Análisis
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Vientos de cambio en el armario masculino: en busca de otra formalidad

La tecnología y la sostenibilidad definen el futuro de un sector cuyas ventas ya empezaron a ralentizarse antes de la pandemia y que ahora afronta una nueva forma de consumir

Modelo de la colección primaveraverano 2021 de Dior Men, en la que su director artístico, Kim Jones, ha colaborado con el artista Amoako Boafo.
Modelo de la colección primaveraverano 2021 de Dior Men, en la que su director artístico, Kim Jones, ha colaborado con el artista Amoako Boafo.Oscar Chang Anderson / EPS

En enero de 2020 Florencia era una fiesta. Brioni, la sastrería romana que vistió al Agente 007 entre Goldeneye y Casino Royale (todos los Pierce Brosnan y el Daniel Craig seminal, esto es), celebraba su 75º aniversario con una de esas seratas a palazzo excepcionales como solo se conocen por aquellos pagos. Hubo tortas, o casi, a las puertas de la monumental Santa María Novella por conseguir plaza para ver lo de Jil Sander (resucitada por los teutones Lucie y Luke Meier) y expectación máxima ante el debut físico de Stefano Pilati (el desheredado de Saint Laurent) con su nueva etiqueta de género fluido. Nada comparable, en cualquier caso, a la catarsis colectiva del diseñador afroamericano Telfar Clemens, que durante dos días y dos noches ocupó (¿okupó?) literalmente la estética de la supremacía blanca con la ética del gueto neoyorquino demostrando que, cuando quiere, el negocio no conoce barreras raciales y de clase. Tales acontecimientos se sucedieron al calor de la nonagésima séptima edición de Pitti Immagine Uomo, la feria de referencia para el vestir masculino. Más de 1.200 firmas a exposición para conjurar no solo el mercado, sino también la sensibilidad indumentaria y los input culturales del mañana. Una tentación para 21.400 compradores llegados de cada rincón del globo. Un año después, por primera vez en 99 convocatorias, ni rastro de celebraciones en Florencia. Al menos, de cuerpos presentes.

Modelo de la línea Genius de Moncler.
Modelo de la línea Genius de Moncler.EPS

Como muchas otras actividades desde que la pandemia de la covid-19 llegara para paralizar primero y ralentizar después nuestras vidas, la moda también intenta mantener el pulso en formato electrónico. Mal que bien, las cuentas van saliendo, pero los sentimientos se resienten. Y no solo por lo que se refiere al impulso emocional de compra. “Las herramientas digitales funcionan en momentos como este, cuando resulta imposible encontrarse en el plano físico, pero no para todo lo que supone Pitti Immagine Uomo”, esgrime al otro lado de la pantalla del ordenador Raffaello Napoleone, director ejecutivo de la feria. En efecto: quienes acuden a ella dos veces al año, en enero y junio, lo hacen porque saben que es un acontecimiento que no pueden perderse. La aproximación en clave de comisariado —­indumentario, de tendencias, cultural— impuesta por la organización a este modelo de negocio la convierte en una experiencia con un valor añadido que no encuentra en ningún otro salón de prêt-à-porter. Por eso no hay marca/diseñador, clásico o de vanguardia y hasta de mujer, que se resista a desfilar o exponer allí: Raf Simons, ­Yohji Yamamoto, Rodarte, Ermenegildo Zegna, Cavalli, Valentino, Hugo Boss, Ferragamo, Givenchy, Hood by Air… ¿Cómo transmitir lo que suponen semejantes espectácu­los, localizados por lo general en enclaves histórico-artísticos excepcionales, en streaming? “Eso es parte del problema. Al final, el comprador necesita referencias para saber lo que va a adquirir. No se trata solo de ver las colecciones, sino sobre todo de poder compararlas, yendo de un expositor a otro para comprender las tendencias, ver las posibilidades y decidir así en qué vas a invertir tu presupuesto la próxima temporada”, explica Napoleone. “He ahí el primer gran obstáculo a salvar online”.

