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LA CRISIS DEL EURO

Merkel: “Si a nuestros vecinos no les va bien, a nosotros tampoco nos irá bien”

El primer ministro italiano asegura que su país no necesita ayuda para hacer frente a su déficit. Monti ultima un paquete de recortes que incluye la supresión de numerosos entes públicos y la reducción en un 10% de los funcionarios.

ATLAS

Mario Monti y Angela Merkel quisieron dejar claro que siguen trabajando juntos y en sintonía. La canciller alemana visitó Roma por tercera vez en pocos meses y, ante el primer ministro italiano, lanzó un mensaje muy nítido a quienes, desde su país, la acusan de haber cedido terreno en la última cumbre de Bruselas. “Si a nuestros vecinos europeos”, advirtió, “no les va bien económicamente, a largo plazo tampoco le irá bien a Alemania”. Tal vez por casualidad –aunque seguramente no tratándose del muy puntilloso Monti--, la llegada de Merkel a Roma coincidió con la filtración de las próximas medidas a adoptar por el Gobierno técnico: un recorte que incluye la supresión de numerosos entes públicos, el cierre de hospitales y la reducción de un 10% de los funcionarios.

No fue de extrañar, por tanto, que Merkel dedicara encendidos elogios a “las reformas realizadas en tiempo muy breve” por Mario Monti. Unas medidas que, según las filtraciones –aunque discrepantes entre sí--, ahorrarían 3.000 millones en Sanidad llevándose por delante 216 pequeñas clínicas y eliminando 18.000 camas hospitalarias. O unos 7.000 millones cortándole el grifo a los entes locales hasta el punto de eliminar algunas provincias. O, en solo cuatro meses, una reducción drástica del monto de las nóminas prescindiendo de uno de cada 10 empleados públicos y suspendiendo las oposiciones hasta el año 2016. Este paquete de medidas –que en principio tendrían que aprobarse en el consejo de ministros del viernes--, ya ha puesto en pie de guerra a los sindicatos ante un Gobierno que, en su afán de ahorro, cometió graves errores como dejar sin sustento a miles de prejubilados –entre 65.000 y 390.000, según las fuentes--, quienes, al ser pospuesta la edad de jubilación, se quedaron o se van a quedar sin trabajo y sin pensión. De hecho, según el borrador filtrado, el consejo de ministros del viernes va a poner un parche a su propia reforma de las pensiones para solucionar la situación de 55.000 de estos trabajadores que ya están en el vacío y de otros 65.000 que lo van a estar próximamente.

Merkel y Monti no se reunieron a solas. El encuentro—al margen de la amigable rueda de prensa en la bellísima Villa Madama— fue concebido como una sesión de trabajo. Ministros y altos funcionarios de ambos países pusieron en común posibles alternativas para salir de la crisis. La canciller alemana dijo: “En Alemania había cinco millones de parados. Hicimos reformas como aumentar la edad de jubilación o eliminar las prejubilaciones [ambas medidas, copiadas por Monti]. Y, desde 2005, hemos reducido el paro de los jóvenes a menos de la mitad”. Ese es el resultado que todavía no se ha podido ver en Italia. De hecho, un periodista le preguntó a Monti si no cree que su tajo al gasto público no aumentará el paro juvenil en Italia ya alcanza el 36%. “Es una cifra inaceptable”, admitió el primer ministro, “aunque en algún país europeo es mayor. No creo que reduciendo el gasto público se limiten las posibilidades para los jóvenes. En realidad, gracias a las reformas, estamos creando más posibilidades de empleo productivo, liberando los mercados y dando más posibilidad a la competencia”.

Tanto Merkel como Monti se mostraron satisfechos de los acuerdos de Bruselas. La canciller alemana pasó de puntillas por una pregunta que venía a reproducir la sensación de que ella había sido la perdedora de la cumbre. “En los consejos, las decisiones solo se pueden tomar de forma unánime, y eso es lo que sucedió en el último”, dijo. Y añadió con evidente intención de zanjar el asunto: “Por un lado están los intereses propios y por otro la solidaridad. Ese es el método de trabajo europeo”. Monti, que en varias ocasiones se dirigió a la canciller con un amigable “Angela”, confirmó que no está en las intenciones de Italia pedir ayuda para hacer frente al déficit. Dijo que el déficit europeo se situará en un 2% del PIB, “lo que supone la mitad de la media europea”. No obstante, el primer ministro admitió que el país cojea por culpa de haber caminado mal en el pasado: “Italia, como resultado de décadas de políticas presupuestarias no rigurosas, tiene una elevada deuda pública, y eso repercute en las valoraciones de los mercados…”.

Como suele suceder en este tipo de encuentros, la parte más sabrosa siempre llega a la hora de las preguntas –de ahí a que las reduzcan a un máximo de dos por país--. Una periodista le preguntó a la canciller Merkel si es consciente de que para los italianos encarna a una especie de bruja de los recortes. La aludida, imperturbable, dijo que esa percepción cambiará en cuanto lleguen los éxitos.

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