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El profesor Giuseppe Conte será el primer ministro de Italia

La figura del jurista había sido puesta en entredicho por haber falseado su currículo

El profesor y abogado Giuseppe Conte, 54 años y ninguna experiencia política, ha recibido el encargo del jefe del Estado italiano, Sergio Mattarella, de formar Gobierno. El potencial primer ministro, propuesto por la Liga y el Movimiento 5 Estrellas (M5S), había sido objeto de una polémica en las últimas horas a cuenta de un currículum hinchado. La falta de alternativas y la mayoría que ostentan sus promotores han terminado imponiendo su nombre. Tras su encuentro con Mattarella, trató de tranquilizar los ánimos asegurando que Italia cumplirá sus compromisos internacionales.

Giuseppe Conte, este miércoles en el Quirinal. En vídeo, las declaraciones del futuro ministro.

Tocadas las 17.30, el profesor Giuseppe Conte, un absoluto desconocido para los italianos, llegó solo en un taxi a la colina del Quirinal desde su bufete de abogados en el centro de Roma. Pagó la carrera en metálico y entró en el estudio de cristaleras del Palacio presidencial por primera vez en su vida. Una hora y 45 minutos después, una eternidad comparado con el resto de consultas, volvió a salir con la misma carpeta blanca que traía bajo el brazo y el mandato del presidente Mattarella de formar Gobierno. El profesor, 54 años, separado y padre de un hijo de 10 años, será el presidente del Consejo de Ministros de Italia número 65 en los últimos 72 años. Sin embargo, él prefirió hablar de sí mismo como el “abogado defensor de todos los italianos”, dando por sentado lo necesitan.

Conte, que inmediatamente después se fue a ver a los presidentes de la Cámara de Diputados y del Senado para empezar a trazar los planes de lo que llamó el "Gobierno del cambio", sabía que no era la opción preferida del jefe del Estado. También que Mattarella intentó hasta el último minuto que los escándalos sobre su currículo —exageró notablemente su experiencia académica en universidades internacionales en las que no consta su registro oficial— y la presión mediática abriesen alguna otra puerta. El profesor aguantó, buscó la confirmación de sus dos promotores y pasó una larga noche en vela hasta recibir la llamada. Cuando se sentó delante del presidente, asintió a todas sus recomendaciones y se dejó corregir su primer discurso.

La misión de Conte no tiene precedentes. El nuevo primer ministro, jurista y profesor de Derecho Privado en la Universidad de Florencia, deberá ejecutar un programa de 38 puntos y 58 páginas cosido a retazos durante de una larga negociación entre dos partidos antiestablishment. Pese a ello, intentó rebajar la tensión de los últimos días y anunció que es consciente de “la fase delicada que atraviesa el país” y de los compromisos internacionales de Italia. Entre ellos, anunció, se respetarán asuntos como la finalización del proyecto de unión bancaria, pero se defenderán los intereses italianos. Nada que ver, en todo caso, con la bravuconería antieuropea de sus dos avaladores. Italia ha sorteado la repetición electoral y entra en la segunda fase de esta historia.

Ahora ambas formaciones se repartirán los puestos más relevantes del Ejecutivo y sus dos líderes ocuparán las carteras del Ministerio del Interior (Matteo Salvini, de La Liga) y Trabajo y Desarrollo Económico (Luigi Di Maio, del M5S). Pero más allá de sus funciones ejecutivas, serán los garantes ante quienes, le guste o no, deberá responder Conte. La autonomía para interpretar la partitura que le han escrito marcará su mandato.

El profesor, de momento, es un tecnócrata que gobernará el país sin pasar por las urnas (el quinto consecutivo). Y aunque lo permite la Constitución, es exactamente lo que La Liga y M5S criticaron durante cinco años y prometieron evitar. Lo hará sometido al escrutinio de dos líderes políticos de perfil muy marcado y constreñido por un difuso contrato de Gobierno que carece de base financiera para llevarse a cabo sin reventar las costuras de una deuda pública que representa el 130% del PIB. Así se lo recordó a Conte la patronal italiana y cuarta subida consecutiva de la prima de riesgo, que llegó hasta los 200 puntos.

El Gobierno que nacerá la semana que viene —esta semana deberá presentar a los ministros a Mattarella y el miércoles se votará en las Cámaras— no será a prueba de bombas. En el Senado contará con una mayoría de solo seis escaños. Por eso hasta el último momento Salvini intentó atraer al pacto a su exsocio de coalición Hermanos de Italia. Pero su lideresa, la posfascista Giorgia Meloni, cargó duramente contra él y rechazó esa posibilidad. Lo mismo que Forza Italia, que anunció que votaría en contra del nuevo Ejecutivo.

Una situación que obligará a ambas formaciones a evitar estridencias y peleas durante todo el tiempo que dure la alianza. Por eso se ha creado un comité de conciliación, un órgano paralelo al Consejo de Ministros que lidiará con los acuerdos delicados que pongan en riesgo el delicado equilibrio de fuerzas. Y en ese insólito esquema político, casi tres meses después de las elecciones en las que fuerzas antiestablishment obtuvieron una clara mayoría por primera vez en Europa, deberá transitar de puntillas el profesor Conte.

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