros del establishment conservador.

El hecho de que Boris Johnson precise en su columna que, a pesar de todo, no es partidario en absoluto de la prohibición del burka subraya la gratuidad de sus comentarios. Desde que el pasado julio presentara la dimisión como titular de Exteriores, acusando a May de aniquiliar “el sueño del Brexit” por defender una estrecha relación comercial con la UE en el futuro, este político y antiguo periodista encabeza la campaña de los euroescépticos recalcitrantes para desbancarla. La primera ministra ha pasado al contraataque, con unas declaraciones la pasada noche que censuran a su antiguo aliado en el gobierno: “Creo que todos debemos ser cuidadosos con el lenguaje que usamos. Y algunos términos utilizados por Boris para describir la apariencia de las personas obviamente han ofendido. Lo importante es ¿Creemos en el derecho de la gente a practicar su religión y, en el caso de las mujeres, de elegir como se visten, ya sea con el burka o el niqab?”, ha dicho May al ser inquirida sobre la presunta islamofobia exhibida por Johnson.

Mientras el Partido Conservador decide si la diatriba de Johnson va a ser investigada bajo el código de conducta de esta formación (que exige a sus miembros “predicar con el ejemplo para incentivar el respeto y la tolerancia”), un ciudadano particular ya ha presentado una queja a la policía en la que acusa al exministro de un “delito de odio”. Desde un rincón de Europa en el que pasa sus vacaciones (no ha querido desvelar el lugar preciso) Boris Johnson ha insistido, sin embargo, en que no piensa retractarse ante las “ridículas” críticas que le han convertido en el protagonista mediático del verano.

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