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Steve Bannon: “George W. Bush no tiene ni idea de lo que dice, como cuando era presidente”

El ideólogo de Trump dice en California que el Estado “se separará de Estados Unidos” si no lo recuperan los republicanos

La guerra de Steve Bannon contra lo que considera el establishment republicano va en serio y no ha hecho más que empezar. El viernes, el ideólogo del trumpismo llevó su oscura visión del mundo a California, el Estado que Hillary Clinton ganó por 4,2 millones de votos y que prometió desde el día uno ser el cortafuegos de las políticas de Donald Trump. Bannon atacó a los demócratas, los lobbis, los empresarios, Silicon Valley, los republicanos (“no me gustan los llorones”, dijo), China, Europa, Clinton… y a expresidente George W. Bush y John McCain. Delante de los republicanos dijo que la de Bush había sido “la Presidencia más destructiva de la historia”. Recibió aplausos.

El día anterior, el expresidente Bush rompió con el escrupuloso respeto que había mostrado hasta ahora por sus sucesores en el cargo. Nunca criticó públicamente a Barack Obama. "El fanatismo parece fortalecido. Nuestra política se ha vuelto más vulnerable a las teorías conspiratorias y los montajes descarados", dijo el expresidente, en una clara referencia a la política del sonajero de Trump y Bannon. La respuesta del líder de la revolución antiestablishment fue cruel: “Bush se puso en ridículo. Los escritores le hicieron un discurso pomposo. No entendía nada de lo que estaba hablando. Igual que cuando era presidente”, dijo Bannon.

Con todo, el expresidente Bush no fue el más abucheado por los republicanos de California el viernes por la noche. Bannon cargó también en su discurso contra el senador John McCain. Primero alabó el servicio de su padre y el del propio McCain en el Ejército. “Pero políticamente es solo el senador de Arizona”. Dos días antes que Bush, McCain había hecho un discurso en el que atacaba el “espurio nacionalismo” y, sin mencionar a Trump por su nombre, básicamente lo llamaba antiamericano. “¡Parecía Pericles en Atenas!”, bromeó Bannon ante su público. “Es todo palabrería”.

Es una guerra abierta entre el drenador de pantanos en jefe y el Partido Republicano, o lo que Estados Unidos entendía por el Partido Republicano hasta hace solo un año. No hace mucho que, con un discurso así, Bannon o cualquier otro no habría salido entero del salón de congresos del hotel de Anaheim donde los republicanos de California celebran este fin de semana su convención. A juzgar por los aplausos y las risas en sus ataques a Bush o a John McCain, que llegaron a ser abucheados cuando se pronunciaron sus nombres, el trumpismo está haciendo mella.

Bannon arengó a los republicanos para que se terminen de unir a su visión. Lo que les hizo ganar en noviembre, aparte de “la divina providencia”, dijo, fue que conservadores, evangélicos, libertarios y nacionalistas populistas como él (se define así él mismo) se unieron para votar a Trump. Para ganar, dijo, sin importar los detalles. “Si mantenemos esa alianza podemos gobernar 50 o 75 años”, afirmó.

Bannon señaló a los republicanos un enemigo en el que no se están fijando: Silicon Valley. Lo llamó “la resistencia”. Muchos grupos demócratas se llaman “la resistencia”. Los había protestando en la puerta de la convención. “Esos no son la resistencia”, dijo. “La resistencia es esta combinación de consultores, lobistas, élites corporativas. En el corazón de la resistencia está Silicon Valley. Quieren todos los beneficios de la sociedad libre, todos los beneficios de este mundo globalizado sin reglas”. Para Bannon, la burbuja tecnológica es el epítome del mundo que está dejando atrás al trabajador norteamericano y con el que quiere acabar.

"Los señores de la tecnología", los llamó. "Tenéis algo muy peligroso en este Estado". Bannon lanzó una profecía sobre California, en la que la combinación de las "élites globales" y las políticas progresistas y abiertas que apoyan con su dinero van a producir que el Estado "en 10 o 15 años se separe de la Unión". Cargó a los republicanos con la responsabilidad de "parar esto".

El sur de California es la casa de Bannon. Aquí intentó ser productor y guionista de cine y aquí se metió en el equipo fundador de Breitbart, en Los Ángeles, la web de provocación extremista que le catapultó como referencia de la derecha alternativa. Bannon dirigía Breitbart cuando Trump lo contrató como director de campaña. Tras su salida de la Casa Blanca, volvió a dirigir la publicación, solo que desde Washington. Este viernes se llamó a sí mismo “el brazo derecho externo” del presidente Trump, presumiendo de tener la misma influencia que cuando era estratega jefe de la Casa Blanca.

Son tiempos de anemia política para los republicanos de California. Solo el 26% de los registrados para votar en el Estado están apuntados por el Partido Republicano. Los registrados demócratas son el 45%. Hay más independientes que republicanos en California. Hillary Clinton ganó el Estado más poblado y rico de EE UU por 4.2 millones de votos, una diferencia que viene a explicar casi por sí sola la diferencia global de votos en las elecciones. Aun así, hay 5,2 millones de votantes republicanos en California (más que la población de 29 Estados), y su dinero es fundamental para levantar campañas.

A la derecha de California le costó hacerse de Trump. Hace solo tres años, este partido tenía un candidato a gobernador de origen indio porque estaban convencidos de que solo atrayendo a las minorías conseguirían salir del agujero. Un partido de viejos blancos votándose unos a otros estaba condenado a morir de forma natural, era el comentario más repetido.

En la convención de hace dos años, en este mismo hotel de Anaheim, los republicanos debatieron y aprobaron una enmienda para eliminar la palabra “extranjero ilegal” de sus estatutos. Lo hacían para “dejar de dar miedo” en un Estado donde los latinos ya han superado a los bancos no latinos como la mayoría étnica (más de 14 millones de personas) y votan abrumadoramente al Partido Demócrata.

Y el año pasado, en la convención de San Francisco justo al final de las primarias, este era el Estado de los nevertrumpers, los grupos que prometían dar la batalla hasta el final de las primarias para evitar por todos los medios la victoria de Trump hasta que se hizo inevitable. La demografía de California no ha cambiado en dos años. Bannon intenta convencer a los republicanos de que el camino a la victoria no está en atraer a los inmigrantes, sino en el otro lado, el suyo.

La guerra avanza. El viernes por la noche, los republicanos de California que alumbraron a Ronald Reagan y a Richard Nixon jugó a ser antiestablishment por una noche, a 100 dólares el cubierto, aplaudiendo y riendo a una estrella mediática de la derecha alternativa. Si los Bannon consiguen convencerlos de verdad de sumarse a la rebelión, se verá en las elecciones de 2018. Por cierto, tanto Bush como McCain tuvieron más votos que Trump en Califrornia.

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