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El veto a un ministro euroescéptico hace saltar por los aires la formación de Gobierno en Italia

La Liga y el Movimiento 5 Estrellas habían propuesto a Paolo Savona, contrario al euro, para ocupar la cartera de Economía del país transalpino

Giuseppe Conte llega a su casa en el centro de Roma el 26 de mayo de 2018. En vídeo, su dimisión como primer ministro de Italia.

El presidente de la República de Italia, Sergio Mattarella, ha dado un golpe sobre la mesa y ha rechazado la propuesta de La Liga y Movimiento 5 Estrellas de convertir a Paolo Savona, economista euroescéptico de 81 años, en ministro de Economía. Como consecuencia, en una decisión insólita aceptó también la renuncia de formar Gobierno del profesor Giuseppe Conte y abrió la puerta a la convocatoria de elecciones 83 días después de la celebración de las últimas. Tras horas de extrema tensión y grotescas presiones por parte de los dos partidos antiestablishment, el país vuelve a sumirse en una grave crisis institucional.

Mattarella lo advirtió durante semanas. El presidente de la República no es un mero notario que firma lo que le ponen encima de la mesa. Menos aún si se trata del nombre de un economista que defiende la posibilidad de salir de la moneda única en uno de los países fundadores de la Unión Europea. Pero sus advertencias fueron ignoradas y las presiones crecieron hasta convertirse en una extorsión. Movimiento 5 Estrellas (M5S) y La Liga entonaron un solo grito de guerra: Savona o muerte. Es decir, portazo y convocatoria de elecciones. Un escenario donde todas las encuestas otorgan un importantísimo aumento de votos de La Liga de Matteo Salvini, que desempolvó su repertorio más radical y antieuropeo y puso en cuestión el nivel democrático de Italia: "¿Somos una colonia Alemana?".

Harto, visiblemente molesto y al límite de la paciencia, Mattarella compareció pasadas las 20.30 para confirmar que había rechazado a Savona y que se abría un nuevo esdcenario. “Nadie podrá acusarme de haber obstaculizado la formación de este Gobierno”, lanzó. En un discurso profundamente europeísta, el presidente consideró inaceptable la propuesta de un hombre que avala tesis euroescépticas en un país con una deuda del 130% del PIB y sometido a las turbulencias de los mercados. “Constituye un mensaje inmediato de confianza o alarma para los operadores financieros y económicos. He pedido a alguien coherente con el acuerdo de gobierno, un exponente que no sea visto como autor de una línea que podría provocar la salida de Italia del euro. Algo que es muy distinto a un intento de cambiarla desde el punto de vista italiano”, justificó. Si esa era la idea, debería haberse propuesto en campaña. Y no fue el caso.

El artículo 92 de la Constitución otorga al presidente la potestad para el nombramiento del primer ministro y de su equipo. También el de oponerse a los nombres sugeridos. No es la primera vez. El anterior presidente de la República, Giorgio Napolitano, ya lo hizo con una propuesta de Matteo Renzi y Silvio Berlusconi. También Scalfaro con una propuesta en el ministerio de Justicia del primer Gobierno Berlusconi. La diferencia es que ambos volvieron días después con otro nombre y se terminó el problema. M5S y La Liga, en cambio, se plantaron pidieron volver a las urnas. Pero Mattarella se reservó la posibilidad de someter a votación en el Parlamento un hipotético plan B —condenado al fracaso sin la mayoría parlamentaria que ostentan los partidos antiestablishment— que lideraría el economista y experto en recorte del gasto público, Carlo Cottarelli (esta mañana le verá en el Quirinal).

Su fugaz predecesor, el profesor Giuseppe Conte, apareció en el Quirinal a las 19.00. Tras una larga reunión con el Presidente, ejecutó el mandato de quienes le habían colocado ahí y renunció al cargo que todavía no había obtenido definitivamente. Luego dio las gracias y se marchó tras sus cinco días como candidato a primer ministro. Visto y no visto. Fueron inútiles sus intentos por arreglar la situación. El profesor, sin experiencia política y desconocido para la mayoría de italianos, pasó todo el fin de semana encerrado en un despacho de la Cámara de Diputados tratando de mediar entre el Quirinal y los dos partidos antiestablishment. Conocía la voluntad de Mattarella de buscar una alternativa a Savona. Sabía que sus comentarios despectivos hacia Alemania serían muy complicados de digerir. Era muy consciente de que un gesto en ese apartado habría desbloqueado la situación. Su figura, escogida en un juego de vetos cruzados, confirmó su absoluta irrelevancia.

Contra Mattarella

Mientras se producía la reunión con Conte, Salvini mostró su versión más radical en un mitin político en Umbria. Una contraprogramación intencionadamente irrespetuosa que siguió añadiendo presión al Quirinal y permitió al líder de La Liga ensayar eslóganes en clave electoral. “Somos un país con una soberanía limitada. Si alguien quiere hacerse responsable de que no nazca un Gobierno dispuesto a trabajar mañana por la mañana, que se lo explique a 60 millones de italianos”, concluyó en clara amenaza al presidente, de quien ayer se puso en cuestión su neutralidad y calidad democrática.

En un tono parecido se expresó en un vídeo en las redes sociales Luigi Di Maio, que también convocó una manifestación contra la decisión del Quirinal donde confirmó la intención de volver a las urnas y cargó contra la decisión de vetar a Savona. “En este país un ministro puede ser un corrupto, alguien ligado a la mafia... pero si has criticado al euro, no puedes pensar en ser el titular de Economía. Tenemos un gran problema en Italia que se llama democracia. Inútil que se vote. Los gobiernos los deciden las lobbies financieros”.

El acoso y derribo sufrido por Mattarella y el Palacio del Quirinal en las últimas horas —M5S llegó a amenazar con activar el mecanismo legal para destituirle por, supuestamente, violar la Constitución— constituye la superación de la última frontera en la descomposición institucional que atraviesa Italia. Una crisis política que, probablemente, agravará las turbulencias de la última semana en los mercados. Ahora Sergio Mattarella, un hombre que ha asumido solo la defensa de la identidad europea de Italia y a quien el líder del partido más votado acusó de ser cómplice de las agencias de rating, deberá sacar al país de este nuevo embrollo.