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23.000 especies en peligro

La degradación de sus hábitats por el impacto de la acción del hombre hace desaparecer animales y plantas

Orangután de Sumatra
Orangután de Sumatra, amenazado por la degradación de su hábitat.

"El cambio climático se nota a lo grande aquí en el Ártico. Actuemos en la mayor amenaza de nuestro tiempo. Quizá no podamos salvar a este oso, pero cada pequeña acción para cambiar de rumbo es un paso en la dirección adecuada”. La fotógrafa alemana Kerstin Langenberger escribió estas frases en su muro de Facebook en agosto pasado. Acompañaban a la imagen de un oso polar en Svalbard, unas islas en el océano Ártico que pertenecen a Noruega. El animal, en los huesos, empapado, vulnerable, camina renqueante sobre una exigua placa de hielo. Su estampa dio la vuelta al mundo.

Es imposible –la fotógrafa confiesa que también lo desconoce– saber por qué ese oso polar estaba en esas condiciones. Sin embargo, la impactante fotografía del animal famélico se convirtió en una imagen icónica. Sirvió para que miles de personas se interesaran por una de las muchas consecuencias indeseables del cambio climático: sus efectos en la biodiversidad. Porque lo que sí tienen claro los científicos es que la mayor amenaza a la supervivencia del oso polar es el calentamiento. Existe una alta probabilidad de que la población global de osos polares disminuya en más de un 30% en los próximos 35 a 40 años, alerta la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

El calentamiento ya está cambiando el ecosistema y las relaciones entre las distintas especies

El calentamiento ya está cambiando el ecosistema y las relaciones entre las distintas especies. En el caso del oso polar, está provocando la pérdida de su hábitat. Estos animales dependen de la capa de hielo para tener acceso a sus presas (focas principalmente), pero los periodos sin hielo son ahora cada vez más largos, lo que les deja sin comida mucho tiempo. Los osos se ven obligados a pasar 30 días más, de media, en tierra a causa de la pérdida de hielo durante el verano, lo que dificulta su acceso al alimento y favorece la interacción con el hombre, según un estudio sobre el mar de Chukchi, en el océano Ártico, publicado hace unos días en la revista Plos One. Los científicos también han observado por primera vez a osos polares en Svalbard comiendo delfines: algo doblemente insólito porque esta especie nunca se encuentra tan al norte en primavera.

Pero el impacto del cambio climático va mucho más allá de esta especie emblemática, como recuerda Wendy Foden, bióloga del grupo de cambio climático de la UICN. Una de cada seis especies de animales y plantas se extinguirá si se cumple el peor de los escenarios que vaticinan los científicos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) si el mundo sigue emitiendo gases de efecto invernadero. Un trabajo publicado en Science hace unos meses recopilaba estudios que analizan la relación entre el calentamiento global y la biodiversidad y recordaba algo que ya sabemos: decidan lo que decidan los políticos en la Cumbre de París, parte de las especies del planeta ya están condenadas a la extinción. La cuestión es si serán más o menos.

Impactante imagen de un oso polar famélico que dio la vuelta al mundo el año pasado en las redes sociales. ampliar foto
Impactante imagen de un oso polar famélico que dio la vuelta al mundo el año pasado en las redes sociales.

La UICN acaba de reevaluar su Lista Roja de Especies Amenazadas, el inventario más completo del mundo del estado de conservación de casi 80.000 especies de animales y plantas. Más de 23.000 están amenazadas de extinción. Como en el caso del oso polar, la degradación del hábitat es también la principal amenaza para muchas especies de hongos (muy importantes en los ecosistemas), y la pesca excesiva, el primer motivo de declive de los peces óseos marinos, de los que se alimentan más de 340 millones de personas en regiones del Atlántico Centro-Oriental y del Gran Caribe. “El oso polar es un ejemplo prominente, pero el cambio climático amenaza a la mayor parte de las especies de coral, el Aloe dichotoma y muchas especies de montaña. Las especies de foca que dependen del hielo están en proceso de revaloración porque el calentamiento supone un enorme nuevo peligro para ellas”, explica Foden.

Moverse o adaptarse

Con la vista puesta en la decisiva cumbre, también WWF ha publicado un informe sobre el impacto del cambio climático en la biodiversidad. Fotos de especies emblemáticas ayudan a entender lo que ya está pasando: que el calentamiento las obliga a desplazarse o a adaptarse, y que a algunas ni siquiera les va a dar tiempo. Luis Suárez, biólogo y responsable de especies de WWF, explica que el IPCC predice que con dos o tres grados más de temperatura, el riesgo de extinción afectaría al 30% de las especies. “Las más amenazadas son las que tienen poca capacidad de desplazarse o las que viven en hábitats muy concretos, como los de montaña, donde ya no tienen escapatoria”, añade. WWF recuerda los casos del panda (por el cambio en la distribución de los bosques de bambú), el orangután de Sumatra (por la degradación de su hábitat) o la ballena azul.

La cuenca mediterránea es una de las regiones más afectadas y eso se nota en muchas especies vegetales, como recuerda Fernando Valladares, ecólogo y profesor de investigación del CSIC: “En las montañas, por ejemplo, se percibe un ascenso de entre 40 y 70 metros de la presencia de las especies más características. En zonas de alta montaña, las especies no pueden ir más arriba. No hay extinciones masivas, pero sí hay poblaciones de zonas más bajas que empiezan a mezclarse genéticamente. Es una forma de extinción silenciosa”.

Menos alimentos

Lo dice la organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO): el cambio climático empeorará las condiciones de vida de agricultores, pescadores y quienes viven de los bosques. “Los ecosistemas siempre han sido esenciales para proporcionar recursos como agua, aire limpio, comida y medicinas a las poblaciones. Son nuestros aliados en la adaptación al cambio climático, así que si dejamos que se degraden o se destruyan nos hacemos daño a nosotros mismos”, asegura Wendy Foden, de la UICN. “El calentamiento ya se nota en la pesca: las zonas de gran productividad están cambiando, las temperaturas más altas hacen que los peces sean más pequeños, algunas especies están disminuyendo. La acidificación del océano también está afectando ya a los arrecifes de coral y a la industria de los moluscos marinos. La agricultura comercial depende de la biodiversidad para la polinización, el control de plagas y de la increíble microfauna y hongos que hacen la tierra fértil”.

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