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Un primer convoy humanitario entra en Guta Oriental tras la aprobación del alto el fuego

La caravana de ayuda, que ha entrado en Duma, la mayor ciudad de esta zona, cuenta con asistencia médica y alimentaria para 27.500 personas

Un soldado del ejército sirio, junto a un grupo de voluntarios de la Media Luna Roja en el corredor humanitario cerca de Damasco el pasado 28 de febrero. En el vídeo, un convoy de Cascos Blancos se ve sorprendido por un ataque aéreo este lunes cerca de Guta.

Un primer convoy humanitario ha entrado este lunes en Guta Oriental, el mayor enclave insurrecto del país situado en la periferia noreste de Damasco, desde que el pasado 24 de febrero el Consejo de Seguridad de la ONU aprobase un alto al fuego de 30 días en Siria. A la anunciada tregua nacional, se sumó la pausa diaria de cinco horas decretada por el presidente ruso, Vladimir Putin, en la región de Guta y hogar para entre 163.000 y 400.000 personas. Al menos 770 civiles han muerto y más de 4.000 han resultado heridos durante las últimas dos semanas tras que las tropas sirias intensificaran la ofensiva aérea. Ambas treguas han sido quebrantadas por los dos bandos enfrentados que se han enzarzado en acusaciones mutuas.

El convoy conjunto de la ONU, el Comité Intencional de la Cruz Roja (CIRC) y la Media Luna Siria (SARC, por sus siglas en inglés) se ha compuesto de 46 camiones cargados con equipamiento y suministros médicos destinados a los centros hospitalarios, así como alimentos para 27.500 de los cercados. La descarga se ha producido en la ciudad de Duma, la más poblada de la zona con cerca de 120.000 habitantes. “Somos conscientes de que la ayuda no cubre ni de lejos las necesidades de Guta pero es un comienzo”, dice al teléfono y desde Damasco, Ingy Sedky, portavoz del CICR en Siria. “El Gobierno de Damasco ha retirado gran cantidad de material médico del convoy, principalmente quirúrgico y de trauma, dejando tres camiones medio vacíos”, protesta en una conversación telefónica y desde Damasco Linda Tom, portavoz de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) en Siria.

El horquillado de cinco horas de pausa es un plazo insuficiente para una distribución que entraña una compleja gestión logística y cuyo transporte ha de realizarse en coordinación simultánea con las tropas sirias y los diferentes grupos armados locales. “Los camiones no abandonarán la zona hasta que se haya descargado la ayuda y hagamos una evaluación de las necesidades sobre el terreno”, aseguran ambas portavoces. Sin embargo, los combates han proseguido hoy en la periferia del enclave donde las fuerzas especiales sirias se han hecho con el 30% del territorio que controlaban los grupos armados, según informaciones del Observatorio Sirio para los Derechos Humanos.

Decenas de miles de personas sobreviven desde hace 15 días parapetados en sótanos y refugios para protegerse de las bombas. La hambruna y la falta de medicación para los enfermos crónicos amenaza con aumentar el número de víctimas mortales en un asedio en el que sus gentes no pueden hacer frente a los prohibitivos precios de los ya escasos alimentos. Este lunes, ningún civil ha logrado salir de Guta y tampoco se realizará evacuación alguna de los 765 heridos de gravedad.

Tom asegura que un segundo convoy entrará el próximo jueves también a Duma con alimentos para otras 70.000 personas. La última ayuda que recibieron los habitantes de Guta se remonta al pasado 14 de febrero y tan solo alivió al 2.6% de la población cercada. En el mes de noviembre, el CIRC y la SARC distribuyeron víveres a otras 23.000 personas asediadas. Las Fuerzas Armadas rusas han asegurado este lunes que los grupos rebeldes sirios se han comprometido a dejar salir a los civiles que están en el enclave a cambio de la llegada de ayuda humanitaria, según ha informado la agencia de noticias rusa Interfax.

Hasta la fecha ningún civil ha logrado abandonar el cerco mientras que los vecinos allí atrapados aseguran que las rutas de escape están siendo atacadas por fuego de mortero y francotiradores. Los gobiernos ruso y sirio acusan a los entre 4.000 y 10.000 insurrectos islamistas de Guta de mantener secuestrados a los civiles en tanto que escudos humanos, mientras que los armados denuncian los indiscriminados bombardeos del régimen sobre barriadas civiles y centros médicos.

La ofensiva aérea del Ejército sirio llega tras cinco años de cerco y múltiples rondas de negociaciones fallidas para una evacuación de los insurrectos a otras bolsas rebeldes del país. Guta Oriental supone un estratégico enclave para el Gobierno de El Asad por su cercanía con Damasco. Desde estos suburbios, varios grupos islamistas lanzaron el pasado mes de diciembre una ofensiva conjunta con el fin de atacar el corazón del país a través de los túneles cavados durante el último lustro.

Jeish el Islam es la facción islamista mayoritaria en los escasos 100 km cuadrados sobre los que se extiende este enclave. Tanto Amnistía Internacional como la organización Human Rights Watch les acusan de haber cometido crímenes de guerra contra los civiles. El Ejército sirio ha lanzado la ofensiva final a mediados de febrero en lo que ha supuesto un castigo colectivo hacia la población asediada. Por su parte, los insurrectos han intensificado el lanzamiento de morteros sobre la capital forzando a sus conciudadanos de Damasco a encerrase en sus hogares. Durante los últimos tres meses, la lluvia de proyectiles insurrectos ha segado la vida de más de 120 personas (entre ellos 18 niños) y herido a más 600, según datos del Observatorio Sirio para los Derechos Humanos.

En Guta Oriental se libra una de las últimas batallas intrínsecas a la Guerra Civil que recuerdan a la vivida por la Alepo oriental el pasado mes de diciembre. Y ello, en una contienda en la que, a punto de cerrar el sexto año, participan media docena de potencias regionales e internacionales. La ofensiva ha ahondado en las redes sociales las grietas existentes entre la opinión pública siria y visibilizado el respaldo de los habitantes de Damasco a la ofensiva del Ejército regular

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