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Comienza la vacunación contra un ébola fuera de control en la República Democrática del Congo

La epidemia, considerada de “alto riesgo” pero no “emergencia internacional” por la OMS, alcanza los 46 casos y 21 fallecidos

Zona protegida alrededor de un hospital en Mbandaka este domingo.

Este lunes ha comenzado la vacunación contra el virus ébola en la República Democrática del Congo (RDC) que alcanzará, en primera instancia, a 600 personas. Para ello, 4.000 dosis están siendo trasladadas desde Kinshasa hasta la ciudad de Mbandaka y la localidad de Bikoro, al noroeste del país. Aunque en 2015 ya se hicieron ensayos clínicos en Guinea y Sierra Leona con resultados positivos, esta será la prueba de fuego para la primera vacuna que existe contra el virus ébola, una campaña con enormes desafíos logísticos. El brote, declarado el pasado 8 de mayo, alcanza ya los 46 casos, 21 de ellos fallecidos, y la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo considera de “muy alto riesgo” aunque no una “emergencia internacional”. Médicos sin Fronteras asegura que está aún “fuera de control”.

La novena epidemia de ébola que ha conocido la República Democrática del Congo sigue su curso en la provincia de Equateur después de que la semana pasada se confirmaran los primeros cuatro casos en la ciudad de Mbandaka, de más de un millón de habitantes. Precisamente en este centro urbano ha comenzado la vacunación a cargo del personal de la OMS, mientras que Médicos sin Fronteras (MSF) se encarga de la zona rural de Bikoro. El director general de la OMS, el etíope Tedros Adhanon Ghebreyesus, aseguró desde Ginebra que “estamos mucho mejor preparados para enfrentarnos a este brote de lo que estábamos en 2014”, informa Reuters.

El suministro de vacunas se enfrenta a varios retos y el primero de todos es mantener la cadena de frío, ya que las dosis deben conservarse a -80 grados centígrados en un país tropical donde la electricidad no está siempre garantizada, especialmente en el interior del país. Tras llegar en avión a Kinshasa, las vacunas son trasladadas a bordo de un helicóptero en contenedores especiales y, posteriormente, se descongelan gradualmente pudiendo mantenerse entre 2 y 8 grados durante un periodo máximo de 14 días. Otro desafío es la sensibilización previa porque solo se va a inmunizar a personal sanitario, contactos de casos confirmados y contactos de contactos. Este carácter discriminatorio requiere de una correcta campaña de comunicación para evitar problemas entre la población.

La vacuna rVSV-ZEBOV, específica para la cepa Zaire y que aún no está homologada, fue desarrollada por el Laboratorio Nacional de Microbiología de Canadá, puesta a prueba en Guinea y Sierra Leona durante la epidemia de 2014-2016 y luego comprada por la compañía farmacéutica Merck, que ostenta los derechos. El 100% de las personas vacunadas no desarrolló la enfermedad, tal y como ha insistido en recordar estos días el ministro de Salud congolés, Oly Ilunga, y los efectos secundarios registrados fueron de escasa importancia. Sin embargo, se trataba del final del brote y la eficacia real de este compuesto debe ser aún probada. Está previsto que en los próximos días lleguen a la RDC otras 3.600 dosis.

Luis Encinas, coordinador del equipo de respuesta de MSF ante esta epidemia de ébola, reconoce desde Kinshasa que la situación actual es mejor a la que se vivió al comienzo de la epidemia de 2014, la peor de toda la historia con unos 25.000 contagios y más de 11.000 muertes en cinco países africanos, ya que se ha producido una respuesta rápida de la comunidad internacional y existe una vacuna que ha demostrado su eficacia, aunque aún está en periodo de pruebas.

Sin embargo, Encinas advierte de que “más de diez días después de la declaración de la epidemia, esta sigue fuera de control pues continúan apareciendo casos positivos que no estaban siendo vigilados. El seguimiento de contactos es bastante pobre y limitado. No tiene una magnitud enorme, pero estamos preocupados. Hay muchas cosas que aún no sabemos de este brote”. MSF ha puesto ya en marcha dos centros de tratamiento, uno en Bikoro y otro en el hospital de Mbandaka, con veinte camas cada uno.

Una de las inquietudes es la fragilidad del propio sistema de salud congolés, que pese a ser el país donde se descubrió el ébola hace 42 años y a haber sufrido nueve epidemias, ha sido incapaz de detectar este nuevo brote de manera precoz. Los investigadores sospechan que el virus ha podido estar expandiéndose de manera oculta durante varios meses.

Las autoridades han comenzado ya a aplicar las medidas habituales, como el lavado de manos, las restricciones de contacto físico, el uso de guantes, mascarillas y trajes especiales para el personal médico y una campaña de sensibilización a la población que incluye la recomendación de no consumir carne de animales salvajes y que todos los entierros sean controlados por personal especializado para evitar la manipulación insegura de los cadáveres.

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