LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

El pulso entre el Gobierno y Madrid: intrahistoria de un pacto que acabó en guerra abierta

El miércoles parecía que entre Moncloa y el Ejecutivo madrileño había un atisbo de sintonía. Todo era un espejismo que estalló por la eterna tensión interna entre PP y Ciudadanos

Sánchez, Ayuso y Aguado, al termino de la reunión el pasado 21 de septiembre en Madrid. En vídeo, Sanidad forzará el cierre de Madrid mientras el Gobierno de la Comunidad ve síntomas de mejora.FOTO: JUANJO MARTÍN (EFE) / VÍDEO: ATLAS

Nada nuevo bajo la Puerta del Sol. El día después del preacuerdo sanitario entre la Comunidad de Madrid y el Gobierno de Pedro Sánchez todo saltó por los aires. La sinfonía entre los dos partidos que conforman el primer Gobierno de coalición de la historia de la región funciona como un acordeón. A ratos tiende a agruparse —nunca del todo— y a veces tiende a romperse —la mayoría de las veces—. Pero en el último momento, vuelve a sonar la música. Esta vez, no. El vicepresidente regional, Ignacio Aguado, de Ciudadanos, se anotó un tanto en su sede. Firmó el preacuerdo sanitario entre la Puerta del Sol y La Moncloa. Puso fin a una semana de guerras mediáticas entre ambas Administraciones. Pero el equipo de la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, no estaba conforme. El acordeón se silenció de inmediato.

Ayuso no dijo ni pío durante casi 24 horas. El grito de silencio dejó públicamente en evidencia a su vicepresidente y portavoz. Aguado, mientras tanto, no ha parado. Entrevista en un plató de televisión por la mañana, rueda de prensa posterior al consejo de Gobierno a mediodía y mensajes en redes sociales. Por si había dudas de quién había logrado ese primer acuerdo, él hablaba, incluso, en primera persona: “Satisfecho por haber alcanzado un principio de acuerdo con el Gobierno de España para abordar de forma conjunta la batalla contra el virus”, dijo a los pocos minutos de hacerse público el borrador. No hizo ninguna mención a la presidenta. Tampoco a los populares. Hablaba en nombre de la Comunidad de Madrid. La Puerta del Sol y La Moncloa llegaban a un pacto tras siete días infernales con ruedas de prensa y entrevistas solapadas. Ciudadanos oteaba feliz la bandera blanca. No vieron venir la borrasca que se avecinaba.

El consejero de salud madrileño, Enrique Ruiz Escudero. En vídeo, Escudero asegura que el ministerio de Sanidad no ha tomado una decisión colegiada.KIKO HUESCA | EFE (VÍDEO: ATLAS)

Inmediatamente después del mensaje de Aguado, fuentes de la Puerta del Sol matizaron esa alegría. “Bueno, bueno, aún queda mucho por negociar”. Preparaban una tormenta. A las 21.32, el equipo de comunicación regional lanzó su propia versión de los hechos. No es la primera vez. Sucede casi siempre. Y evidencia públicamente lo que varios miembros del Ejecutivo dicen en privado. La Comunidad de Madrid tiene dos gobiernos en uno. El comunicado de Sol fue directo al grano. “El Gobierno regional considera que el preacuerdo ha servido para fortalecer su postura […] La Comunidad de Madrid trasladará su propuesta este miércoles”. La bandera blanca de Aguado comenzó a teñirse de negro. Del preacuerdo, ni rastro.

En la firma de ese documento el martes por parte de Aguado también estaba presente el consejero de Sanidad, Enrique Escudero, pero prefirió adherirse a la postura de Ayuso y guardar silencio. El borrador del acuerdo tenía una clave dentro: confinar la capital de España. El Ministerio de Sanidad, con las medidas preacordadas, proponía de golpe intervenir Madrid. Era, prácticamente, un traje a medida. Esto suponía traspasar una línea roja por los populares. “Madrid no se va a cerrar”, es un lema que llevan pregonando desde hace semanas desde el entorno de la presidenta. “No hay que aplicar las medidas que propone Illa porque las nuestras, de momento, funcionan”, insistían hace solo unos días.

