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El gran fiasco de las medidas del Gobierno contra la obesidad

Sanidad anuncia a bombo y platillo acciones contra la obesidad que no son nuevas y deberían haberse implantado hace años. Y otras, como el etiquetado con Nutriscore, que ni siquiera serán obligatorias por ahora.

La ley que -supuestamente- cambiará los productos de supermercado ya está aquí
La ley que -supuestamente- cambiará los productos de supermercado ya está aquíMURPHYCHEN/PIXABAY
Juan Revenga

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La ministra de Sanidad, Mª Luisa Carcedo, anunció el pasado lunes, en el marco de la entrega de los XI Premios de la Estrategia NAOS (Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad) cuatro medidas para reforzar la lucha contra la obesidad. Según la nota de prensa del propio ministerio, estas medidas fueron:

Todo muy bonito si no fuera porque las tres últimas medidas ya deberían estar hace años -incluso lustros- instauradas, delimitadas y desarrolladas respectivamente, o al menos así lo dice nuestra legislación. Es decir, la ministra anuncia que se van a implementar medidas sobre las que ya se reguló de forma idéntica hace entre siete -edad de nuestra Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición- y 13 años (que es la edad del infausto Código PAOS). Si esta fuera una columna de opinión política diría que un servidor, que se leyó la novela 1984 de George Orwel con 14 años -y varias veces más posteriormente-, reconoce en este anuncio una práctica política con muchas similitudes al Gran Hermano. Si no te ha dado tiempo de leer la novela, dejémoslo en que esto se parece cada día más a la peli Atrapado en el tiempo, y hablaremos de ello más tarde.

Respecto a la implantación del etiquetado frontal en forma de Nutriscore, es una decisión que así enunciada suena a obligatoria, y nos hace pensar que, a partir de un corto espacio de tiempo, todos los productos susceptibles de condecorarse con esta herramienta van a lucirlo. Y que todo ello, claro, va a ser gracias a nuestro querido ministerio. Pero nada de eso es cierto: si fueran alguno de los cuatro ministerios de la novela 1984, serían el Ministerio de la Verdad, que paradójicamente es el que se encarga de las mentiras.

El lío con el etiquetado frontal: el Nutriscore

Nos remontamos hasta 2011 para encontrar el germen de esta patraña: en ese año se publicó el RE 1169/2011 sobre la información alimentaria facilitada al consumidor. Pues bien, en su artículo 35 apartado 5 se menciona que: “A más tardar el 13 de diciembre de 2017, a la vista de la experiencia adquirida, la Comisión presentará un informe al Parlamento Europeo y al Consejo sobre la utilización de formas adicionales de expresión y presentación […]”. Este texto es el que abre la puerta a la posibilidad de incluir otro tipo de información distinta a la contemplada en el propio reglamento, es decir, el conocido como etiquetado frontal (Front Of Pack o FOP por sus siglas en inglés).

Este etiquetado consiste en la utilización de diversos recursos para que el consumidor pueda hacer una interpretación más fácil del valor nutricional del alimento; al menos en cuanto a la cantidad de azúcares, grasas totales, grasas saturadas, sal y las propias calorías -entre otros- además de la ofrecida a partir de la consabida tabla de información nutricional. Para ello se han propuesto distintos sistemas, desde los semafóricos -que se pueden implementar en base a distintos criterios- como el propio Nutriscore; o el sistema de esquelas o sellos negros que es por el que se han decantado varios países de Latinoamérica, con Chile a la cabeza. Hablamos de los pros y los contras del sistema semafórico y del Nutriscore en este post del pasado mes de febrero.

Así es el Nutriscore francés
Así es el Nutriscore francésLE PARISIEN

Estamos en noviembre de 2018, y el mencionado informe -que debería haber estado listo “a más tardar” el 31 de diciembre pasado-, aún no ha sido presentado. Fuentes bien informadas me han trasladado que actualmente la Comisión Europea está trabajando para entregar el famoso informe al Parlamento ídem esperando su aprobación. Como muestra, esta carta fechada en octubre de 2018 de la directora de la EFAD -la Federación Europea de Asociaciones de Dietistas-Nutricionistas- dirigida a miembros de la Comisión Europea en la que expresan su postura sobre el etiquetado frontal. Y aquí la agenda –del 22 de octubre pasado- de la reunión de la Comisión Europea para debatir este tema.

Es decir, que es en este momento cuando se están evaluando las distintas posibilidades que hay para implementar el etiquetado frontal, ya sea con semáforos, con el Nutriscore o con señales de humo. El legislador quiere que todos los alimentos de todos los países de la Unión Europea susceptibles de la norma del etiquetado usen un mismo sistema y que nos parezcamos, al menos en lo formal, a la Unión que se supone que somos. Así, un polaco podrá venir a España y contar con los mismos criterios a la hora de comprar unas galletas que con los que podría contar en su Varsovia natal. Y así con todos los alimentos, todos los ciudadanos y todos los países de la UE.

De este modo es fácil comprender que España, como estado de la UE, no va a implantar el Nutriscore ni nada de eso, al menos de momento; por mucho que lo diga la ministra (o le hayan hecho decir). Más aún; cuando se dice que Francia ya lo ha implantado es también falso, igual que cuando se menciona que Bélgica o Portugal están en ciernes de hacerlo. Lo que ha sucedido en estos países es que sus respectivos ministerios ya se han pronunciado sobre la idoneidad de esta herramienta. Pero su uso -o no uso- actualmente es voluntario. Repito, voluntario: en Francia, lo usan unas pocas marcas y unas cuantas cadenas de distribución, porque ellas así lo han decidido. En Francia y Portugal sucederá igual, y en España tres cuartos de lo mismo, al menos hasta que el Parlamento Europeo nos diga qué debemos hacer todos.

