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Las elecciones en Hungría no se han celebrado en igualdad de condiciones, según la OSCE

Además del tono xenófobo, que ha limitado el espacio para un "debate sustancial", los observadores critican que el "excesivo gasto" en publicidad del Gobierno ha amplificado el mensaje Orbán

El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán. En el vídeo, las declaraciones del observador jefe de la OSCE.

Con una retórica “intimidante y xenófoba, prejuicios mediáticos y financiación opaca”. Así ha sido la campaña para las elecciones en Hungría, según la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que ha enviado a un grupo de observadores a los comicios. Un día después de que el ultraconservador y nacionalista Viktor Orbán y su partido, Fidesz, lograran una gran victoria en las urnas, los observadores, en una crítica inusualmente dura para las elecciones de un país de la Unión Europea, han lamentado el tono, pero también el sistema que ha rodeado la campaña. El gasto del Gobierno en una publicidad que amplificaba el efecto y el mensaje del partido en el poder y elementos como que los medios públicos —sobre todo la televisión— favoreciesen a la formación de Orbán han impedido que el resto de competidores jugara en igualdad de condiciones.

"Los derechos fundamentales se han respetado en línea general, pero se han ejercido en un clima adverso", ha afirmado Douglas Wake, jefe de la misión, en una rueda de prensa en Budapest. "El acceso a la información, así como las libertades de los medios y de asociación, han quedado restringidos, a través de reformas legales recientes", ha recalcado.

Aunque la gestión técnica de los comicios fue "profesional y transparente", estos se realizaron en un "clima adverso" después de que en los últimos tiempos se hayan adoptado reformas para limitar el acceso a la información, así como las libertades de prensa y asociación, han añadido los observadores. Wake ha lamentado que los húngaros no dispusieron de la posibilidad de realizar "una elección plenamente informada" a la hora de votar.

La victoria de Orbán ha sido abrumadora. El primer ministro ultraconservador afrontará su tercer mandato consecutivo con una comodísima mayoría —si se confirman los datos, tan alta que le permitirá cambiar la Constitución sin necesidad de consenso, por ejemplo—. El líder húngaro y su partido han logrado su victoria con una campaña casi totalmente centrada en mensajes contra la inmigración. “La retórica fue bastante hostil y xenófoba y eso es un hecho que lamentamos en un contexto electoral”, ha dicho Wake. Esa campaña del odio “limitó el espacio para un debate sustancial y limitó la capacidad de los votantes par tomar una decisión informada”, ha considerado.

El análisis preliminar de la OSCE critica seriamente la utilización de fondos públicos en una publicidad que ha amplificado el mensaje del partido en el Gobierno. Solo un par de semanas antes de las elecciones, el Ejecutivo desplegó cientos de controvertidos carteles en línea con el argumento de Orbán. Los enormes pósteres, sembrados por todo el país, muestran una larga fila de hombres que parecen ser refugiados con la palabra Stop. La misma imagen que utilizó el ultraderechista, eurófobo y xenófobo UKIP durante la campaña del referéndum por el Brexit.

El proceso electoral “se ha caracterizado por una superposición generalizada entre los recursos del Estado y los del partido en el Gobierno. Y eso socava la capacidad de los candidatos para competir en igualdad”, insistió el jefe de la misión de la OSCE. “Colocar muchas vallas publicitarias con mensajes que son casi exactamente los mismos que los del partido gobernante, cuando están siendo financiados por el contribuyente, nos ha preocupado”, ha añadido.

La OSCE también ha lamentado que Hungría haya ignorado sus recomendaciones tras los comicios de hace cuatro años, que ya definió como “libres pero no justos”.

Los resultados son un fracaso para la oposición y han generado una cascada de dimisiones. Jobbik, el partido ultraderechista y xenófobo que ha tratado de reinventarse moviéndose hacia el centro, no ha logrado los resultados que esperaba. Su líder, Gabor Vona, anunció su dimisión este domingo. El líder de los socialistas y su cúpula siguieron sus pasos. Aunque habían pactado en una treintena de distritos, la oposición, desunida y fragmentada, no fue capaz de hacer un frente común contra la coalición Fidesz.

Símbolo del populismo xenófobo y del euroescepticismo, los líderes de los principales partidos antieuropeos se han lanzado a felicitar a Orbán por su contundente victoria. Nada más conocerse los resultados, el líder xenófobo holandés Geert Wilders celebró la victoria de su aliado húngaro a través de Twitter. También Marine Le Pen, líder del ultraderechista Frente Nacional (FN) ha recalcado que el triunfo de Fidesz supone un signo de rechazo social "a la inversión de los valores y la inmigración preconizados por la UE". La francesa ha asegurado que esa puede ser la corriente mayoritaria en las elecciones europeas del año que viene.

Nigel Farage, eurodiputado del eurófobo Partido por la Independencia de Reino Unido (UKIP) y uno de los impulsores del Bréxit, también se ha sumado a los mensajes favorables a la victoria de Orban. Para el controvertido político, Orbán es el "líder más fuerte de Europa y la mayor pesadilla de la Unión Europea". En Bélgica, el ultraderechista partido flamenco Vlaams Belang ha festejado también el triunfo del húngaro y ha alabado su postura antimigratoria: "Flandes también necesita una política de inmigración decente". Orbán ha recibido también la felicitación del Partido Popular Europeo, del que Fidesz es parte.

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