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Macron encabeza la lucha contra el calentamiento tras la salida de EE UU

El presidente francés intenta movilizar recursos para frenar el cambio climático en una cumbre en París

El presidente francés, Emmanuel Macron, pronuncia un discurso durante la cumbre del clima en París. FOTO: AFP / VÍDEO: ATLAS

Más dinero, más esfuerzos y menos autocomplacencia. El presidente francés, Emmanuel Macron, quiere galvanizar a la humanidad en la lucha contra el cambio climático, amenazada por el boicot de la Administración de Trump a los acuerdos internacionales y por la lentitud en la respuesta del resto de países. Macron llamó este martes, en una cumbre a las afueras de París, a movilizar al mundo financiero y los poderes locales para frenar el calentamiento global. “Estamos perdiendo la batalla”, constató ante medio centenar de jefes de Estado y de Gobierno y de decenas de dirigentes políticos, filantrópicos y empresariales.

Las pruebas sobre la realidad del cambio climático se acumulan, pero la humanidad se resiste a renunciar definitivamente a las energías contaminantes. Este fue el mensaje de la One Panet Summit, cumbre convocada por el nuevo presidente francés para conmemorar el segundo aniversario del acuerdo de París. Ya no bastan los acuerdos diplomáticos multilaterales, que han marcado, desde Río en 1992, la actuación internacional contra la emisión de gases contaminantes.

Es la hora de la acción sobre el terreno, la hora del mercado y de las ciudades y regiones, según pudo constatarse en la isla Séguin, entre los municipios de Boulogne-Billancourt y Sèvres, donde durante décadas se ubicó la histórica fábrica de Renault, símbolo de una de las grandes industrias contaminantes del siglo XX. Por los pasillos del complejo de salas de concierto en la isla Séguin desfilaban capitanes de la industria y la filantropía como Bill Gates, Michael Bloomberg o Richard Branson, y líderes locales como los gobernadores de California, Jerry Brown, o el de Colorado, John Hickenlooper. En los foros de debate se hablaba más de políticas locales y de banca e inversiones que de los últimos hallazgos en la ciencia climática o de negociaciones diplomáticas.

“Es algo que aprendimos de China: allí la única fuerza capaz de sacar 88 millones de personas de la pobreza fueron las fuerzas del mercado”, dijo a un grupo de periodistas Jim Yong Kim, presidente del Banco Mundial, responsable, junto al Elíseo y la ONU, de organizar la cumbre. “Aquí necesitamos algo igualmente histórico, y la única manera de hacerlo es lograr que los inversores y los financieros entiendan que al mismo tiempo pueden ganar dinero y hacer algo poderoso para el mundo invirtiendo en proyectos de adaptación y mitigación del cambio climático”. “Necesitamos un choque en nuestros modos de producción”, dijo Macron con otras palabras en Le Monde.

No era una cumbre para ponerse de acuerdo sobre un documento de conclusiones ni un plan de acción detallado, sino más bien una ocasión para que los participantes presentasen proyectos dedicados a frenar el cambio climático y a proteger a los países en vías de desarrollo que ya sufren sus efectos. En París en 2015, casi 200 países fijaron como objetivo impedir que las temperaturas superasen en dos grados centígrados —preferiblemente 1,5— el nivel de la era preindustrial, pero, como recordaron varios participantes, ya van camino de subir más de dos grados. “Los que estaban antes de nosotros todavía podían decir: ‘No lo sabíamos’. Desde hace una veintena de años lo sabemos, y cada vez sabemos más”, dijo Macron, autoerigido en líder mundial de la lucha contra el cambio climático. “Aquí se juega una nueva etapa en nuestro combate colectivo”.

En París en 2015, casi 200 países fijaron como objetivo impedir que las temperaturas superasen en dos grados centígrados

No acudieron ni la canciller alemana, Angela Merkel, ni el presidente ruso, Vladímir Putin, ni el líder chino, Xi Jinping, pero la ausencia que dominó la reunión fue la del presidente estadounidense, Donald Trump. El Gobierno de la primera potencia económica mundial y segundo emisor de gases contaminantes, tras China, estuvo representado por un alto funcionario de la Embajada en París. La sociedad estadounidense, y su sistema político en toda su complejidad, sí estuvo en París —empresarios, filántropos, gobernadores y otros políticos— y lo hizo con un mensaje raramente hostil hacia su presidente. “Ha adoptado una decisión que no se basa en los hechos, ni en la ciencia, ni en el sentido común. Es una decisión autodestructiva”, dijo el exsecretario de Estado John Kerry, que participó como miembro de la Administración de Barack Obama en la negociación del acuerdo de París. “El pueblo americano mantiene el compromiso”.

