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Steve Bannon tras su salida de la Casa Blanca: “La presidencia por la que luchamos, y ganamos, ha terminado”

Trump se ausentará de la ceremonia de los premios artísticos del Kennedy Center

Trump y Bannon, en enero
Trump y Bannon, en enero REUTERS

Steve Bannon cree que su salida de la Casa Blanca supone el fin del populismo nacionalista y rupturista que impregnó la campaña electoral y el inicio de la presidencia de Donald Trump. “La presidencia por la que luchamos, y ganamos, ha terminado”, dijo a la revista conservadora The Weekly Standard poco después de ser cesado, el viernes, como estratega jefe del mandatario. “Seguimos teniendo un movimiento enorme y haremos algo de esta presidencia de Trump. Pero esa presidencia [por la que luchamos] ha terminado. Será otra cosa”, agregó Bannon, que se consideraba el guardián de las promesas electorales del republicano.

Bannon, de 63 años y que llevaba meses en la cuerda floja, asegura que el 7 de agosto presentó su dimisión para que fuera efectiva el día 14, pero que aceptó retrasar su salida por la tormenta política desatada tras los disturbios raciales en Charlottesville (Virginia). La Casa Blanca esgrimió que su salida fue pactada. En su primera valoración del caso, Trump agradeció este sábado en Twitter el "servicio" del controvertido asesor conservador.

Bannon, considerado una referencia para la derecha más reaccionaria, regresa a la publicación Breitbart News, que presidió hasta entrar en la campaña de Trump hace un año y que es una plataforma clave del nacionalismo más extremista y antisistema.

El exdirectivo de Goldman Sachs esgrime que creía que no tenía cabida en el organigrama de la Casa Blanca creado por el nuevo jefe de gabinete, John Kelly, que trata de atajar el caos que rodea a Trump. “Puedo luchar mejor desde fuera. No puedo luchar tanto contra los demócratas desde dentro como puedo desde fuera”, sostuvo.

Culpa de la pérdida de influencia de su retórica rupturista a los llamados “demócratas del Ala Oeste”, es decir los asesores más moderados del presidente, como su hija y yerno, Ivanka Trump y Jared Kushner. Pero, sobre todo, al establishment republicano en Washington que ha impedido que, en sus siete meses de presidencia, Trump logre alguna victoria legislativa. “No son populistas, no son nacionalistas, no tenían ningún interés en su programa. Cero”, señala sobre los republicanos, y sugiere que hay escasas posibilidades de que el presidente logre sus objetivos legislativos, como una reforma sanitaria, plan de infraestructuras o amplia rebaja fiscal.

Bannon cree que el establishment, que tanto él como Trump denostan, tratará de moderar al presidente. Pero advierte de que no será fácil. “Su tendencia natural —y creo que lo viste esta semana sobre Charlottesville—, su posición automática es la de su base, la posición que hizo que ganara las elecciones. Creo que verás muchos límites a eso, creo que será mucho más convencional”, señaló.

Trump recibió el martes una avalancha de críticas de todo el arco político por equiparar a los grupos de extrema derecha y antirracistas que protestaron el pasado sábado en Charlottesville. Un neonazi atropelló intencionadamente a los contramanifestantes, matando a una persona. Pero la posición equidistante de Trump apenas inquieta a su base y uno de los riesgos de la salida de Bannon es que el republicano pierda contacto con los instintos más extremos de sus fieles, que durante la campaña electoral se sintieron atraídos por su retórica incendiaria y antiestablishment.

Una vez fuera de la Casa Blanca, Bannon se siente liberado y promete guerra. “Ahora soy libre. Tengo mis manos de vuelta en mis armas”, dijo a la revista conservadora. “Alguien dijo 'es Bannon el Bárbaro'. Voy a machacar a la oposición. No hay duda. Construí una jodida máquina en Breitbart. Y ahora estoy de vuelta, sabiendo lo que sé, vamos a acelerar esa máquina”, advirtió el que fue jefe de campaña de Trump, desde agosto de 2016, y mano derecha del magnate inmobiliario en la Casa Blanca desde el pasado enero.

Otra tradición cancelada

Por otra parte, la Casa Blanca anunció este sábado que Donald y Melania Trump no asistirán este año a la ceremonia de entrega de premios del Kennedy Center. Son unos de los galardones artísticos más importantes de EE UU y los presidentes suelen recibir a los premiados en la Casa Blanca. “El presidente y la primera dama decidieron no participar este año de las actividades para permitir que los galardonados celebren sin ninguna interferencia política”, reza un comunicado.

Como ya hizo en abril con la cena anual de los periodistas, Trump se salta una nueva tradición de Washington. El presidente mantiene una relación distante con los círculos culturales y su discurso divisivo le ha granjeado nuevos enemigos. Dos de los premiados de este año, el productor y guionista televisivo Norman Lear y la bailarina y coreógrafa Carmen de Lavallade, avanzaron que no iban a asistir al acto de la Casa Blanca en señal de protesta con Trump.

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