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Putin amplía su terreno de juego en política exterior e interior

El presidente ruso corrige el rumbo para ganarse la confianza de Occidente y abrir una participación controlada de la oposición

Putin interviene durante el foro de Valdái.
Putin interviene durante el foro de Valdái. REUTERS

Vladímir Putin corrige el rumbo para ampliar su terreno de juego tanto en política exterior como interior. El líder ruso aspira a ganarse la confianza de sus colegas de Occidente e indica que está dispuesto abrir un cauce controlado de participación en la gestión pública para las nuevas generaciones de compatriotas que ahora se sienten excluidas de ella. Los ideólogos del Kremlin parecen comprender que el aislamiento del líder y la marginación de los sectores más activos y cualificados del país no es buena fórmula para gobernar hasta 2018. De ahí las señales de una aparente apertura que sólo los hechos -- y no las palabras-- pueden confirmar.

En política exterior, el reto para Putin y la diplomacia rusa es su habilidad de guiar el conflicto de Siria hacia una resolución pacífica utilizando sus canales de influencia sobre el líder Bashar el Asad; En política interior, el desafío está en la capacidad de democratizar el sistema abriendo las puertas del Kremlin a "otros" y asumiendo riesgos. Putin sacó provecho propio de la interacción entre los actores de la política exterior y de la política interior esta semana en Valdái, un foro de debate que se celebra anualmente a las orillas del lago del mismo nombre, en una región pantanosa a mitad de camino entre Moscú y San Petersburgo.

En Valdái, Putin explicó su visión de Rusia y del mundo a especialistas influyentes, entre los que predominaban norteamericanos y británicos. Estos fueron testigos de cómo los líderes de la oposición rusa invitados al foro criticaban al sistema e interpelaban al presidente con libertad. En vez de irritarse con ellos, Putin empleó diminutivos (Volodia, Liosha, Ksiusha) para dirigirse a quienes en la vida pública son Vladímir Rizhkov, ex portavoz adjunto de la Duma Estatal de Rusia, Alexéi Kudrin, ex ministro de Finanzas, y Ksenia Sobchak, presentadora televisiva e hija de Anatoli Sobchak, el fallecido alcalde de San Petersburgo. Con todo, la transcripción del evento en la página de web del Kremlin sustituyó el trato familiar dispensado por el presidente por un tratamiento oficial. Las alusiones a la sexualidad de Berlusconi, en cambio, no han sido retocadas.

Elogiado por su artículo sobre Siria en The New York Times, Putin dijo que la idea se le había ocurrido a él y que el borrador había ido y venido varias veces entre él y sus ayudantes. También explicó que había esperado a la intervención del presidente Barack Obama ante la nación para añadir el último párrafo, en el que cuestiona el carácter exclusivo de la nación norteamericana.

La apuesta de Moscú en Siria va más allá de este país que en el pasado fue aliado de la URSS y donde Rusia tiene una base naval. Moscú desconfía de conceptos como "intervención humanitaria" o "responsabilidad por la defensa", basados en la idea de que el mundo no puede permanecer impasible cuando un gobierno se ensaña con sus propios ciudadanos. La razón es el miedo a que quienes se arrogan el derecho a intervenir puedan utilizar criterios poco definidos para fines propios y eventualmente también para intervenir en la propia Rusia. De ahí que Putin insista en que una intervención militar solo es legítima cuando hay una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU.

Putin relativizó el enunciado "el mal debe ser castigado" al aplicarlo a un periodo dilatado. En Egipto la historia se repite tras un intento de establecer una democracia, mientras Libia está fragmentada en feudos tribales a resultas de una intervención militar. "Todos luchan contra todos. ¿Y dónde está la democracia?". "¿Qué es allí el mal?, dijo Putin en Valdái, refiriéndose a Siria "¿Qué la familia del presidente Asad lleva 40 años en el poder? ¿Es un mal esto o no es un mal? ¿Qué no hay democracia? Seguramente no, tal como la entiende el establisment norteamericano", dijo.

El recelo contra Occidente, basado en la experiencia del presidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov, es un elemento de la política exterior de Putin. En Valdái, el líder ruso insistió en que Gorbachov fue engañado con la promesa de que la OTAN no se extendería a las fronteras rusas.

Frente a los que defendían el destino común de Rusia y Europa, Putin quiso marcar las diferencias entre una Europa que, según él, vive las consecuencias de un pasado colonial y de un modelo multicultural fracasado y una Rusia cuya identidad se basaría en la diversidad armoniosa entre distintos pueblos. Según el presidente, tras un periodo de turbulencias, Rusia vuelve a sí misma, se asocia con otros países postsoviéticos en la Unión Euroasiática y quiere atraer a Ucrania hacia sí para evitar que los "duros negociadores" europeos invadan el espacio ruso con sus mercancías, si Kiev se asocia a la Unión Europea.

En Valdái Putin acusó a los europeos de regirse por el principio "primero nos comemos lo tuyo y luego cada uno se come lo suyo". Para argumentarlo, se valió de Romano Prodi, el expresidente de la comisión europea, según el cual Rusia y Europa son como el "vodka y el caviar". "El vodka y el caviar son productos de origen ruso", observó Putin.

Pero hay otros lazos Este-Oeste. Según Putin, el hecho de que el 40% de las reservas de Rusia están en dólares "habla de la confianza de Rusia en nuestros socios norteamericanos" y "en la política del gobierno norteamericano".