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En el bar El Muro de Málaga, de menú del día se sirve la actualidad

En este local se reflexiona sobre la transformación urbana y se comentan las noticias desde una pizarra que se actualiza a diario. Se ha convertido en referente para el sector cultural de la ciudad

Bar El Muro de Málaga
El bar El Muro, en el centro histórico de Málaga.García-Santos (El Pais)

En la pequeña terraza de El Muro, bar en el centro de Málaga, hay un puñado de mesas repartidas en una calle peatonal. Aún están vacías. Son las seis de la tarde y el local acaba de abrir. En su interior, el responsable del negocio, tiza en mano, termina de escribir unas palabras sobre una pizarra que acto seguido cuelga en la fachada del negocio. En ella no aparecen ni los precios de la bebida ni el menú del día. “El alcalde achaca el problema de la vivienda a la escasa formación de la población”, se lee en la cartela, acompañada de una viñeta protagonizada por Francisco de la Torre, regidor malagueño desde hace 24 años. Aquí se utiliza la pizarra para comentar la actualidad, reflexionar sobre las noticias del día y proponer con humor un análisis de lo que ocurre en la ciudad andaluza. “Me parecía banal tener un medio de expresión tan grande y utilizarlo para vender cócteles: es mejor decir cosas que son necesarias en la Málaga actual”, subraya Francisco Riofrío, de 40 años y propietario de El Muro.

Hijo de familia hostelera, Riofrío se había imaginado una vida lejos de un restaurante. Lo intentó. Estudió Económicas, pero no funcionó. Se pasó a Ciencias Políticas. Tampoco. Acabó en Comunicación Audiovisual y llegó hasta tercero. “Compaginaba estudios y trabajo y lo laboral pesó más porque era lo que pagaba el alquiler”, recuerda. Un día un amigo le preguntó cuándo dejaría de ejercer de camarero en bares para trabajar en lo suyo. Su respuesta es que lo suyo eran los bares. Acabó de encargado en uno donde ejercía todas las funciones y asumía responsabilidades, pero el dinero lo ganaba otra persona. “Entonces decidí ser esa otra persona y aposté por abrir mi propio local”, explica. No tenía el capital, así que en plena resaca de la crisis inmobiliaria se fue dos años a Bromley, al sur de Londres, para ahorrar. En 2014 volvió a Málaga y, junto a un socio, abrió El Muro. Hoy lo dirige en solitario y lo ha convertido en referente para buena parte del sector cultural local. “Es mi bar de cabecera”, confirma La Dani, nominado a mejor intérprete revelación por su papel en Te estoy amando locamente en la reciente gala de los Goya.

“La idea era abrir un sitio de los que en aquella época se llamaban alternativos, diferentes”, relata el hostelero, que de Reino Unido trajo algo más que ahorros. En su mochila cabía la idea de tener que dedicar un pequeño apartado a las cervezas artesanales y una pizarra. Durante su etapa británica fue asiduo a un pub donde escribían mensajes que se mantenían durante una semana siempre tirando de humor. “Decidí hacer aquí lo mismo, pero fui un poco más allá: nosotros lo haríamos a diario”, apunta. Primero se encargó él mismo, solo con textos. Luego empezó a dibujar inspirándose en el trabajo del historietista Pedro Vera o la ilustradora Flavita Banana. Desde hace unos años, la pizarra es también responsabilidad del resto del equipo: dibuja a quien le toque el turno de apertura. “A veces es complicado, pero es una de las señas de identidad de la casa. Y la libertad de expresión se lleva hasta las ultimas consecuencias: no hay problema en traspasar la línea editorial del bar”, señala divertido el periodista Carlos Guerrero, de 28 años, que toca la batería en la banda malagueña La Trinidad y que trabajó en El Muro durante cuatro años entre 2017 y 2021.

Francisco Riofrío, propietario del bar El Muro.
Francisco Riofrío, propietario del bar El Muro.García-Santos (El Pais)

La revista Staf define al local como un lugar que “trasciende el concepto de bar para aproximarse al de barricada que les permite respirar en una ciudad que se ha puesto en su contra”. En contra tienen la gentrificación, la masificación turística, la escasez de vivienda y unos precios que no paran de subir o el proceso de transformación de los negocios tradicionales en modernas cafeterías. Son temas habituales. “En otras ciudades la evolución ha sido lenta, pero aquí ha sido rapidísima. Cuando abrimos en 2014, a nuestro alrededor vivían familias y estudiantes… Ahora son todo turistas”, explica Riofrío. “Málaga peca de monopolio de información, parece que la única fuente válida es el diario Sur cuando cuenta lo bonita que está dejando la ciudad el alcalde, los miles de pisos de lujo que se van a construir o lo buena que es la Semana Santa. Creo que hay que hacer un poco de contrainformación, dar otro punto de vista. Y usar el humor”, añade el empresario, uno de los que está contra de las despedidas de soltero que tantos problemas generan en la ciudad. “No admitimos despedidas de solterx”, se leía en una de las pizarras recientes. Primero porque en la mayoría de los casos acaban siendo molestos para todo el resto de la humanidad. Segundo porque son el epítome del turismo de AirBnb patera de borrachera. Y tercero porque son una puta horterada”, añadía el texto. En verano de 2022, a un grupo de hombres que participaba en una despedida se les negó la entrada. Tras el enfado inicial, pidieron la hoja de reclamaciones. En ella solo escribieron “maricona”.

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En la pizarra también se habla del auge de la ultraderecha, el beso de Rubiales (“cuanta caspa para tan poco pelo”, se leía junto a la caricatura del expresidente de la Real Federación Española de Fútbol) o se ataca al capitalismo más agresivo. También se habla del disfraz con el que De la Torre acudió al último carnaval: “No sé, Paco. Algo estarás haciendo cuando se supone que te has disfrazado de Andersen y absolutamente todo el mundo ve al del Monopoly”. En las últimas elecciones, la oposición también pasó por el bar a contar sus ideas después de que Riofrío dijese en Instagram que a Daniel Pérez, líder del PSOE, no le votaban porque nadie le conocía. El socialista acudió al local y respondió a las preguntas de la clientela, como después hicieron desde Izquierda Unida y Podemos, que también se animaron a visitar el bar. El alcalde no fue. “Pensaba que vendría, es alguien al que no le importa debatir con la gente cara a cara, pero quizá no tenía nada que ganar”, señala el hostelero, que en su penúltima pizarra sí hablaba de comida para dar la receta del “auténtico bocadillo fascista” que tiene entre sus ingredientes una base de discurso contras las élites, retórica obrerista, racismo, deducción de impuestos para las grandes fortunas, banderita obligatoria y un maridaje con cacao “nos fumigan”. Mañana tocará un nuevo tema.

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