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Las promesas del nuevo Gobierno de Italia no convencen a sus economistas

El nuevo Gabinete tiene compromisos de gasto por unos 100.000 millones: el conflicto con Bruselas y en los mercados está asegurado, según una decena de expertos

Giuseppe Conte, el sábado en Roma.

Italia ya tiene Gobierno. Eso ha bastado para calmar a los mercados tras unas semanas de caos. Pero el establishment sigue muerto de miedo: Bruselas ve con indisimulada desconfianza el alumbramiento del primer Ejecutivo de corte populista en uno de los grandes países del continente, y muchos italianos han recibido la noticia del nuevo gabinete con un suspiro de alivio, pero también echándose las manos a la cabeza. El PAÍS habla para este reportaje con una decena de economistas italianos con proyección internacional. La sensación es que a la mayoría de ellos todavía no les llega la camisa al cuello.

(In)estabilidad política. Giuseppe Conte, sin ninguna experiencia política y con un currículo falseado, es el nuevo primer ministro. Pero el verdadero poder está en las vicepresidencias: Luigi Di Maio —líder del populista antisistema Movimiento 5 Estrellas— y sobre todo Matteo Salvini —cabecilla de la ultraderechista Liga— mandan en un Ejecutivo “que es una mezcla extraña de conservadores y tecnócratas”, asegura Lucrezia Reichlin, de la London Business School, “que tienen en común una actitud crítica con Europa y un programa político basado en los estímulos fiscales”, añade Lorenzo Codogno, exsecretario del Tesoro. El eurocrítico Paolo Savona (“el euro es una jaula alemana”) no será ministro de Finanzas; su sustituto, Giovanni Tria, tiene posiciones menos beligerantes pero defiende en un libro de 2017 “un fuerte estímulo fiscal” con la vista puesta en las infraestructuras y financiado a través del BCE: anatema en Berlín.

“El gabinete trae algo de tranquilidad tras el caos de los últimos días, pero es una rareza: está diseñado para preparar desde el Gobierno las próximas elecciones. Va a estar en campaña desde el primer día. Salvini impondrá una política migratoria durísima en Interior; Di Maio dará subsidios al sur. Aunque hayan eliminado sobre el papel las propuestas más extravagantes, como un referéndum sobre el euro, la expansión fiscal prometida puede provocar un accidente con Bruselas, y una sacudida en los mercados si se pone en duda la trayectoria de la deuda”, apunta Reichlin, que compara el estancamiento italiano con el japonés y apunta que en caso de que Roma provoque una crisis no tendrá nada que ver con la de 2012: “No sería una crisis financiera o de liquidez, sino una crisis política. Por lo tanto las respuestas no dependen del BCE, sino del liderazgo europeo. Y con el grado de desconfianza en el Norte, si llega esa crisis abróchense los cinturones”.

Hacen un desierto y lo llaman paz. La Liga y los 5 Estrellas tienen media docena de promesas muy costosas. La ultraderecha quiere un tipo fijo del impuesto sobre la renta (que supondría una rebaja de impuestos de 50.000 millones); los grillini han prometido una renta básica (17.000 millones). Además en el menú hay una reversión de la reforma de pensiones y una ensalada de medidas adicionales que supondrían una expansión fiscal de un 6% del PIB: unos 100.000 millones, según Silvia Merler, de Bruegel. Roberto Perotti, de la influyente Universidad de Bocconi, eleva esa cifra a 170.000 millones, un 10% del PIB. “Tras el aviso de los mercados no van a aprobar todo lo que prometían, pero podemos esperar unos 40.000 millones: más déficit, con el crecimiento frenándose en toda Europa. Una crisis de deuda parece inevitable”, según Perotti.

“Si aprueban todo eso o al menos una parte el conflicto con la UE está asegurado”, añade Silvia Ardagna, de Goldman Sachs. “El riesgo de suicidio está ahí, y no es irrelevante", afirma Francesco Papadia, exsecretario del Tesoro italiano. Lorenzo Forni, del think tank Prometeia, sostiene que la incertidumbre es aún "muy elevada" y vaticina un presupuesto electoralista, de cara a unas elecciones "a principios de 2019". "En ese caso, los inversores se tomarán una pausa y reconsiderarán la situación". Forni cree que Italia está a las puertas de una crisis de deuda, "con dudas en los mercados acerca de si Italia va a respetar sus compromisos con el euro y la deuda pública". Y el BCE tiene menos margen de maniobra que en el pasado. "Si Roma pone en cuestión la sostenibilidad de la deuda, la posición del BCE es difícil y otros países como España pueden sufrir el contagio", avisa. Forni.

