Feijóo se clona en el PP andaluz: siglas pequeñas, mucha gestión y poca ideología

La campaña del 19-J comienza sin los grandes combates que se libraron en Madrid y Castilla y León. El tono templado de los candidatos de PP y PSOE marca la pauta

Alberto Núñez Feijóo (a la izquierda), con un directivo de la empresa Dekra, durante su visita electoral a Málaga, este viernes.
Alberto Núñez Feijóo (a la izquierda), con un directivo de la empresa Dekra, durante su visita electoral a Málaga, este viernes.Álex Zea (Europa Press)

Donde Isabel Díaz Ayuso llenaba sus vídeos electorales de bares y anunciaba una batalla entre el comunismo y la libertad, Juanma Moreno se va a un hospital público de Sevilla y se dedica a vender su gestión sin apenas mentar a los rivales políticos. Hace 13 meses, en la campaña electoral más feroz que se recuerda en España, la presidenta madrileña y el entonces líder del PP, Pablo Casado, presentaban la contienda autonómica como una cruzada para acabar con Pedro Sánchez. El nuevo jefe de los populares, Alberto Núñez Feijóo, se estrenó este viernes en la carrera electoral andaluza sin pronunciar una vez el nombre del presidente del Gobierno. Con todas las encuestas a favor, Feijóo lo tenía fácil para contestar afirmativamente cuando le preguntaron en Málaga si la hipotética victoria de su partido constituiría el primer paso para el asalto a La Moncloa. El líder popular dijo lo contrario de lo que siempre decía Casado: “Estas elecciones están pensadas por y para Andalucía. Nuestro foco debe ser Andalucía, Andalucía y Andalucía”.

Esa triple invocación recordaba al lema con el que Feijóo conquistó hace dos años su cuarta mayoría absoluta como presidente de la Xunta. Galicia, Galicia, Galicia fue entonces el eslogan de una campaña que ha marcado tendencia para Andalucía. De nuevo, como ya había hecho Feijóo, las siglas del PP en un segundo plano de la iconografía, empequeñecidas por el nombre del presidente y candidato —aquí un simple y familiar Juanma— y la apelación al patriotismo local. En los actos de Moreno, como en los de Feijóo en Galicia, se ven más banderas autonómicas que nacionales.

La letra pequeña de las encuestas que se han conocido en los últimos días, como la de 40dB. para EL PAÍS y la SER o la del CIS, muestran que la figura de Feijóo se está clonando en Andalucía. En Moreno se reproducen algunos de los rasgos que más han empujado la carrera del gallego: su gestión es bien percibida por una mayoría, no despierta animadversiones acérrimas en la izquierda y consigue entrar en el sector más centrista del electorado del PSOE. Así han construido sus figuras Moreno y Feijóo, y por esa razón rehúyen los combates ideológicos que cultiva Ayuso, la gran ausente en esta campaña. Nada de amenazas comunistas ni de gritos por la libertad. El presidente andaluz empezó la carrera hablando de sanidad pública ante el renacido hospital militar de Sevilla, y Feijóo, de datos económicos en un polígono industrial de Málaga.

La política española se suele mover al compás del excitado clima de Madrid y Cataluña, pero en la periferia la temperatura es a veces otra. Feijóo lo sabe muy bien. Cuando estaba en Galicia, su discurso solía tener diferentes escalas, según la audiencia fuese de casa o de los fortines conservadores de la capital. Este viernes repitió la jugada. El Feijóo que la víspera, con Carlos Alsina en Onda Cero, había acusado al Gobierno de “maquillar” las cifras del paro y consentir un “apartheid lingüístico” en Cataluña, enfundó el puñal tras llegar a la Costa del Sol. Insistió, eso sí, en criticar que no se cuenten como parados a los fijos discontinuos, apenas unos minutos después de haber presumido de los buenos datos de paro de Andalucía. Ya el jueves, al tiempo que Feijóo hablaba de maquillaje, la Xunta que él presidía hasta hace unas semanas sacaba pecho por las mejores cifras de empleo en Galicia desde 2008.

Campaña templada y sin insultos

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Quedan dos semanas por delante hasta el 19-J, tiempo suficiente para que todo se enfangue y más con la importancia que el consenso político general —los partidos, los medios, los analistas— ha concedido a estos comicios. Estos primeros días son además poco propicios para el proselitismo electoral, en medio del fervor popular por el Rocío o el Carnaval retrasado de Cádiz. A salvo de todo eso, el comienzo de la campaña no ha tenido nada que ver con la terrible atmósfera de hace un año en Madrid e incluso con la temperatura de meses atrás en Castilla y León. De momento no hay insultos importantes que registrar, ni siquiera de Macarena Olona, la candidata de Vox.

A este clima suavizado contribuye el nuevo estilo del PP y también los de sus contrincantes. Lo más duro que el socialista Juan Espadas dijo este viernes de Moreno en La Algaba, un pueblo pegado a Sevilla, fue exigirle que “dé de una vez la cara y deje de echarle la culpa al Gobierno”. Espadas se centró en criticar la política social del PP y en defender el legado de la larguísima etapa del PSOE. Frente al aire renovado que quiere ofrecer Moreno, el socialista sostuvo que la derecha de hoy es la misma que hace 40 años intentó bloquear la tramitación por vía rápida de la autonomía andaluza.

El tono templado de los primeros compases se extendió a los grupos más a la izquierda. Por mucho que las alusiones a la extrema derecha estén siempre presentes, un indicio es que la palabra fascismo aún no ha salido a relucir. La candidata de Por Andalucía, Inmaculada Nieto, también dedicó buena parte de su intervención de este viernes en Algeciras a presumir de gestión, en su caso del plan de empleo dotado con 50 millones que la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, aprobó para la comunidad en vísperas de la campaña. Díaz no se implicará a fondo en la batalla andaluza, aunque tampoco pasará de puntillas como en Castilla y León y echará una mano a la confluencia de IU, Podemos y Más País.

La contención verbal de las primeras horas de campaña fue tal que ni Macarena Olona, campeona del jaleo en el Congreso de los Diputados, deparó ningún titular sangriento. Olona está ahora entregada a los gestos, como el de dar su pistoletazo de salida bajo las estatuas de Isabel Católica y Cristóbal Colón en Granada, “cuna de la hispanidad”.

Invocar el fantasma de la extrema derecha no es patrimonio de la izquierda. El candidato de Ciudadanos, Juan Marín, vapuleado por la demoscopia, se vende como el socio razonable del PP frente a Vox. Ciudadanos ya intentó lo mismo en Madrid y Castilla y León con resultados catastróficos. Marín insiste: “Que no pasemos de ser el cortijo de la izquierda al cortijo de la derecha”.

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Sobre la firma

Xosé Hermida

Es corresponsal parlamentario de EL PAÍS. Anteriormente ejerció como redactor jefe de España y delegado en Brasil y Galicia. Ha pasado también por las secciones de Deportes, Reportajes y El País Semanal. Sus primeros trabajos fueron en el diario El Correo Gallego y en la emisora Radio Galega.

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