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Merkel defiende reformas limitadas para la Eurozona

La canciller pide un europresupuesto, un fondo monetario para la UE, pero las condiciona a reformas y al control parlamentario

Angela Merke, durante una conferencia de prensa en Lisboa esta semana.
Angela Merke, durante una conferencia de prensa en Lisboa esta semana. REUTERS

Tras meses de arrastrar los pies, la canciller alemana, Angela Merkel, ha concretado finalmente este domingo algo más, hasta dónde está dispuesto a llegar Berlín en la archianticipada reforma de la UE. El Brexit, los populismos y ahora la crisis italiana evidencian la fragilidad de una Unión necesitada de nuevos mimbres con los que afrontar una realidad inédita. París pide acción y Berlín, ya casi fuera de plazo, con el Consejo Europeo de junio a las puertas, ha hablado.

Merkel defiende, en una amplia entrevista en el Frankfurter Allgemeine Zeitung, al menos parte de las reformas que propone Emmanuel Macron. Pero a la vez fija numerosos límites a una reforma que corre el riesgo de acabar siendo más cosmética que real.

Ocho meses después de las elecciones alemanas que han culminado en un cuarto mandato para la canciller, Merkel defiende en la entrevista dominical un presupuesto para la zona euro, un Fondo Monetario Europeo y tropas de intervención conjuntas de la Unión. “Necesitamos una mayor convergencia económica entre los Estados miembros dentro de la zona euro”, ha afirmado la canciller. Pero a la vez deja claro que “la solidaridad entre los socios europeos no puede derivar en una unión de deudas”. Por eso, reduce la concesión de créditos a través de un futuro Fondo Monetario Europeo a situaciones en las que “toda la Eurozona esté en peligro” y siempre que se condicionen a “reformas estructurales sustanciales”.

Berlín se resiste a ser considerada la capital que bloquea cualquier intento de reforma en la UE, pero a la vez no es capaz de dar pasos decisivos en la dirección que marca París. La reforma de la Eurozona se topa en Alemania con importantes resistencias, también en el seno de la Unión Cristianodemócrata (CDU), el partido de centro derecha de la canciller. Cualquier medida que huela a sufragar deudas ajenas provoca sarpullidos en amplios sectores del espectro político y de la población alemana. Pero, además, el avance de la ultraderecha (AfD) eurófoba y de los liberales (euroescépticos) complica la defensa de las posiciones más europeístas ante potenciales votantes.

Es cierto que el fortalecimiento y la reforma de la UE es el primer y principal capítulo del programa de Gobierno que sellaron los dos grandes partidos alemanes, la CDU y la socialdemocracia (SPD) en su pacto de coalición hace poco más de dos meses. Pero también es cierto que la literalidad de aquel capítulo es poco concreta y, sobre todo, que su principal impulsor y negociador, el entonces líder del SPD, Martin Schulz, ha sido destronado.

El representante más destacado de la socialdemocracia en el Gobierno de coalición es ahora el ministro de Finanzas, Olaf Scholz, que en sus primeras semanas de vida en el Ejecutivo ha prometido un férreo continuismo de las políticas de su predecesor, Wolfgang Schäuble, gran custodio de la ortodoxia presupuestaria. “Puede que haya cambios, pero tal vez acaben siendo poco más que cosméticos”, teme una fuente parlamentaria alemana. “Las elecciones de Baviera en octubre y la situación en Italia no ayudan”, añade.

Este domingo, la canciller se ha atrevido con cifras estimativas sobre la magnitud de un futuro presupuesto para la zona euro. Merkel estima que podría rondar “unas pocas decenas de miles de millones”. Pero la canciller no despeja la incógnita de cómo se insertará este presupuesto en el engranaje europeo, si formará parte del gran presupuesto de la Unión o si dependerá exclusivamente de los ministros de Finanzas la zona euro.

La canciller habla también en la entrevista de la transformación del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) en un Fondo Monetario Europeo, de corte intergubernamental, como ya defendió en su día el exministro Schauble. Ese fondo podría servir para ayudar a países en crisis, pero para Berlín las condiciones de acceso deben ser estrictas. Los créditos, a pagar en 30 años, deben estar sometidos a reformas estructurales en los países y el fin debe pasar por “restaurar la sostenibilidad de las deudas”. La canciller insiste en la entrevista en el control que deben ejercer los Parlamentos nacionales. Habla, además, de una línea de crédito a corto plazo de “cinco años, por ejemplo”, que podría ayudar a los países que se vean afectados por crisis externas que acaben afectando de lleno a su economía y estabilidad.

Fuera del plano financiero, la canciller alemana respalda otra de las propuestas del presidente francés: la creación de fuerzas de intervención militar conjuntas, al margen de la actividad de la OTAN. “Estoy de acuerdo con la propuesta de Macron de una iniciativa de intervención europea”. Y pide también que se unifiquen los criterios de concesión de protección internacional en los países de la UE, así como una agencia paneuropea de asilo.

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