En resumen: al desatascarse la crisis política con la formación de Gobierno se ha abierto un paréntesis de tranquilidad, pero los 10 economistas consultados prevén una confrontación con Bruselas y una más que probable sacudida en los mercados tarde o temprano. Quizá acabe valiendo aquella cita de Tácito: “Hacen un desierto y lo llaman paz”.

¿Grecia o Portugal? Silvia Merler, de Bruegel, y Federico Santi, de la consultora Eurasia Group, creen que lo más lógico es que los dos partidos acaben olvidándose de buena parte de sus promesas de campaña: la clave, entonces, será el grado de compromiso con las reglas europeas y que los mercados se crean de veras esa desescalada. En el mejor de los casos, Santi apunta a un escenario a la portuguesa: Roma aprobará medidas menos costosas y apostará por una retórica más nacionalista con la inmigración, pero no volverá a desafiar a la UE ni a los mercados. En el peor, “Italia puede acabar recordando a Grecia”, con una retórica de confrontación con la Comisión Europea y la amenaza de salida del euro para obtener concesiones. “El sentimiento proeuropeo en Italia está muy dañado por la crisis económica y la gestión de la crisis migratoria. El riesgo está ahí, e Italia es 15 veces Grecia”, advierte Francesco Papadia. “Italia está tremendamente aislada”, apunta Carlo Bastasin, de Brookings. “Y la situación va a ser muy volátil hasta las próximas elecciones, que no tardarán. Ese escenario fomenta las apuestas especulativas en los mercados, pero eso puede tener su parte positiva: la presión del mercado ha obligado a la Liga a formar Gobierno, y esperemos que ayude a encontrar una vía de salida para evitar un problema con la UE”.

Italexit, esa palabra. Italia es una especie de laboratorio de Europa. En lo político, por la llegada de partidos populistas al poder en uno de los países que más ha sufrido la crisis migratoria. En lo económico, por un estancamiento que dura más de 20 años, combinado con una deuda de 2,3 billones (el 132% del PIB), una de las más abultadas del mundo, y una banca en dificultades. El sentimiento antieuropeo está cada vez más asentado. La Liga publicó hace cuatro años un panfleto titulado Basta, Europa en el que comparaba el euro con un combate de boxeo en el que “gana el peso pesado, Alemania, y todos los demás pierden”. 5 Estrellas ha reclamado una y otra vez un referéndum sobre la moneda. Hasta Silvio Berlusconi ha advertido de que el euro es un peligro para Italia: “Alemania debería salir de la eurozona”, dijo en 2012. La Liga y Movimiento 5 Estrellas han rebajado el tono, pero filtraron un contrato de Gobierno en el que sugerían la posibilidad de crear un mecanismo europeo para los países que quieran salir del euro. Aunque eso ya no está sobre la mesa, “los inversores tienen en mente la posibilidad del Italexit, y el mercado mirará con lupa al Gobierno para medir su grado de compromiso con Europa; si detecta fisuras habrá lío”, afirma Lucrezia Reichlin. “Las consecuencias serían catastróficas para Italia, pero también para España y el euro”, añade Francesco Papadia.

Los expertos creen que Roma puede tener la tentación de usar esa amenaza como arma de negociación en Bruselas, pero avisan de que esa señal sería un desastre para la estabilidad en Roma. La primera consecuencia de abrir ese melón ha sido que en la UE se dan por muertas y enterradas las reformas del euro que patrocina Emmanuel Macron. Lorenzo Forni, de Prometeia, cree que el apetito por las reformas ya se había relajado antes de la crisis italiana. Forni ve posible hacer reformas que supongan compartir riesgos, "pero solo si Italia inicia un diálogo constructivo con los socios europeos, dentro de las reglas". Quizá el más pesimista sea Roberto Perotti, desde Bocconi: “La Liga y el M5S están convencidos de que la UE es un mal negocio para Italia. Creen que salir del euro permitiría recuperar competitividad y monetizar el déficit para financiar sus promesas. Una vez en el Gobierno deberían darse cuenta de lo costosísima que sería esa aventura. Pero apuesto a que el Italexit es su objetivo último”, aunque lógicamente eso es indemostrable porque “van a mantenerlo en secreto hasta el final”.

Fe de errores

En una versión anterior de este artículo se atribuían a Lorenzo Forni, de Prometeia, unas declaraciones de Francesco Papadia.

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