Trump estaba físicamente ausente, pero toda la cumbre era una respuesta al anuncio, el pasado junio, de que con Trump EE UU se retiraba del acuerdo de París. Ningún otro país ha seguido su ejemplo, pero esto difícilmente es motivo de triunfalismo para el resto.

Beneficios del mercado

Trump ha generado un efecto no necesariamente bueno”, comenta Teresa Ribera, directora del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales en París, y exsecretaria de Estado de Cambio Climático en España. “De un lado, algunos pueden decir: ‘No me da la gana esperar, sigo’. De otro, se ha creado una zona de confort de forma artificial, que permite decir: ‘Yo sigo aquí’. Pero no vale solo con seguir aquí”.

“Que haya habido muchos movimientos no significa que se haya abordado el cambio sistémico”, continúa Ribera. “Los tres grandes cambios sistémicos son, primero, el cambio del modelo energético, y esto incluye los transportes”, explica. “El otro es el cambio de los modelos fiscales: qué fiscalidad orienta correctamente en términos de consumo o inversión de lo que quieres conseguir”. Y concluye: “El tercero es el cambio del sistema financiero. Y estas tres cosas no se han producido aún de forma completa”.

Así, urge abandonar los transportes con combustibles contaminantes, subir los impuestos para el carbón y el petróleo, e incentivar las inversiones en energías limpias, Como explica Kim, presidente del Banco Mundial, que al mercado le resulte más rentable invertir en energías limpias que en sucias.

El abandono de Trump ha ofrecido a Macron una plataforma única. En junio acuñó el eslogan Make the planet great again (Hagamos el planeta grande de nuevo), un juego de palabras irónico con el eslogan de Trump Make America great again (Hagamos América grande nuevo). La cumbre de París le permite realzar su perfil y colocar a una potencia media como Francia en el centro de la lucha contra el calentamiento global.

Una lista de anuncios para mantener vivos los compromisos

No era ni una conferencia de donantes ni una negociación diplomática, pero de la cumbre de París salió una lista de compromisos heterogénea —algunos ya conocidos, otros nuevos, ninguno verdaderamente decisivo en la aplicación de los compromisos internacionales— que debía enviar una doble señal. A los ciudadanos preocupados por el calentamiento global, que sus líderes se toman en serio la lucha contra el cambio climático. A los mercados: que la tecnología para combatir es una inversión de futuro. La idea de fondo: el cambio tecnológico que se avecina es imparable, y quien mejor se prepare tendrá más oportunidades para beneficiarse de él.

Uno de los anuncios más significativos en París es la decisión del Banco Mundial —copatrocinador de la reunión— de dejar de financiar a partir de 2019 proyectos de extracción de petróleo y gas. La medida es una señal fuerte a otras instituciones internacionales y países que, al mismo tiempo que proclaman la necesidad de abandonar las energías que emiten gases de efecto invernadero, siguen subvencionándolas.

Entidades financieras destacadas aprovecharon la cumbre para anunciar un giro hacia las llamadas ‘finanzas verdes’. La aseguradora francesa Axa, por ejemplo, retirará 2.500 millones de euros de empresas cuyos ingresos procedan, en más de un 30%, del carbón. El banco holandés ING calcula que en 2025 tendrá inversiones relacionadas con el carbón cercanas a cero.

Más anuncios institucionales: la Comisión Europea financiará con 9.000 millones de euros la lucha contra el cambio climático en ciudades sostenibles, energías limpias y agricultura sostenible.

La filantropía tuvo un papel central en la cumbre, en parte para compensar la decisión del presidente de EE UU, Donald Trump, de abandonar el acuerdo de París de 2015. La Fundación Bill y Melinda Gates destinará como mínimo 300 millones de dólares para la adaptación de la agricultura al cambio climático. Es una de las decenas de medias incluidas en el documento de doce puntos presentado por la presidencia francesa a modo de conclusión de la cumbre. No todas son cuantificables en términos económicos. Por ejemplos, una red de bancos centrales y autoridades financieras —entre ellas el Banco de Francia, de México, de China, de Inglaterra y de Alemania tendrán en cuenta la amenaza climática en su tarea de supervisión del sector. Y una coalición de fondos soberanos, dirigidos por Noruega y Francia, dirigirá sus inversiones hacia la acción climática.

Entre los anuncios de la cumbre figura asimismo la creación de un observatorio espacial para el clima que, apoyado por las agencias espaciales europeas y por China, India, Rusia, México y otros países, pondrá a disposición de los estados y los científicos datos para vigilar el planeta.

Estados Unidos estaría ausente del documento si no fuese por los filántropos y por el acuerdo de ocho Estados del oeste del país que anuncian un vago acuerdo para desarrollar el coche eléctrico.

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