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“Los iraníes buscamos restaurar nuestra dignidad en el mundo”

Grupos de jóvenes festejan el pacto nuclear recordando en las calles de Teherán a los líderes del Movimiento Verde

El ayatolá Jameneí saluda a estudiantes universitarios en Teherán el 11 de julio.
El ayatolá Jameneí saluda a estudiantes universitarios en Teherán el 11 de julio. EFE

Varios miles de jóvenes iraníes han aprovechado la noche de este martes el pretexto del acuerdo nuclear para recordar que el Movimiento Verde que inundó de protestas las calles en 2009 sigue vivo y corear eslóganes pidiendo la liberación de sus líderes. “Ya Hosein, Mir Hosein”, “Ya Mehdi, jeque Mehdi”, repetían en referencia a Mir Hosein Musavi y Mehdi Karrubi, los dos políticos que cuestionaron el resultado de las elecciones presidenciales de 2009 y cuyas protestas desataron la mayor crisis política desde la fundación de la República Islámica.

Desde la caída de la noche, poco después de que se rompiera el ayuno de Ramadán, grupos de gente, en su mayoría jóvenes, han ido reuniéndose en las plazas de Vanak, Vali Asr, Tajrish, Madar, en varios puntos de Teherán, haciendo oídos sordos a las advertencias de los más conservadores. Aunque su número era comparativamente pequeño para una ciudad de 15 millones de habitantes, los observadores apuntaban al valor de su presencia tras la represión que sufrió el Movimiento Verde.

“Pedimos la liberación de los presos políticos porque ellos fueron el principio de este movimiento hacia la democracia”, asegura Ershad, un profesor de inglés de 27 años, en Vanak. “El acuerdo nuclear alcanzado este martes es un cambio radical en la política exterior de Irán y confiamos en que mejore nuestra imagen y también nuestra economía”, añadía en medio del ruido de las bocinas que desde la calzada animaban a los manifestantes.

“Somos gente civilizada, queremos la paz”, añadía su compañero Mir Abbas, de 29 años. A su alrededor, la multitud coreaba “Parlamento, ¿te das cuenta del acuerdo?”, dirigiéndose a los conservadores que sólo han aceptado la negociación a regañadientes porque tenía el respaldo del líder supremo. “Ya sólo nos falta elegir un nuevo Parlamento en febrero”, apuntaba una mujer.

La policía, que había cortado el tráfico en la zona de la plaza donde se hallaban los manifestantes, observaba sin intervenir. Un poco más al norte, en el cruce de Parkway, una mujer portaba una pancarta en la que daba las gracias a Zarif, el ministro de Exteriores y jefe negociador iraní.

Al sur, en la plaza de Vali Asr, donde el número de manifestantes era mayor, un nutrido despliegue de policías, incluidos algunos antidisturbios, impedía que ocuparan el centro y bloquearan la circulación. “Viva Zarif, viva Rohani”, coreaba la multitud entre menciones a Musavi y Karrubi.

El calor, el ayuno de Ramadán y un cierto escepticismo tras 20 meses de negociación anestesiaron la reacción de júbilo de los iraníes, que no obstante esperan a ver el fin de las sanciones para celebrarlo. Muchos temen aún que Occidente no cumpla sus compromisos. Sin embargo, no dudan de que Irán lo hará porque, aseguran, “necesita el levantamiento de las sanciones” y “lo que ha cedido tampoco es tan sustancial”.

“No creo que las cosas cambien muy rápido, pero los iraníes buscamos restaurar nuestra dignidad en el mundo y que recibamos un trato equitativo y el acuerdo puede ser un paso importante”, afirma Amir Diba, un joven estudiante de metalurgia.

Muchos iraníes observan el caso nuclear como un asunto del orgullo nacional, pero sobre todo quieren ver sus efectos positivos en la economía de su país. Samaneh Hedayat explica que “el Gobierno tiene que generar empleos seguros para que los jóvenes contraigan matrimonio, espero que levanten las sanciones y que los jóvenes disfruten de una situación económica más estable”. Esta ama de casa se queja de que su hijo, ingeniero eléctrico, tenga que trabajar en una agencia de taxis.

Los 35 años de falta de relaciones con EE UU y diferencias con Occidente han hecho que la gente vea con recelo el cumplimiento de lo que se pueda haber firmado. Hamid Valipur, un tendero cincuentón, opina que “el acuerdo no cambia nada en nuestras relaciones con EEUU, porque después del pacto sin duda, nos presionarán con el tema de derechos humanos, luego con el asunto de Palestina, después con Yemen”. En su opinión, “será inevitable una confrontación con EE UU en los próximos diez años”.

No todos son tan pesimistas. Un alto porcentaje de los jóvenes, que han nacido después de la Revolución Islámica y que apenas se acuerda de ocho años de guerra contra Irak, tienen mayores expectativas sobe el futuro de las relaciones de su país con Occidente, y en especial con EE UU.

Leyla, estudiante de artes plásticas, señala que “el acuerdo puede ser un primer paso para la normalización de las relaciones con EE UU, porque no tenemos que quedarnos con el estereotipo del Gran Satán”. Su novio, Farhad, añade muy animado que “si se abre la Embajada estadounidense en Irán, influirá muchísimo en la mejora del ambiente político y social del país”. Se muestra convencido de que “las voces críticas tendrán más espacio para expresarse, y no habrá tantas susceptibilidades con un enemigo hipotético.”

La víspera la policía anunció que habían tomado las medidas necesarias ante la eventual celebración. Cualquier manifestación necesita un permiso oficial. Sin embargo, en las anteriores fases del acuerdo se han producido demostraciones espontáneas de contento. Significativamente, el portavoz de la policía, Said Montazer-ul-Mahdi, dijo que el cuerpo acoge favorablemente esa posibilidad. “Estaremos al lado del pueblo iraní”, aseguró antes de advertir contra la violación de la ley o las normas islámicas.