Berlín pretende mejorar la oferta a Ankara para que frene a los refugiados

Los Veintiocho ofrecen "inicialmente" 3.000 millones a Ankara Mogherini: "No es dinero para Turquía, es dinero para los refugiados"

El presidente Erdogan este sábado en Burhaniye.
El presidente Erdogan este sábado en Burhaniye.Yasin Bulbul (AP)

Europa escenificó este domingo su nueva relación con Turquía y le ofreció 3.000 millones de euros y otras ventajas si contiene el flujo de refugiados. Alemania quiere más: convocó una minicumbre para forjar un frente y mejorar sustancialmente esa oferta, siempre que Turquía controle sus fronteras. Pese a la oposición feroz del bloque del Este, la canciller Angela Merkel quiere poder llevarse a los refugiados en origen acogiendo a unas 400.000 personas con derecho a asilo, según algunas fuentes, que procedan directamente de Turquía, evitando las mafias. La Comisión detallará el plan, voluntario, en 15 días.

En la difícil y tormentosa relación entre esas dos criaturas de la geopolítica que son Oriente y Occidente, Turquía ha sido fundamental para Europa, pero a la vez ese vínculo ha sido siempre un imán para multitud de problemas. La cumbre UE-Turquía es la confirmación de un cambio de tendencia, después de años tormentosos que han mejorado súbitamente con el estallido de la crisis de refugiados. Turquía llevaba tiempo flirteando con Moscú, frotándose las manos con el gas ruso, harta de las advertencias de Bruselas sobre los derechos civiles, sobre el Kurdistán y sobre los planes de Recep Tayyip Erdogan para convertir el régimen presidencialista de facto en uno de iure. El derribo de un caza ruso ha puesto de manifiesto los problemas de la relación con Moscú. Y la crisis de refugiados le devuelve protagonismo en Europa: la cumbre de Bruselas escenificó ese “nuevo comienzo” en las relaciones UE-Turquía, según el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu.

“Compartimos el destino del continente europeo y los desafíos geopolíticos, incluyendo el asunto migratorio”, dijo Davutoglu con la fanfarria de las grandes ocasiones. El primer ministro volvió a su país con un ramillete de promesas bajo el brazo: la UE, que hasta hace poco remoloneaba por 1.000 millones, ofrece ahora 3.000 millones de euros “inicialmente”, aunque no hay apenas detalles al respecto. “No es dinero a cambio de refugiados, eso sería inmoral; se trata de mejorar las condiciones para los refugiados sirios”, apuntó el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

Los socios se comprometen a liberalizar los visados un año antes de lo previsto, siempre que Ankara adelante a 2016 la aplicación de los acuerdos de readmisión: debe aceptar a los inmigrantes irregulares sin derecho a asilo que hayan cruzado a Europa por suelo turco. Y se reabre el proceso de adhesión de Turquía a la UE, tras años encallado. Tanta generosidad tiene un objetivo: que Ankara se involucre más en la crisis de refugiados, incluso si para ello hay que pasar por alto las vulneraciones de derechos en la Turquía de Erdogan.

Más de 876.000 inmigrantes han llegado a Europa por el Mediterráneo, según Acnur. Tusk explicó que las llegadas totales superan los 1,5 millones. El destino principal es Alemania: Merkel, cada vez más nerviosa por ese asunto, presionó de lo lindo en favor de Turquía, dentro y fuera de la reunión. Berlín organizó una minicumbre paralela: un frente que busca mejoras sustanciales para Ankara siempre que cumpla sus promesas.

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Alemania quiere que la UE ofrezca un programa ambicioso de reasentamiento, para acoger refugiados que estén en Turquía si mejora el control de fronteras. Merkel metió en ese grupo a países de entrada (Grecia), tránsito (Austria) y los destinos preferidos (Suecia, Finlandia, Holanda, Bélgica, Luxemburgo y la propia Alemania), con escaso éxito, según las fuentes consultadas. Aun así, la Comisión recogió el guante: en 15 días preparará una propuesta para los países que, voluntariamente, quieran explorar la posibilidad de traer directamente de Turquía a los refugiados.

Sobre la firma

Claudi Pérez

Director adjunto de EL PAíS. Excorresponsal político y económico, exredactor jefe de política nacional, excorresponsal en Bruselas durante toda la crisis del euro y anteriormente especialista en asuntos económicos internacionales. Premio Salvador de Madariaga. Madrid, y antes Bruselas, y aún antes Barcelona.

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