LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

Torra apela a la responsabilidad individual para evitar un nuevo confinamiento

"Hoy un botellón no es una fiesta, es un acto de insolidaridad", ha advertido el presidente catalán

En foto, el presidente de la Generalitat, Quim Torra, este lunes. En vídeo, Quim Torra advierte de la importancia de los próximos diez días. FOTO: ALBERT GEA (REUTERS) / VÍDEO: ATLAS

Cataluña afronta la semana decisiva para doblegar una curva de contagios de covid-19 disparada desde hace semanas. Los próximos 10 días serán “críticos” para contener el virus, advirtió ayer con solemnidad el presidente de la Generalitat, Quim Torra: hay que bajar el ritmo, la movilidad y los encuentros sociales para evitar el confinamiento estricto al que abocan las cifras. Después de las restricciones sociales aplicadas durante las últimas semanas y el cierre del ocio nocturno en toda la comunidad, Torra dejó ayer todo el peso de la evolución de la pandemia en la responsabilidad ciudadana. A los catalanes les pidió reducir su actividad social, pero, a su vez, lanzó un mensaje de calma al turismo: “Cataluña es segura”, dijo en inglés.

A primera hora y acompañado del secretario de Salud Pública, Josep Maria Argimon, Torra lanzó la última llamada de alerta: “El incremento de rebrotes es preocupante. Estamos ante los 10 días más importantes de este verano, para saber si con la solidaridad de todos podemos retrasar esta crítica situación, porque si no lo conseguimos, tendremos que retroceder”. Hay brotes activos por toda la comunidad y transmisión comunitaria en la comarca leridana del Segrià, en Barcelona y en el municipio gerundense de Figueres.

Según Torra, los casos nuevos registrados han pasado de unos 3.500 a cerca de 5.500 en una semana. Y la curva, aunque apunta a estabilizarse en el Segrià y Figueres, sigue disparada en Cataluña, especialmente en la capital catalana y su área metropolitana. La Generalitat notificó ayer 724 nuevos casos, la mayoría (576) en Barcelona y su área metropolitana. Aunque las cifras no son comparables con las del Ministerio de Sanidad (este mide solo PCR positivas el día anterior, mientras que el Govern computa positivos por PCR y test serológico y suelen ser de varios días atrás), la tendencia apunta al alza: un centenar de casos nuevos confirmados por PCR solo el fin de semana en la capital catalana y otros 97 en la vecina L’Hospitalet de Llobregat. En la región sanitaria de Lleida, donde está el otro gran foco activo en el Segrià, se registraron desde el viernes unos 130 casos.

El president admitió que la presión asistencial se concentra, ahora mismo, en la atención primaria, que se ha reforzado con 400 administrativos contratados para hacer labores de rastreo de contactos. Con todo, el trajín en los hospitales también crece: el 1 de julio había 49 pacientes con covid-19 en cuidados intensivos y actualmente hay 75. “Es necesario que la tensión no se traslade a los centros hospitalarios. Si no lo conseguimos, ya sabemos cuál es la siguiente determinación”, dijo Torra, en alusión a un confinamiento más estricto.

En los hospitales catalanes hay una calma tensa. El goteo de nuevos ingresos es constante, pero la situación está contenida. Sus planes de contingencia están listos, aunque sin activar. Como mucho, han intensificado las restricciones de visitas para evitar riesgos. “En urgencias no hay saturación, se ven más casos pero todo está controlado. En la última semana hemos tenido días de cinco casos en urgencias y otros de 15, como mucho. Pero no todos ingresaban”, explica un portavoz del hospital del Mar de Barcelona. Allí hay seis pacientes en cuidados intensivos (UCI) y 42 ingresados, aunque 22 de ellos están atendidos en su domicilio.

En Vall d’Hebron hay una treintena de pacientes, la mayoría en planta. En el Sant Pau, otros 20 y solo uno en la UCI. En Bellvitge hay 23: 15 en planta, tres en semicríticos y cinco en la UCI. Fuera de Barcelona, la situación más compleja está en Lleida, con 203 ingresados en sus hospitales (22 en la UCI). En toda la región sanitaria de Girona, en cambio, solo hay 32 hospitalizados (seis en UCI) y en la de Tarragona, otros 14 (cuatro graves).

Torra exigió ayer que se cumplan a rajatabla las restricciones sociales impuestas —aforos reducidos, encuentros limitados y cierre total del ocio nocturno— y que se apliquen las sanciones “con severidad”. “Hoy un botellón no es una fiesta, es un acto de insolidaridad”, avisó a los jóvenes, el colectivo con más riesgo de transmisión por sus dinámicas sociales.

Pero al mismo tiempo que apelaba a la responsabilidad ciudadana, moderaba el tono con los turistas. Después de que Francia recomendase no viajar a Cataluña y el Reino Unido ordenase cuarentena a las personas que regresen de España, Torra insistió: “Hay brotes en algunas zonas, pero Cataluña es un destino turístico responsable”.


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