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Charlottesville acelera la retirada de los polémicos símbolos de la América confederada

Unos manifestantes derrumban una estatua en Carolina del Norte y varias ciudades anuncian nuevas iniciativas

La estatua derribada en Durham. REUTERS

La violenta protesta de la extrema derecha en Charlottesville (Virginia) ha dado un nuevo impulso al acalorado debate sobre los símbolos de la Guerra Civil en Estados Unidos. El debate coloca al sur del país ante el espejo del pasado. Durante el conflicto, en el siglo XIX, los Estados sureños de la Confederación defendían la esclavitud frente a los de la Unión, que vencieron y liberaron a los esclavos negros. Un grupo de manifestantes derribó el lunes en Durham (Carolina del Norte) una estatua de soldados de la Confederación, mientras aumentan las ciudades que abogan por desmantelar símbolos de la época.

Tras los disturbios en Virginia, los alcaldes de Baltimore (Maryland) y Lexington (Kentucky) anunciaron que continuarán con sus planes de retirada de monumentos confederados, mientras que Memphis (Tennessee) y Jacksonville (Florida) desvelaron nuevas iniciativas. En paralelo, el gobernador de Tennessee, el republicano Bill Haslam, se adentró en un debate que lleva dos años en auge en su Estado: pidió sacar del Capitolio un busto de Nathan Bedford Forrest, un general de la Confederación y uno de los primeros miembros del Ku Klux Klan.

La decisión del Ayuntamiento de Charlottesville, paralizada por la justicia, de retirar una estatua del general confederado Robert E. Lee llevó el sábado a grupos supremacistas blancos a protestar en la ciudad y desatar el caos, provocando la muerte de una mujer —arrollada por un vehículo conducido por un neonazi— y una tormenta política en torno a Donald Trump. Inicialmente, el presidente no condenó enérgicamente la violencia de la extrema derecha.

La estatua de Durham fue derribada por unos vándalos, que ataron una soga al cuello del monumento y lo tumbaron. Una vez en el suelo, le dieron patadas. La protesta reclamaba el desmantelamiento de todos los símbolos confederados en Carolina del Norte “para que no maten a más gente inocente”. Los organizadores de la protesta se referían a los disturbios de Charlottesville.

El revisionismo de los símbolos de la guerra civil pasó de ser un debate latente en el sur de EE UU a dominar la escena nacional tras una matanza racista en junio de 2015 en Carolina del Sur. Dylann Roof, un joven supremacista blanco, mató a nueve negros en una iglesia de Charleston. El hecho de que Roof abogara por una “guerra racial” y luciera banderas confederadas reabrió el debate sobre la enseña que colgaba frente al Capitolio estatal, en Columbia. Tras semanas de presión, los legisladores aprobaron la retirada de la bandera confederada.

Gigantes comerciales, como Amazon, decidieron dejar de vender esas banderas y arreció la oposición a monumentos confederados en EE UU. Desde 2015, al menos 60 han sido desmantelados o renombrados, según datos recopilados hasta abril del Southern Poverty Law Center (SPLC), referencia en el estudio del extremismo.

Sin embargo, los esfuerzos para retirar esos símbolos han alentado protestas de partidarios y detractores, y han dado visibilidad a grupos de extrema derecha, que los consideran un reflejo de la herencia blanca y han hecho demostraciones de fuerza en Charlottesville o Nueva Orleans. Es habitual, sobre todo en el sur, que haya calles, escuelas o estatuas bautizadas con nombres de personalidades de la vieja Confederación esclavista. Existen 718 monumentos de este tipo en el país, según el SPLC.

Para los detractores, los símbolos confederados recuerdan desde la esclavitud a la segregación legal de los negros, vigente hasta los sesenta. Para los partidarios, son una muestra de patriotismo.

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