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Castillo de Canena, una historia de amor con el olivo y liderazgo en los aceites de alta gama

Los hermanos Vañó transforman el viejo olivar familiar y convierten la firma en referente de sostenibilidad, innovación y excelencia aceitera

Francisco Vañó, Luis Vañó y Rosa Vañó, fundadores y responsables de la empresa aceitera Castillo de Canena de Jaén.www.castillodecanena.com

Castillo de Canena es una empresa con casi dos siglos y medio de historia olivarera desde el corazón de Jaén, donde un imponente mar de 67 millones de olivos luce con altivez la hegemonía oleícola mundial de esta provincia. Pero fue en 2003 cuando se produjo el punto de inflexión que provocó una auténtica transformación de la compañía: los hermanos Rosa y Francisco Vañó, que entonces ocupaban puestos de altos directivos en multinacionales como Coca Cola o Banco de Santander, decidieron dejar la capital en la que vivían y coger el testigo de sus padres para convertir la empresa familiar que comercializaba aceite de oliva a granel en una marca líder mundial en el sector del Aceite de Oliva Virgen Extra (AOVE) premium y de alta gama con el compromiso con la sostenibilidad, la innovación, la calidad y la excelencia.

“La pasión por lo que hacemos nos mueve a querer ofrecer a los consumidores la máxima calidad en los aceites de oliva que producimos”, señala Francisco Vañó, director general de Castillo de Canena, una marca que está presente en las tiendas gourmet de más de 60 países, con sus principales mercados en Estados Unidos, Reino Unido, Japón, Alemania y México. Esta campaña, sin embargo, la calidad de sus AOVEs se ha resentido por los efectos de la sucesión de borrascas de enero y febrero.

Una de sus principales líneas de trabajo es su colaboración permanente con el canal de la restauración al que considera un embajador privilegiado de los aceites de alta gama. Un ejemplo de ello es la selección especial que han lanzado de su aceite arbequina y biodinámico maridado con el tomate raf almeriense, gracias al acuerdo con el chef José Álvarez del restaurante con Estrella Michelín La Costa, de El Ejido.

Rosa Vañó, que antes de ser ejecutiva de Coca Cola pasó por Warner y Universal, hizo valer su experiencia empresarial y diseñó un plan de mercadotecnia para posicionar la marca en los mercados internacionales, donde hoy ya venden casi el 70% de sus aceites. “Los graneles no sacan de pobre, el mercado paga por los aceites de calidad”, comentó la directora comercial de Castillo de Canena, que en 2008 fue nombrada Mujer Empresaria del Año y que ha logrado revolucionar un sector tan masculinizado como el agrario, donde se ha hecho respetar.

La firma oleícola abarca toda la cadena de valor, es decir, desde el minucioso cuidado de los árboles hasta que el aceite llega a la mesa de los consumidores más exigentes. Su finca de 1.500 hectáreas de olivar de regadío se encuentra en el valle del Alto Guadalquivir, entre las Sierras de Cazorla y Mágina, donde recolectan las aceitunas y producen un AOVE de tres variedades clásicas como son picual, arbequina y royal.

Y en su firme convicción por cuidar el ciclo natural del árbol, todos los olivos están adaptados para favorecer la recolección mecanizada, tienen instalados el sistema de fertiirrigación por goteo y cuentan con la certificación de Producción Integrada que garantizan prácticas respetuosas hacia el entorno natural y un sistema de cultivo racional.

Biodiversidad y agricultura regenerativa

Castillo de Canena se ha convertido también en un referente de biodiversidad y agricultura regenerativa y su finca de Cortijo Guadiana ha sido el primer olivar de España en obtener el certificado AENOR a las buenas prácticas agrarias. Sus olivos son el hábitat perfecto para que las especies vivas autóctonas, vegetales y animales, dispongan de un entorno adecuado y puedan relacionarse de manera armoniosa con el medio que las rodea, estableciendo un equilibrio natural plural.

En esta línea destaca el proyecto Aliados Naturales, promovido junto a la Fundación Citoliva, a través del cual Castillo de Canena será el primer olivar en confiar el control de plagas a los llamados insectos beneficiosos. “En nuestros olivares no solo trabajan técnicos y tractores, también lo harán insectos, pequeños, discretos y casi invisibles, que se convertirán en los guardianes silenciosos de la biodiversidad y en nuevos aliados del cultivo, llamados a mantener a raya las plagas además de reducir el uso de pesticidas y favorecer un olivar más vivo y equilibrado, reforzando su funcionamiento natural”, comenta Francisco Vañó.

También han sido pioneros a la hora de instalar la mayor planta flotante de energía fotovoltaica sobre una gran balsa de agua, que marca un paso significativo en las políticas de sostenibilidad medioambiental, descarbonización y soberanía energética. Junto a otra planta en tierra, son dos megawatios los que tiene la empresa para autoconsumo. Al mismo tiempo, han evitado la emisión de 829 toneladas de CO2 y otros gases de efecto invernadero y han impedido que se tengan que arrancar 180 olivos en caso de haber utilizado sistemas de instalación tradicionales sobre suelo.

Castillo de Canena forma parte del selecto club de Grandes Pagos del Olivar, que agrupa a siete productores de aceite de oliva de alta gama y que comparten como rasgo distintivo que sus AOVE deben poner en valor su singularidad y su excelencia al máximo nivel gastronómico. Además de producir sus caldos en sus propias fincas o pagos, en las que se reproduce en el olivar el concepto chateau, típico de la cultura vinícola, sus productores comparten una filosofía común basada en la sostenibilidad y el respeto por el medio ambiente, junto a la innovación y el uso de la tecnología más avanzada y el intercambio de conocimiento. “No somos competidores, lo que nos une es hacer más grande la tarta de los consumidores de AOVE”, explica Vañó, que preside esta asociación.

Castillo de Canena es, además, el nombre de la casa familiar y donde sigue viviendo, a sus 97 años, Luis Vañó, el padre y el alma de esta empresa. Un castillo renacentista situado en el pueblo de Canena (1.700 habitantes) que atesora una historia singular. Fue construido por la tribu árabe Banu Kinana sobre las ruinas de un asentamiento romano. Más tarde, bajo el mando de la orden militar de Calatrava, formó parte del cinturón de fortalezas defensivas durante la Reconquista, un conjunto de castillos denominados los “adelantados”, que fueron frontera con el reino árabe de Granada durante más de 200 años. Finalmente, en 1538, el secretario del emperador Carlos V, Francisco de los Cobos, lo convirtió en un castillo-palacio de la mano del prestigioso arquitecto del Renacimiento Andrés de Vandelvira. Declarado Monumento Artístico Nacional en 1931, el castillo de Canena sirve de uso de la familia Vañó y de sus clientes, y también puede visitarse previa reserva.

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