Arte inspirado por la crisis climática

Una gran exposición itinerante que entrecruza actividad artística y mensaje medioambiental examina importantes temas relacionados con el presente y el futuro del planeta.

Una de las obras expuestas en la muestra 'Among the Garbage and the Flowers' en el centro Le 6b de Saint-Denis, en París.
Una de las obras expuestas en la muestra 'Among the Garbage and the Flowers' en el centro Le 6b de Saint-Denis, en París.

Hacia el final de aquella canción de Leonard Cohen de 1967 titulada Suzanne, la protagonista nos dirige de la mano hacía el río y, mientras el sol vierte sus rayos como si fueran de miel, nos invita a mirar “entre la basura y las flores”. Con la complicidad de ese instante, Ayna Gleizer (Moscú, 1992) y Pablo Fernández Velasco (Madrid, 1991), nacidos más de 30 años después de la canción, han comisariado una exposición en el centro de arte Le 6b de Saint-Denis (al norte de París) con idéntico título: Among the Garbage and the Flowers. La muestra se inauguró en octubre, luego se trasladó al Museo de Historia Natural de Oxford y finalmente llegó a Glasgow, donde ha podido contemplarse durante la reciente cumbre climática. En breve partirá hacia Berlín. Como Suzanne, la exposición también busca respuestas: ¿se puede desafiar la división imaginaria entre lo urbano y lo salvaje? ¿Existe una oposición entre el arte y la ciencia? ¿Cómo conectar a artistas y científicos para abordar la crisis climática?

Entre las obras vemos How We See It, el mapa mental invisible de la artista Alice Hackney que el visitante descubre con linternas de luz ultravioleta, como un antropólogo de la ciencia haría su trabajo de campo durante una investigación medioambiental. La obra multimedia Dust invita a hundir las manos en un bol lleno de polvo para después soplarlo. Treasury of Tethers es un diccionario en blanco de términos del mundo natural cuyos significados deben ser revelados por el ingenio de los espectadores. Nature’s ­Kitchen es una instalación de la microbióloga Katja Lehmann en la que se prueban bebidas y comidas como el kéfir o la cambucha. Y la obra de la grabadora británica Jenny Lines estudia el cambio de humor de los paisajes (los paisajes se quejan por el deterioro medioambiental). Lines trabaja en colaboración con laboratorios alarmados por el estado de los océanos y el aumento de los gases de efecto invernadero.

Anya Gleizer estudió a la vez Biología y Bellas Artes en el Edinburgh College of Art y es doctoranda en la Escuela de Geografía de la Universidad de Oxford, donde ya en 2018 fundó la plataforma de arte y ciencia Flute & Bowl. Pablo Fernández Velasco es filósofo e investigador en ciencias cognitivas. Continúa su investigación en el Instituto Jean Nicod de París y en el University College de Londres.

Como ambos están convencidos de que el arte debe aportar nuevas maneras de pensamiento en la transición ecológica que vive la sociedad actual, han reunidos a científicos y a artistas para reflexionar sobre ello. Gleizer comenta: “Debido a la naturaleza específica de nuestro proyecto (la necesaria colaboración con los laboratorios), necesitamos personas que quieran comprometerse con los demás y construir juntos. Evitamos egocéntricos (aunque tengan currículos estelares) porque aportan poco al colectivo. No creo que cuestiones planetarias como la injusticia ecológica o la crisis climática vayan a ser resueltas por un solo campo. Poner en marcha las colaboraciones entre artistas y científicos es la manera de ver estos conflictos como lo que son: crisis sociales, políticas y psicológicas tanto como tragedias ecológicas”. Según Fernández Velasco, “pensar que lo urbano y lo salvaje son antitéticos es, en cierto modo, otorgarle una excepcionalidad radical al ser humano respecto a todos los otros seres del mundo natural. Lo natural se define muchas veces en oposición a lo humano, a lo urbano, a la cultura… ¿Por qué? El arte nos puede mostrar lo salvaje dentro de lo urbano y la simbiosis entre ambos”.

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