Expertos cubanos desde dentro y fuera de la isla analizan el deshielo

John Kerry izará la bandera de Estados Unidos en La Habana el 14 de agosto

Una anciana es vista hoy, miércoles 12 de agosto, en un edificio aledaño a la embajada de Estados Unidos en La Habana (Cuba).
Una anciana es vista hoy, miércoles 12 de agosto, en un edificio aledaño a la embajada de Estados Unidos en La Habana (Cuba).Alejandro Ernesto (EFE)

Raúl Castro y Barack Obama se marcaron un objetivo cuando se reunieron en abril en Panamá en la Cumbre de las Américas. Las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, rotas desde 1961, se darían por restablecidas cuando volviesen a abrir sus respectivas embajadas. Las dos reabrieron el 20 de julio, pero solo se celebró la ceremonia cubana en Washington y la de Estados Unidos en La Habana quedó para el 14 de agosto. Este viernes, el secretario de Estado John Kerry verá izarse la bandera de Estados Unidos en Cuba y el primer paso de Obama y Castro tendrá el cierre simbólico.

“Luego de 70 años de que otro canciller norteamericano viajara a la isla, la visita de Kerry es de una importancia extraordinaria”, dice el historiador cubano Rafael Rojas, asentado en México. “No me cabe duda de que la consumación del restablecimiento de vínculos entre ambos países será estudiada como un hito de la historia hemisférica, con independencia de que los contenidos de la nueva relación no sean tan profundos”.

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La visita del secretario de Estado completará formalmente un episodio diplomático. Pero todos se preguntan por los cambios; cuáles, cómo, cuándo.

Castro, presidente de Cuba, dijo después del anuncio de deshielo del 17 de diciembre que el proceso sería “largo y difícil”. El economista y politólogo Esteban Morales, de la Universidad de La Habana, propone una visión similar del camino por andar: “Complejo, tedioso, largo”. Cree que la presencia de Kerry en La Habana supone “reconocer a Cuba como ninguna administración anterior lo había hecho” pero avisa de que “ese restablecimiento formal de las relaciones aún tendrá que asentarse como una realidad sin vuelta atrás”.

Las principales tensiones son el embargo de Estados Unidos al comercio internacional con Cuba y la exigencia de Estados Unidos a Cuba de que promueva las libertades civiles. “De la manera en que ambos gobiernos manejen diplomáticamente ese núcleo del conflicto depende, en buena medida, que la normalización salga a flote”, dice Rojas.

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El sociólogo cubano Haroldo Dilla, profesor en la Universidad Diego Portales de Santiago de Chile, opina que la visita de Kerry es un paso trascendente “en el desmantelamiento de todo el andamiaje del diferendo”. Piensa que todo el legado de enfrentamiento tardará en esfumarse. Que ocurrirá, pero con tiempo: “Su complejidad es tal que con seguridad no morirá por decapitación sino por desangramiento”.

Jorge Duany, director del Instituto de Estudios Cubanos de la Universidad Internacional de Florida, se pregunta si Kerry continuará la agenda tradicional de Washington y se reunirá “con los líderes de las principales organizaciones opositoras”. Eso puede indicar la línea que vaya a seguir la Casa Blanca en Cuba a través de su embajada. De momento el rumbo parece alejarse del fuerte contacto de antaño con la disidencia: el viernes, día de la visita de Kerry, los opositores de la isla no estarán invitados.

Carlos Alzugaray, del Centro de Estudios sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana, piensa que es “inevitable” que Estados Unidos matice su relación prioritaria con los opositores de dentro de Cuba e incluya “relaciones de cooperación tanto con instituciones gubernamentales como con organizaciones que apoyan al Gobierno de manera crítica sin ser parte del mismo”. La embajada, ilustra Alzugaray, tendrá que dejar atrás la imagen de querer “interferir” en la política cubana y adentrarse en lo que Raúl Castro ha denominando como “el arte de tener relaciones civilizadas”.

Lo político estará influido por lo económico, el flanco que se espera que cambie en Cuba con más fluidez. “La economía podrá dar sus primeros pasos de recuperación con esta relación con Estados Unidos, y la sociedad recobrará la posibilidad de pensar en algo más que en emigrar y sobrevivir”, dice Dilla.

Dunay sostiene que la reapertura de la embajada en La Habana se notará a medio plazo en la “normalización” del comercio, las comunicaciones y los intercambios entre cubanos y estadounidenses. Y en los próximos tres años, indica Rojas, habrá “sucesión de poderes”. En 2016 habrá elecciones presidenciales en Estados Unidos y Castro ha dicho que dejará el poder en 2018. Según Rojas esto creará una combinación de reforma económica y presión “a favor de derechos civiles” que irá reconformando el panorama cubano.

Morales anota que en Cuba se contienen las ilusiones. “Las relaciones internacionales son un verdadero campo de batalla. Todo hay que verlo en términos de oportunidades que no se pueden perder, aunque haya que enfrentar muchos riegos”.

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