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La CDU de Merkel aprueba por amplia mayoría la gran coalición con los socialdemócratas

El acuerdo queda pendiente de la consulta vinculante entre el casi medio millón de afiliados al SPD el próximo domingo

La canciller alemana, Angela Merkel, este lunes en Berlín.

La CDU ha cerrado filas. El partido de la canciller alemana, Angela Merkel, ha votado este lunes por amplísima mayoría a favor de reeditar el acuerdo de gran coalición con el partido socialdemócrata (SPD). Las críticas internas de las últimas semanas han quedado aplacadas en un congreso extraordinario celebrado en Berlín y el centroderecha ha respaldado de nuevo la gestión de la canciller, que en unas semanas podría ver inaugurado su cuarto mandato. Con esta votación, queda superado el penúltimo obstáculo para formar por fin un nuevo Ejecutivo. Ahora solo falta superar la espinosa votación de las bases del SPD.

Alemania lleva cinco meses con un Gobierno en funciones, una situación inédita en la historia del país, después de que la CDU, la Unión Demócrata Cristiana de Merkel, ganara las elecciones en septiembre, pero haya sido hasta el momento incapaz de encontrar un socio minoritario para gobernar.

El triunfo de AKK

Annegret Kramp-Karrenbauer, también conocida como AKK logró este lunes el apoyo casi unánime de los delegados reunidos en un congreso extraordinario en Berlín. Kramp-Karrenbauer fue la estrella del congreso, que encumbró a la política del pequeño Estado del Sarre. A partir de ahora será la nueva secretaria general del partido, pero en los pasillos de la formación política a casi nadie se le escapa que la idea es que la secretaría general sea solo el inicio de una gran carrera para la delfina de la canciller, considerada su posible sucesora. La prensa alemana la llama ya “mini Merkel”.

A sus 55 años, AKK es la cara visible del proyecto de renovación del partido que ha puesto en marcha la canciller Merkel y con el que de momento ha logrado apaciguar las críticas internas.

En el congreso de Berlín, antes de la votación, la ex jefa de Gobierno del Sarre pronunció un aplaudido discurso muy integrador en el que pidió escuchar el descontento de la calle. Sabe que su misión pasa por actualizar un partido, que para muchos votantes y también militantes se ha quedado desfasado. A Kramp-Karrenbauer le gusta utilizar una comparación con la que explica que los tiempos son otros y que el partido necesita renovarse: “Las bases del programa de su partido se remontan a 2007, cuando apreció el primer Iphone”, volvió a repetir en Berlín.

Kramp-Karrenbauer cuenta con el respaldo de todos los sectores del partido, como quedó demostrado en el congreso, donde obtuvo un 98,8% de los votos de los delegados. En parte, porque su paraguas ideológico abarca mucho. Porque es una mujer capaz de defender posiciones conservadoras como la oposición al matrimonio homosexual, a la vez que reniega de un viraje a la derecha como defienden algunos en el partido.

Pero su apoyo procede sobre todo de sus méritos. Ella logró frenar el año pasado el llamado “efecto Schulz”, por el que parecía que el expresidente del Parlamento Europeo iba camino de comerse el mundo. Contra pronóstico, ganó las elecciones en el Sarre y rompió el hechizo del candidato socialdemócrata que encadenó derrotas a partir de entonces.

“Las esperanzas puestas en Alemania son grandes, también más allá de nuestras fronteras”, dijo Merkel durante un dilatado discurso en el que pidió “un nuevo comienzo para Europa” y en el que defendió que el contrato de gran coalición supone “una mejora para la vida de los ciudadanos”. Pero también reconoció que los tiempos son inciertos, especialmente para los partidos tradicionales. “Queremos hacerlo mejor. Queremos recuperar la confianza”, dijo. “Las pérdidas [de apoyos electorales] nos motivan”, añadió.

Con 27 votos en contra y casi un millar a favor, el partido de centroderecha respaldó en el congreso de Berlín un pacto de coalición por el que la CDU pierde poder en el reparto de carteras, pero que permite al partido de Merkel evitar una nueva convocatoria de elecciones.

En las últimas semanas, se han dejado oír voces críticas en la CDU, que protestaban por el resultado del acuerdo y que pedían la renovación de caras y de contenidos. Consideran que la canciller ha “socialdemocratizado” el partido, contribuyendo al ascenso de la extrema derecha. Algunas de esas voces se escucharon ayer con claridad en el Congreso extraordinario, pero también demostraron ser ruidosas, pero minoritarias. El debate lo alimentan los malos resultados en las pasadas elecciones, en las que el bloque conservador obtuvo un 33% de los votos, y en las que un millón de votantes de la CDU/CSU emigraron a la extrema derecha.

La canciller sin embargo ha demostrado una vez más su agudeza política en los últimos días con una serie de decisiones, que han allanado el camino hacia el congreso de Berlín. Por un lado, propuso a Annegret Kramp-Karrenbauer, ex jefa del Estado del Sarre como secretaria general del partido. A Kramp-Karrenbauer se la conoce desde hace meses en Berlín como la posible sucesora de Merkel y su nombramiento contribuyó a aplacar las críticas de los que piden un plan de sucesión para la canciller, tras 12 años en el poder y a punto de inaugurar un nuevo mandato. Después, el domingo, Merkel hizo pública su lista de ministros en un futuro Gobierno de coalición. En ella, incluyó a Jens Spahn, de 37 años y la punta de lanza de la corriente más conservadora del partido. Si los militantes socialdemócratas aprueban el proyecto de gran coalición y hay Gobierno en Berlín, Spahn será el nuevo ministro de Sanidad alemán.

“Un acuerdo aceptable”, “mejorable, pero mejor que un no acuerdo”, fueron algunos de los argumentos de los delegados menos críticos, cuyas intervenciones evidenciaron sin embargo, la fase introspectiva que atraviesa el centroderecha alemán. La irrupción de la extrema derecha (Alternativa por Alemania) ha fragmentado el sistema político y ha descolocado a los grandes partidos, incapaces de formar mayorías de Gobierno. ¿Qué significa ser conservador? ¿Y de derechas? Fueron algunas de las preguntas que se repitieron en el congreso. “Valores sociales, cristianos y liberales” y “libertad” fue la receta de la Merkel, en un discurso carente de pasión, marca de la casa de la canciller.

Los reunidos en Berlín son conscientes de que las viejas divisiones ya no funcionan. Hay temas que hace 15 años no estaban ahí y que sin embargo tienen ahora una presencia central en el debate político. Inmigración, identidad, soberanía, la precarización del mercado laboral, los límites de la globalización, el papel de los gigantes tecnológicos….

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