Amnistía Internacional acusa a Alemania de racismo institucional

Los crímenes motivados por el odio alcanzan niveles máximos. La estadística oficial muestra que los refugiados sirios o iraquíes cometen menos delitos que los alemanes

Vecinos de Bautzen (en el Estado alemán de Sajonia) frente al hotel que debía acoger a 300 refugiados y fue incendiado en la noche del 20 de marzo.
Vecinos de Bautzen (en el Estado alemán de Sajonia) frente al hotel que debía acoger a 300 refugiados y fue incendiado en la noche del 20 de marzo. Sean Gallup (Getty)

“Nunca en la historia de la República Federal de Alemania había habido tantas agresiones racistas”. Selmin Çalikan, secretaria general de la filial alemana de Amnistía Internacional (AI), presentó el jueves un diagnóstico muy negativo sobre la convivencia con el diferente en Alemania. “Casi cada día hay personas amenazadas, insultadas o heridas; o un centro de refugiados es atacado”, continuaba. El informe Vivir en la inseguridad: cómo Alemania deja a su suerte a las víctimas de la violencia racista recoge datos de agresiones recolectados por el Gobierno y varias ONG; pero además también acusa al Estado de “racismo institucional”, por fomentar un trato desigual a las víctimas en función de su color de piel.

El ministro de Justicia, Heiko Maas, recogió en su cuenta de Twitter el mensaje de AI. "Las revelaciones de Amnistía son muy valiosas. El Estado de derecho no puede tolerar la violencia racista”, aseguró el ministro y dirigente socialdemócrata, él mismo víctima de amenazas de muerte por parte de ultraderechistas.

El informe recoge también las estadísticas del Ministerio del Interior que recogen esta inflación criminal: los ataques a centros de refugiados han pasado de 63 en 2013 a 1.031 el año pasado; las agresiones violentas provocadas por prejuicios casi se duplicaron en 2015 al llegar a las 980. La Fundación Amadeu Antonio estima además que las agresiones violentas contra solicitantes de asilo pasaron de 81 en 2014 a 183 en 2015.

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El grupúsculo fascista NSU –siglas de Clandestinidad Nacionalsocialista- asesinó en la década pasada a diez personas, nueve de ellas de origen extranjero. La impunidad con la que esta célula actuó durante 11 años supuso un fracaso colectivo tanto de las estructuras institucionales del país –que achacaban la muerte a grupos de mafia extranjeros- como de los medios de comunicación, que durante años se refirieron a estos crímenes como “los asesinatos del kebab”, dando a entender que se trataba de un problema de gentes de color de piel oscuro. Beate Zschäpe, la única superviviente de los tres supuestos miembros de la banda, afronta un juicio en Múnich desde hace tres años. Amnistía señala que este caso que conmocionó al país no es algo aislado.

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“Las autoridades alemanas han aprendido poco de las muertes de la NSU. Hay síntomas claros de que las autoridades tienen un problema: el racismo institucional”, aseguró Çalikan. Al pedirle ejemplos concretos, la representante de Amnistía señaló el caso de policías que no reconocen estar ante un caso de racismo, aunque tengan ante sí los elementos necesarios para detectarlo; u otras casos en las que las víctimas son tratadas como culpables. Marco Perolini, autor del informe, apunta ejemplos concretos ocurridos en el este del país en el que agresiones racistas se clasificaron como criminalidad habitual; o ataques a centros de refugiados que quedan impunes.

Perolini explica que el incremento de agresiones no es algo exclusivo de Alemania –señala que algo parecido ocurre en países como Francia, Suecia o Bulgaria-, pero explica que es muy difícil hacer comparaciones entre países porque no existen estadísticas homologables.

El informe de Amnistía Internacional llega un día después de que el Gobierno publicara la estadística sobre delitos perpetrados por refugiados en el primer trimestre del año, periodo en el que los solicitantes de asilo cometieron 69.000 delitos, la mayor parte robos y falsificaciones. Un portavoz del Ministerio del Interior explicó el distinto comportamiento según nacionalidades: los sirios, iraquíes y afganos cometen de media menos delitos que los ciudadanos alemanes de su misma edad y sexo; los argelinos, marroquíes, georgianos y serbios superan en cambio la media.

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Sobre la firma

Luis Doncel

Es jefe de sección de Internacional. Antes fue jefe de sección de Economía y corresponsal en Berlín y Bruselas. Desde 2007 ha cubierto la crisis inmobiliaria y del euro, el rescate a España y los efectos en Alemania de la crisis migratoria de 2015, además de eventos internacionales como tres elecciones alemanas o reuniones del FMI y el BCE.

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