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La crisis mina la confianza de los europeos en la UE

España es el país más decepcionado con la Unión, que pierde un 20% de apoyo

Alemania y Grecia son consideradas los polos positivo y negativo del club

Españoles e italianos, los europeos que peor opinión tienen de sus respectivos países

Ofertas en una tienda en Dublín.
Ofertas en una tienda en Dublín. REUTERS

La evolución de la crisis económica y su gestión por los poderes comunitarios está minando la confianza en el proyecto europeo, hasta el extremo de que un país como España, históricamente entregado a la idea europeísta, es el más decepcionado por la Unión Europea, junto a la endémicamente euroescéptica República Checa. Ahora mismo, apenas supera la mitad el número de españoles que cree que la pertenencia a la UE ha sido buena para el país. A escala comunitaria, el euro no termina de ser amado por unos europeos que lo ven como un mal menor: prefieren continuar con él a perderlo.

El sondeo, realizado los pasado meses de marzo y abril en ocho países europeos (Alemania, España, Francia, Italia, Grecia, Polonia, Reino Unido y República Checa) por el Pew Research Center dentro de su programa de análisis sobre actitudes de la opinión pública, demuestra que la crisis ha desencadenado otra de confianza popular, desconfianza en la economía, en el futuro, en los beneficios de la integración económica europea, de la pertenencia a la UE. “La gente tiene miedo de todo”, dice Bruce Stokes, director del proyecto de Pew en la presentación del estudio en Bruselas.

Solo uno de cada tres europeos de los ocho países analizados cree que la integración económica de la Unión ha reforzado su propia economía nacional, lo que hace que la mayoría de las opiniones sean negativas. En España, la mitad de los consultados piensa que la economía española ha salido perdiendo con la integración económica europea.

Y la moneda única, como encarnación de ese proyecto de unión, no consigue ser vista positivamente en ninguno de los cinco países de la eurozona consultados. Solo el 37% de media la considera bien, exactamente el porcentaje que corresponde a España, donde el 41% de la población cree que el euro ha sido un mal negocio. Los otros tres países sondeados que conservan su propia divisa muestran holgadas mayorías a favor de seguir con ellas.

Si en España el apoyo al euro cae a ojos vista (9% en tres años), al menos se le acepta con resignación: el 60% de los españoles quiere seguir con la moneda única, un porcentaje de apoyo más alto que en Italia, pero inferior al de Grecia, Francia o Alemania. A Stokes le llama la atención esta aparente contradicción de los europeos de recelar del euro y no querer perderlo, en línea, por lo demás, con lo que muestran otros sondeos. “Desconocemos el porqué”, dice. “Quizá la gente piensa que desprenderse del euro y volver a la moneda nacional es un salto en el vacío”.

El estudio revela que las dudas sobre la integración europea han llevado a muchos europeos a cuestionar la pertenencia de su país al club comunitario. El 67% de los españoles que en 2009 creía que era bueno estar en la UE es hoy solo el 54%, todavía una mayoría que no se da en los restantes países (solo el 40%, en el caso de Italia, país fundador). La excepción es Alemania, donde la eurofilia crece y alcanza a dos de cada tres germanos. Con todo, nadie bate a la República Checa en frialdad ante la UE: apenas un 23% de apoyo, por debajo incluso del 30% de los británicos, que pasan por ser los euroescépticos por antonomasia.

La propia imagen de la UE, como representación institucional del proyecto europeo, pierde brillo, y en ningún país más que en España, donde en un lustro se ha pasado del 80% de opiniones favorables al 60%, una pérdida de aprecio del 20% solo igualada por la República Checa. El Banco Central Europeo es visto generalmente con malos ojos por los europeos, con los griegos a la cabeza (80% de rechazo), seguidos de los españoles (65%).

El sondeo de Pew revela que Alemania y Grecia son los dos polos de la actual Unión Europea. Sobre Alemania y los alemanes, incluida su canciller, hay una extendida opinión favorable (el país más admirado, la dirigente más respetada, los más trabajadores, los mayores partidarios de la integración económica y de la UE, los menos corruptos) frente a una Grecia sobre la que nadie tiene buena opinión, excepción hecha de los propios helenos. De hecho, solo alemanes y británicos son más nacionalistas que los griegos, según el sondeo.

España tiene el enemigo en casa. De los ocho consultados es el país que peor opinión tiene de sí mismo. La idea positiva que sobre España guarda el 45% de los españoles se dispara hasta el 76% cuando se pregunta sobre España a los polacos, seguidos del 74% de los británicos, el 72% de los griegos y el 71% de alemanes y franceses. En contra de la idea extendida, los italianos son los que menos aprecian a los españoles (59%) en justa correspondencia con el 58% de españoles que tienen una buena impresión de Italia (los italianos, con el 57%, también son los que peor opinión tienen de sí mismos).

Sobre dos cuestiones candentes, austeridad y rescate, hay divisiones entre los europeos. Españoles (43%) y checos (45%) creen que los recortes presupuestarios dictados por sus respectivos Gobiernos han ido más allá de lo debido. Griegos (91%), españoles (90%) e italianos (79%) están muy a favor de que las instituciones de la UE acudan en socorro financiero de los países que atraviesan dificultades. En Alemania, cuya canciller más trabas pone a estos rescates, la opinión pública está divida en dos mitades iguales (49% a favor, 48% en contra).

La idea de los rescates está en flujo y reflujo, sin terminar de consolidarse. Hace dos años, el 53% de la opinión pública francesa estaba por la solidaridad; hoy el 56% se opone a las ayudas (el sondeo fue realizado antes de la llegada de François Hollande al Elíseo). En Alemania, el cambio ha sido para reforzar a los partidarios de ayudar, que del 42% en 2010 han pasado al 49%, modificación que Pew atribuye al hecho de que los alemanes tienen mejores sensaciones sobre su propio economía.