El equipo de Ayuso confía plenamente en sus medidas. No quieren confinar la ciudad por barrios. Quieren, de momento, seguir con su modelo de restricciones a través de zonas básicas de salud. Y argumentan, retorciendo muchísimo los datos, que tienen la razón.

Así se llegó a la mañana del miércoles. A primera hora, fuentes regionales apuntaban ya el giro de los acontecimientos. “Ayer [por el martes] no hubo ningún papel ni propuesta firme por escrito, por lo que no se puede hablar de principio de acuerdo”. Ayuso marcaba la línea de nuevo. El acuerdo de Aguado con el Gobierno acababa de ser tirado a la basura. Y faltaba la traca final.

Cerrar los flecos

Ayuso y Aguado se veían las caras en el Consejo de Gobierno por primera vez tras lo acordado con Moncloa. El consejo fue breve. El vicepresidente y portavoz compareció después para anunciar las últimas novedades de las consejerías. Los madrileños, mientras tanto, esperaban la confirmación de la noticia. ¿Asume la Comunidad de Madrid el confinamiento de la capital? “Los técnicos tienen que cerrar los flecos”, contestó Aguado. “Entiendo la necesidad informativa de adelantar acontecimientos, pero lo más prudente es esperar a la reunión de esta tarde”. Pero, en mitad de la comparecencia, el equipo de comunicación de la presidenta soltó una bomba en forma de mensaje: “En 30 minutos, la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid va a hacer público un comunicado sobre la posición que expresará en la reunión de esta tarde en la Comisión Interterritorial de Sanidad”. Es decir, Ayuso acababa de dinamitar lo acordado en directo y durante la rueda de prensa de su portavoz y vicepresidente.

¿Sabía usted que la Consejería iba a anunciar ese mensaje? “Yo no. No lo sé. Y lo que esté pactando la consejería con el Gobierno ahora mismo tampoco lo sé”, contestó al darse cuenta del revuelo mediático. Acababa de afrontar otra desautorización pública de Ayuso. Para colmo, el mensaje de la consejería no salió a los 30 minutos, sino que se retrasó casi una hora. En él, la Comunidad, por orden de Ayuso, ponía trabas a la posibilidad de alcanzar un acuerdo con el Ministerio de Sanidad. Si el Gobierno quiere cerrar Madrid, advertían en el texto, “se debe tener en cuenta que la ciudad es un conjunto de 21 distritos, de los que 18 superan los 100.000 habitantes, y por tanto, los índices no se pueden aplicar, en su conjunto, a toda la ciudad”.

Fuentes de Ciudadanos reconocieron que no sabían nada de todo esto. Que asistieron también atónitos. Tampoco sabían qué iba a votar, finalmente, la Consejería de Sanidad en el Consejo Interterritorial. A las 18.30 se conocieron los resultados. Madrid votaba en contra del acuerdo, junto a Cataluña, Galicia y Andalucía. Es decir, rechazaba las medidas que ella misma había acordado este miércoles con el vicepresidente Aguado. “Es un escándalo que las comunidades socialistas pretendan cerrar Madrid”, insistieron fuentes del Gobierno regional tras conocerse el acuerdo. Y apuntaron por dónde van a ir los tiros: “Y ya veremos si es jurídicamente viable”.

El sainete no ha terminado. El ministro de Sanidad, Salvador Illa, compareció para dar un golpe sobre la mesa. Aseguró que las medidas serán publicadas “en los próximos días” en el Boletín Oficial del Estado como orden ministerial. Y todas las comunidades deben acatarlas, porque se acordaron por mayoría. Madrid no piensa enterrar el hacha de guerra: el consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, aseguró que al no haber consenso por parte de todas las comunidades autónomas, este acuerdo carece de validez jurídica. Un día antes se escuchó una melodía de sintonía entre Ejecutivos, se hablaba de principio de acuerdo. Era todo un espejismo. La noche del miércoles solo resonaban tambores de guerra.

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