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La hija del espía ruso envenenada en Reino Unido “mejora rápidamente”

Fuentes hospitalarias han confirmado que Yulia Skripal está respondiendo bien al tratamiento

Unas policías británicas vigilan la residencia de Serguéi Skripal, en Salisbury (Reino Unido) a principios de marzo.
Unas policías británicas vigilan la residencia de Serguéi Skripal, en Salisbury (Reino Unido) a principios de marzo. EFE

El estado de Yulia Skripal, la hija que acompañaba al exespía ruso Serguéi Skripal cuando ambos fueron atacados con gas nervioso en su domicilio de Inglaterra, “mejora rápidamente y su condición ya no es crítica”, han confirmado esta tarde fuentes hospitalarias. La unidad antiterrorista de Scotland Yard ha revelado que la sustancia utilizada en aquel intento de asesinato, de fabricación militar, fue depositada en la puerta de la casa familiar.

La agresión en suelo británico contra el antiguo coronel de la inteligencia militar rusa, de la que Londres responsabiliza al Kremlin, ha hundido las relaciones entre Rusia y Occidente hasta el punto más bajo desde el fin de la Guerra Fría, y provocado una cadena de sanciones diplomáticas por parte de las principales potencias y de la OTAN a la que ya se han sumado (a día de hoy) 27 países.

“Yulia está respondiendo bien al tratamiento, aunque sigue precisando de cuidados médicos las 24 horas”, ha declarado la responsable del centro de Salisbury en el que permanecen ingresados Skripal y su hija, de 66 y 33 años respectivamente, desde que el pasado 6 de marzo fueron víctimas del ataque. El exagente doble sigue “en estado crítico, pero estable”, ha confirmado la doctora Christine Blanshard, en un comunicado difundido para contrarrestar las declaraciones de una sobrina de Skripal, vertidas ante la BBC horas antes, aseverando que las epectativas de supervivencia de los dos pacientes eran casi nulas. “Apenas tengo un 1% de esperanza en que mis familiares sobrevivan e, incluso si fuera así, permanecería inválidos para el resto de sus vidas”, manifestó Viktoria Skripal, al tiempo que confirmaba que la madre del exespía ruso no ha sido informada sobre la agresión a causa de su avanzada edad y frágil estado.

El coordinador nacional del servicio de contraterrorismo, Dean Haydon, se ha mostrado convencido de que el agente nervioso empleado contra los Skripal fue depositado frente a la entrada principal de su casa de Salisbury (sur de Inglaterra), y no en el centro comercial donde ambos fueron hallados malheridos por un policía. El agente local tuvo que recibir tratamiento médico, pero ya fue dado de alta hace una semana. “Nuestros especialistas han identificado la más alta concentración del gas nervioso hasta la fecha en la puerta del domicilio”, ha afirmado Haydon en una declaración a la prensa. La investigación apunta a que fue utilizado el gas Novichok, un agente nervioso desarrollado por los militares en los tiempos de la Unión Soviética.

El Gobierno de Vladímir Putin sigue negando toda implicación en lo que los líderes del Reino Unido, EE UU, Francia y Alemania calificaron el pasado 16 de marzo de “la primera utilización ofensiva de un agente nervioso en Europa desde la Segunda Guerra Mundial”. El comunicado conjunto, difundido por Downing Street, exigía a Moscú que esclarezca las cuestiones relacionadas con la agresión, “un asalto a la soberanía británica” que “afecta a la seguridad de todos”, y el programa de producción de gas nervioso empleado en la misma. La respuesta del Kremlin ha sido acusar a los servicios secretos británicos de orquestar una trama para provocar “la histeria antirusa”.

Serguéi Skripal llevaba ocho años instalado en la vivienda de Salisbury, bonita y tranquila población catedralicia inglesa, donde vivía una modesta existencia ajena a los lujos que suelen exhibir muchos miembros de la colonia de exiliados rusos en el Reino Unido. El antiguo oficial del GRU –el servicio de inteligencia militar ruso- llegó al país tras una peripecia que arrancó en los noventa, cuando fue detectado por el CNI operando en España y acabó siendo fichado por la inteligencia británica como agente doble. Delatado y luego condenado en Rusia a 13 años de prisión, logró la liberación en 2010 en el marco de un intercambio de espías entre Moscú y Washington. Londres le procuró entonces refugio en el sur del país. Sigue siendo un misterio el por qué ha sido atacado después de todos estos años de exilio, a lo largo de los cuales ha perdido a un hijo y a su mujer, ambos por enfermedad. Su otra hija, Yulia, no residía con él: el pasado 12 de marzo se dio la fatal coincidencia de que visitaba a su padre (desde Rusia) cuando se produjo el ataque con gas nervioso.

El caso retrotrae al de Alexander Litvinenko, el exoficial de los servicios de seguridad ruso también exiliado en suelo británico y que murió a finales del 2006 a resultas de su envenenamiento con polonio-210 en un hotel de Londres. El dedo acusador de las autoridades británicas recayó entonces en personajes del entorno del Kremlin, al igual que ahora vuelve a hacerlo a raíz de la agresión contra Skripal. Seis días después de producirse, la familia de otro refugiado ruso en el Reino Unido, Nikolai Glushkov, de 68 años, le halló muerto en su domicilio de la capital británica. La policía investiga el fallecimiento como asesinato, después de que la autopsia revelara que la causa del deceso fue “una compresión en el cuello”.

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