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Condenada a prisión una pareja en Túnez por besarse en un coche

Un turista francés de origen argelino y una tunecina han sido sentenciados a cuatro y dos meses de cárcel respectivamente

A Nessim Ouadi, un turista francés de origen argelino de 33 años, le ha tocado padecer la cara más oscura y retrógrada de Túnez, el alumno aventajado de las llamadas “Primaveras Árabes”. Un tribunal de apelación dictó el pasado miércoles una pena firme de cuatro meses de cárcel para Ouadi y de dos meses a una amiga suya de nacionalidad tunecina en un controvertido caso, conocido en el país magrebí como el “asunto del beso”. La pareja fue arrestada el pasado 29 de septiembre mientras se hallaba dentro de un coche cerca de una zona de ocio nocturno de las afueras de la capital y fue acusada de “atentado al pudor”, en un episodio más propio de la Policía de la moral saudí.

Dos jóvenes se abrazan en Túnez en 2012.
Dos jóvenes se abrazan en Túnez en 2012. AFP

En el juicio, se pudo comprobar de nuevo que las versiones de la Policía y de los acusados difieren sustancialmente. Según Ouadi, tras salir sobre las 2.00 de la madrugada de Yuka —una discoteca de referencia de la noche tunecina—, él y su amiga decidieron estacionar el coche al borde de la carretera para conversar, cuando les abordó un vehículo de la Policía. Algunos de sus familiares explicaron a la prensa que estaban abrazados o se habían besado. Uno de sus abogados, Ghazi Mrabet, afirma que entre ellos no hubo ni tan siquiera un beso.

Sin embargo, el informe de la Policía asegura que estaban manteniendo relaciones sexuales. “Lo que se ha difundido en la prensa nacional e internacional es falso. No fueron arrestados por un beso. La pareja estaba completamente desnuda”, aseguró el portavoz de la Fiscalía, Sofiane Sliti, a la agencia France Presse. Ambos se hallan ya cumpliendo la sentencia, que simplemente redujo ligeramente las penas de cárcel del primer juicio, celebrado el 4 de octubre.

En cambio, hay menos discrepancias entre las diversas versiones sobre lo que sucedió después. Tras pedir la documentación de la pareja e inspeccionar el coche, el joven francés filmó a los policías y les pidió que se acreditaran y mostraran su placa. Quizás creyendo que podía actuar con las mismas garantías que en su Francia natal, Ouadi abrió la caja de Pandora. Los agentes decidieron arrestarlos y los trasladaron a comisaría, donde al cargo relativo a su acción “indecente” añadieron el de “desacato a la autoridad policial”.

Más allá de los detalles concretos, el caso ha servido para poner de manifiesto las carencias del sistema judicial del país y una cierta esquizofrenia de la sociedad tunecina en cuestiones morales. Hace tan solo un mes, Túnez se convirtió en el primer país árabe en permitir el matrimonio de las mujeres musulmanas con hombres de otras religiones, dando pie a intelectuales y políticos a presumir de lo progresista y tolerante que es el país. No obstante, la homosexualidad todavía está tipificada como delito en el Código penal, y los besos en la boca están prohibidos en público.

“Esta sentencia es contraria a la Constitución del país, que garantiza el derecho a la privacidad y a la libertad de conciencia. La Policía no puede ejercer de guardiana de la moral y entrometerse en la vida privada de los ciudadanos”, denuncia Amna Guelali, responsable de la ONG Human Rights Watch en Túnez. Durante la dictadura de Ben Alí, los agentes solían aprovechar algunas leyes o decretos de carácter conservador para extorsionar a los ciudadanos, amenazándolos de imputarles actos que no habían cometido para obtener una mordida. La práctica todavía no ha desaparecido. Ahora bien, temeroso el Gobierno de antagonizar a la Policía en plena “guerra contra el terrorismo”, todavía no se ha producido una reforma profunda del Ministerio de Interior tras la Revolución del 2011.

“El otro problema que evidencia el caso actual es la falta de garantías procesales. Se han violado varios derechos: a disponer de un abogado inmediatamente tras el arresto, tomar declaración con un traductor —habida cuenta que uno de los acusados no habla árabe—, y el derecho a contactar con el consulado francés”, lamenta Guelali. Las organizaciones de derechos humanos han criticado en numerosas ocasiones la impunidad policial ante los centenares de abusos y torturas que se registran en las comisarías y cárceles cada año. “Es un problema crónico: a menudo, los jueces dan por buena la versión de la Policía, sin tan siquiera cuestionarla”, espeta. El “asunto” va mucho más allá de un beso.

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