Tal y como están las cosas, se prevé que en el plazo aproximado de tres meses el Parlamento Europeo recibirá el informe de la Comisión Europea sobre el etiquetado frontal que terminarán por modificar -o no- las disposiciones de la Unión relativas al RE 1169/2011. Entra dentro de lo muy posible que la Comisión termine por decantarse por el dichoso Nutriscore, eso es cierto. Pero también es posible, quien sabe, que cuando esto suceda -si sucede- en España alguien quiera ponerse una medalla; y todos a darnos palmadas en el hombro y a aplaudir.

La idoneidad del Nutriscore

En mi opinión, el Nutriscore es el segundo menos malo de todos los sistemas conocidos para cumplir, si llega, con el etiquetado frontal. En esencia, persigue que el consumidor obtenga una única lectura al respecto del valor nutricional de un producto usando cinco letras que van de la “A” -la más favorecedora de las calificaciones- a la “E” -la menos- y cinco códigos de colores (verde oscuro A; verde claro B; amarillo C; naranja D y rojo E) con los que se hará una lectura totalizadora del valor nutricional de ese producto.

Para llegar a obtener cada calificación con su correspondiente color, se usa un algoritmo que pondera como negativas algunas características presentes en el alimento -energía total, azúcares, grasas saturadas y sodio- y como positivas la presencia de otras (fibra, proteína e ingredientes a partir de frutas y verduras). Siempre por 100 gramos de producto, no por ración. Con todas estas puntuaciones parciales se obtiene una nota final que se traduce en los correspondientes colores y letras. Luis Jiménez, autor del blog -y el libro- Lo que dice la ciencia para adelgazar ha publicado recientemente un post explicando estas cuestiones, sus luces, que las tiene, pero también sus sombras. Lo encontrarás en este enlace. Un artículo de BuenaVida publicado hoy también profundiza en las críticas y virtudes del Nutriscore.

Antes de pasar al siguiente tema quisiera hacer un par de reflexiones:

El lío político de la prevención de la obesidad

Como decía, llaman poderosamente la atención el resto de “novedades” anunciadas por la ministra de sanidad Dña. Mª Luisa Carcedo. Me refiero a cuatro elementos:

Para terminar este apartado, tiene gracia que todas estas no-novedades sean anunciadas en el marco de la XI entrega de premios de la Estrategia NAOS, un plan que vio la luz en 2005 y recibió entonces el aplauso de la comunidad internacional. A día de hoy y tras 13 años de trayectoria sus resultados en el terreno de la obesidad infantil no sabemos ni si existen. Sin embargo, el abrigo de esta estrategia, hemos visto entregar premios y distinciones a aquella industria alimentaria cuyo centro de negocio no se reconoce precisamente como saludable. Sin ir más lejos a Grefusa, Nestlé, Europastry, PepsiCo, Grupo Mahou, Unilever, Capsa Fodds, Gallina Blanca, Danone, Grupo Pascual, etcétera. Grandes valedores de la salud alimentaria que, además, se suelen distinguir por su publicidad sensata (léase con toda la ironía posible).

Dos consejos sobre el etiquetado en los alimentos

Los sistemas no se ponen de acuerdo

Si estás pensando que todo esto es un lío no te voy a quitar la razón; al contrario, cuentas con toda mi comprensión. Tenemos tablas de información nutricional, Nutriscores, semáforos, sistemas NOVA -el de la clasificación de los alimentos en virtud de su grado de procesamiento- etcétera, y la información que pueden arrojar cada una de estas herramientas respecto a un mismo producto puede ser terriblemente contradictoria.

Por ejemplo, según el Nutriscore la Cocacola Zero obtiene un notable alto, una B (y color verde); sin embargo el sistema NOVA cataloga este producto en el peor nivel, un 4 (suspenso estrepitoso). Lo puedes contrastar en este enlace. Por su parte tenemos un zumo de naranja comercial básico que según Nutriscore consigue una C (aprobado raspado, color amarillo); sin embargo el sistema NOVA le otorga la mejor de las calificaciones, el 1. Y aquí el enlace.

Insisto, no hay sistema bueno, pero el menos malo para mí es el NOVA, aunque también tiene sus fallos. Lo mejor: basar tu alimentación en productos a los que no se les puede poner ninguna etiqueta.

Juan Revenga es dietista-nutricionista, biólogo, consultor, profesor en la Universidad San Jorge y miembro de la Fundación Española de Dietistas-Nutricionistas (FEDN). Ha escrito los libros Con las manos en la mesa. Un repaso a los crecientes casos de intoxicación alimentaria y Adelgázame, miénteme. Toda la verdad sobre la historia de la obesidad y la industria del adelgazamiento.

Sobre la firma

Juan Revenga
Es dietista-nutricionista, biólogo, consultor, y divulgador. Es profesor en la Universidad San Jorge, en la Universidad Francisco de Vitoria y un montón de cosas sesudas más. Definido como un Don Quijote con cuchara, es muy activo en redes sociales en donde, a partes iguales, reparte estopa y defiende la salud a través de la cocina.

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