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Alemania tensa las relaciones con Turquía al reconocer el genocidio armenio

Una abrumadora mayoría de diputados respalda la resolución pese a las amenazas de Erdogan

Berlín / Estambul

Alemania dio el jueves un paso que amenaza con enturbiar sus relaciones con Turquía, el país que la canciller Angela Merkel ha señalado como el socio clave para resolver la crisis de refugiados. El Parlamento recordó la masacre armenia cometida por el Imperio Otomano en 1915 con una palabra que, un siglo después, aún levanta ampollas en Ankara: “genocidio”. Pese a las amenazas del presidente Recep Tayyip Erdogan, una abrumadora mayoría de diputados respaldaró la resolución. La duda ahora es cómo va a reaccionar Erdogan; y si su enfado afectará al acuerdo con la UE para contener los flujos migratorios. Tras la votación, Ankara ha llamado a consultas a su embajador en Alemania.

Activistas y clérigos armenios en el Parlamento alemán.

Los hechos sucedidos hace un siglo ejemplifican “las matanzas masivas, la limpieza étnica, las expulsiones y los genocidios que marcaron el siglo XX de una manera tan terrible”, asegura el texto, que incluye una autocrítica por el papel en la masacre del Imperio alemán, aliado entonces de los otomanos. La resolución, pactada previamente por democristianos, socialdemócratas y verdes, contó solo con un no y una abstención. La iniciativa es fruto de la presión de los diputados en contra de los intereses de los líderes de la gran coalición, a los que el choque con Erdogan puede dar más de un dolor de cabeza. En la sesión parlamentaria no participaron ni la canciller Merkel ni el ministro de Exteriores, el socialdemócrata Frank-Walter Steinmeier. Tras la votación, un grupo de armenios invitados al Bundestag mostraron carteles con un mensaje muy simple: “Gracias”.

El presidente alemán, Joachim Gauck, ya se refirió el año pasado a lo ocurrido un siglo antes como “genocidio”. Pero la resolución parlamentaria llega ahora en un momento mucho más complicado. El acuerdo migratorio pactado con Turquía a instancias de Merkel choca con la negativa de Erdogan a aceptar las exigencias europeas sobre legislación antiterrorista y con un tono cada vez más bronco del presidente turco. La oposición alemana reprocha a la canciller haberse echado en manos de Erdogan tras años de desinterés. “Merkel ha viajado más a Turquía en estos diez meses que en sus primeros diez años de mandato”, decía esta semana el diputado verde Cem Özdemir, impulsor de la resolución, en una reunión con periodistas extranjeros.

Los líderes turcos no se han preocupado de ocultar las presiones esta semana. El presidente Erdogan y el primer ministro, Binali Yildirim, llamaron a Merkel para instar a que prevaleciera el “sentido común”. Erdogan dejó claro que la aprobación de la resolución "dañará naturalmente los lazos diplomáticos, económicos, políticos y militares” entre ambos países. El presidente del Bundestag, el democristiano Norbert Lammert, logró un sonoro aplauso cuando dijo que la Cámara que él preside ni se deja intimidar por las amenazas ni se pone de lado ante las cuestiones incómodas.

La respuesta de Ankara a los Estados que han calificado de “genocidio” lo que en Turquía es habitualmente señalado como “los hechos de 1915” ha sido la llamada a consultas de sus embajadores y un enfriamiento de las relaciones, como ya ocurrió con Francia en 2011 y Austria el pasado año. Sin embargo, han sido medidas temporales y al cabo de unos meses, la situación ha regresado a la normalidad.

