El Kremlin busca en China una alternativa económica frente a Occidente

Moscú tiene previsto firmar un acuerdo para sumistrar gas a Pekín

Marinos chinos, que participan en unas maniobras conjuntas con Rusia, este lunes en Shanghái.
Marinos chinos, que participan en unas maniobras conjuntas con Rusia, este lunes en Shanghái.REUTERS

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, inicia este martes una visita a China que, aparte de su contenido político y económico bilateral, tiene una alta carga simbólica internacional, dado el deterioro de relaciones entre Moscú y Occidente motivado por las profundas discrepancias en torno a Ucrania. La política de Bruselas, tras la crisis de Ucrania, para reducir la dependencia energética de Rusia ha hecho que este país se apresure a reorientar hacia Oriente sus exportaciones de hidrocarburos.

Rusia se mueve “de forma consecuente hacia la formación de una alianza energética estratégica” con China, según dijo Putin en una entrevista a medios de comunicación de aquel país en vísperas de partir hacia Shanghái. En esa ciudad el líder ruso se reunirá con el presidente Xi Jinping y participará en la IV Conferencia de Interacción y Medidas para el Desarrollo de la Confianza. La diversificación de las exportaciones energéticas, propugnada por Putin, requiere grandes inversiones y largos plazos, ya que la infraestructura de transporte de Rusia por oleoductos y gasoductos está centrada en Occidente.

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Como país, China es el primer socio comercial de Rusia, aunque el comercio bilateral es muy inferior al comercio ruso con el conjunto de la UE. El volumen comercial ruso-chino rondó los 90.000 millones de dólares en 2013 y Moscú proyecta incrementarlo a 100.000 millones de dólares en 2015. Rusia aspira además a formar “sólidas alianzas tecnológicas e industriales” con Pekín, según afirmó Putin. Durante su estancia en China, se planea la firma de 40 documentos de cooperación económica, entre ellos un acuerdo para suministrar el gas ruso, según el ministro de Desarrollo Económico, Alekséi Uliukáyev, en Tsindao, en el Este de China. El ministro se refería a un contrato para suministrar 38.000 millones de metros cúbicos de gas a China durante 30 años, un documento que lleva años negociándose por falta de acuerdo sobre el precio. Según fuentes de Gazprom citadas por el periódico Izvestia, hay acuerdo sobre un precio de 250-380 dólares por mil metros cúbicos, lo que equivale al precio medio europeo. Izvestia advertía, sin embargo, que el jefe de Gazprom, Alekséi Miller aún debía acabar de cerrar la cifra el lunes con sus colegas de la Compañía Nacional de Petróleos de China (CNPC).

Rusia está interesada en créditos baratos chinos para la construcción de infraestructuras de transporte y explotación de nuevos yacimientos. Según el jefe del Banco de Economía Exterior (VEB), Vladímir Dmítriev, se planea firmar un acuerdo para edificar una importante terminal de gas licuado en la península de Yamal. Además de Miller, a Putin le acompaña Igor Sechin, presidente de la petrolera Rosneft. Esta compañía estatal quiere que la CNPC y Sinopec participen en la explotación de yacimientos en Rusia, tanto en tierra como en el litoral, y que participe también en la construcción de refinerías. Putin recordó que Rusia realiza un proyecto de suministro de crudo a China por el oleoducto Skovorodinó-Mojé por valor de más de 60.000 millones de dólares y mencionó también planes en el campo de la aviación civil, donde se ha llegado a un acuerdo para construir conjuntamente un avión de gran fuselaje y donde hay planes para fabricar un helicóptero.

China y Rusia deben “reforzar la colaboración financiera y protegerse de las oscilaciones del cambio de las principales divisas mundiales”, afirmó Putin, que invitó a China a asumir una posición de liderazgo al desarrollo de Siberia y el Lejano Oriente, y a instalarse en zonas económicas especiales con ventajas fiscales que se crearán en aquellas regiones a tenor de una ley que está siendo elaborada actualmente.

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El gran giro hacia Oriente es de momento más una demostración que una realidad. “Rusia puede encontrar recursos financieros en China, pero no la alta tecnología que necesita”, afirma Vladímir Rizhkov, ex vicepresidente de la Duma Estatal (Cámara Baja del parlamento) de Rusia y buen conocedor de China. “Si Occidente incrementa sus sanciones contra Rusia, Moscú puede tener problemas para producir material bélico que exporta actualmente y en el que se utiliza tecnología occidental, que China no posee”. Por razones como ésta, Moscú no puede renunciar a sus relaciones con Occidente. “Existe un proceso de simetría especular, pero solo hasta cierto punto. Europa trata de liberarse de su dependencia de los hidrocarburos, pero no puede hacerlo totalmente y Rusia trata de liberarse de su dependencia tecnológica de Europa, pero tampoco lo puede hacer totalmente, porque la interdependencia es una de las características de este mundo global”, señala el experto.

Sobre la firma

Pilar Bonet

Es periodista y analista. Durante 34 años fue corresponsal de EL PAÍS en la URSS, Rusia y espacio postsoviético.

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