En esta ocasión, el primer ministro Yildirim ha pedido que se “deje a los historiadores” investigar sobre el pasado, en lugar de utilizarlo “con fines políticos”. Turquía reconoce la muerte de cientos de miles de armenios durante las deportaciones ordenadas por el entonces Imperio Otomano en 1915 pero arguye que se produjeron dentro de un contexto de violencia generalizada –decenas de miles de turcos, kurdos y circasianos también fallecieron a manos de los armenios en Anatolia Oriental-. Los historiadores oficialistas turcos mantienen que la deportación de diversas minorías –armenios, griegos, siríacos y, en menor medida, kurdos- durante la Primera Guerra Mundial fue necesaria ya que parte de ellos había tomado las armas y se había aliado con el invasor ruso. En los últimos años, Erdogan ha enviado mensajes de condolencias a los familiares de las víctimas de esa época subrayando “el dolor común” de turcos y armenios. Iluso en 2014 llegó a calificar de “inhumanas” las deportaciones llevadas a cabo por el Gobierno otomano.

Lo que Turquía rechaza es la acusación de genocidio que se le achaca al Estado del que es sucesor legal, el Imperio Otomano, algo que “carece de fundamento alguno”, según una resolución conjunta de tres de los cuatro grupos políticos del parlamento turco (islamistas, socialdemócratas y nacionalistas). Según este texto, la proposición alemana es además “contraria a la legalidad” ya que ignora un veredicto del Tribunal Europeo de Derechos Humanos del pasado octubre en el que se absolvió al político turco Dogu Perinçek de la pena que se le había impuesto en Suiza por negar el genocidio. Alegaba la corte de Estrasburgo que no hay consenso sobre la calificación de lo ocurrido en 1915 ya que el crimen de genocidio no se definió como tal hasta 1948.

Una diálogo a trompicones

Andrés Mourenza

La buena sintonía entre Ankara y Berlín durante los últimos meses ha permitido tejer el acuerdo antimigratorio firmado por la Unión Europea y Turquía el pasado marzo. De hecho, pese a la rabieta de las autoridades turcas por la aprobación de la resolución parlamentaria alemana, el primer ministro Binali Yildirim ya había avisado de que, en todo caso, no afectará a las disposiciones del pacto euro-turco.

No en vano, este jueves viajaban a Turquía funcionarios de la UE para iniciar la negociación de los aspectos técnicos de la liberalización de visados que, una vez concluida, permitirá a los turcos viajar a territorio Schengen sin necesidad de solicitar visados con anticipación. Es esta la principal contrapartida que el Club de los Veintiocho ha ofrecido al país euroasiático a cambio de ejercer de guardián de su frontera suroriental.

Con todo, las conversaciones sobre los visados marchan a trompicones y durante el mayo se paralizaron al no cumplir Turquía algunos de los 72 criterios exigidos por Bruselas. El más peliagudo es aquel que atañe a suavizar la legislación antiterrorista turca, cosa que el presidente Recep Tayyip Erdogan ya ha definido como línea roja. El nuevo ministro turco de Asuntos Europeos, Ömer Çelik, dijo este miércoles en Bruselas que "no es realista" esperar que Turquía modifique sus normas en este tema cuando "está bajo ataque" de organizaciones como el Estado Islámico, el PKK kurdo o el DHKP-C (extrema izquierda).

Lo cierto es que por el momento Turquía ha cumplido con su parte del trato y desde la entrada en vigor del polémico acuerdo ha incrementado la vigilancia en la costa del mar Egeo, con lo que las llegadas de migrantes y refugiados a las islas griegas se han reducido a unas 40 diarias de las más de 2.000 que se producían en enero y febrero. Unas 400 personas que habían cruzado ilegalmente han sido devueltas a Turquía, la mayoría de ellos de nacionalidad paquistaní, afgana y bangladesí, que actualmente están encerrados en centros de detención en espera a ser devueltos a sus respectivos países a menos que sus casos merezcan especial protección. Un alto cargo del Ministerio de Exteriores turco explicó a este diario que Ankara ya ha cerrado acuerdos de repatriación con varios países, entre ellos Paquistán (en el caso de Afganistán aún está en proceso de negociación). "No significa que vayamos a utilizarlos, pero sí que servirán de instrumento disuasorio", afirmó la fuente. Diversas organizaciones de derechos humanos han denunciado el acuerdo antimigratorio debido a que, en su opinión, no se puede considerar a Turquía como "país seguro" precisamente porque podría deportar a sus países de origen a personas que allá podrían encontrarse en peligro.

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