Uno de los plumíferos diseñados por The North Face y Gucci.
Uno de los plumíferos diseñados por The North Face y Gucci.EPS

Pitti Uomo lleva experimentando con el comercio electrónico desde 2011, cuando lanzó e-Pitti, plataforma profesional que pone en contacto a expositores y compradores, guiándolos por las procelosas aguas del mercado global proponiendo diferentes alternativas en función de sus respectivos intereses y facilitando las transacciones comerciales en un espacio seguro. Clásicos de la sastrería, etiquetas de lujo masivo, creadores nuevos e independientes, pequeñas tiendas locales, boutiques multimarca y grandes centros comerciales, todos se citan allí igual que lo venían haciendo hasta la fecha en la renacentista Fortezza da Basso, sede de la feria. La jugada le ha servido para dar forma a Pitti Connect, versión digitalizada de la experiencia ferial, con su programa de encuentros y desfiles virtuales, que echó a rodar el pasado junio cuando la sensatez se antepuso al optimismo y la edición física número 98 terminó cancelándose. La de este enero, la 99ª, ha corrido la misma suerte. Napoleone confía en celebrar in situ la centésima. “Los ingresos medios del negocio electrónico suponen entre un 25% y un 30% del volumen total, lo que significa que al menos el 70% de las ventas aún son presenciales. En Europa, salir de compras es parte de nuestra cultura”, dice. “Aunque tratamos de mantener el contacto por medios digitales, hay algo que no funciona”. El director ejecutivo del mayor escaparate de la moda masculina se refiere a que, a pesar de los hábitos de consumo impuestos por el confinamiento, el comercio electrónico tampoco ha sido de gran ayuda. Quizá porque, en realidad, hace ya que no corren buenos tiempos para el sector.

Desfile de primavera-verano 2020 de Louis Vuitton.
Desfile de primavera-verano 2020 de Louis Vuitton.Courtesy of Press Office / EPS

Los analistas venían advirtiéndolo desde antes de la pandemia. En 2020, las ventas de moda de hombre cayeron de los poco más de 360.000 millones de euros de 2019 a apenas 300.000 millones, según cifras de Euromonitor. Los números son más acuciantes cuando señalan a la sastrería, para la que la misma consultora anuncia un desplome del 11% de aquí a 2024. La cuestión tiene su aquel porque, justo antes de que la pandemia nos asilvestrara por la senda del chandalismo y el cómodo-de-andar-por-casa, se aplaudía con entusiasmo el regreso a un vestir masculino más formal tras casi un lustro de dominación street­wear con ínfulas de lujo. Incluso adalides del estilo urbano en versión exclusiva como Kim Jones, en Dior Men, y Virgil Abloh, en Louis Vuitton y especialmente en Off-White, su propia firma, sacaban pecho con el giro sartorial de sus colecciones. Los meses de cuarentena y la incertidumbre posterior parecen haber truncado tan elegantes expectativas. “Algunas de las tendencias que ya aparecían subyacentes en el auge del streetwear se han disparado, sobre todo por lo que respecta a la casualización de la moda”, concede Sarah Willersdorf, analista del Boston Consulting Group. “Es cierto que con anterioridad a la crisis sanitaria se observaba una inclinación hacia la sastrería, lo que tampoco significa ir en contra de prendas más urbanas, pero ahora mismo ha quedado en suspenso”. Un vistazo a los más buscados del momento de Lyst, la plataforma de rastreo de intereses/compras en internet (en la que participa como inversor el grupo Louis Vuitton Moët Hennessy desde 2018) lo confirma: el clásico abrigo de cachemir de Canali figura con honores junto a las deportivas de Off-White y las camisetas de Balenciaga. Y Moncler despacha con alegría sus tradicionales plumíferos (170% más de búsquedas en estos primeros meses del año), al tiempo que cabalga la ola de popularidad impulsada por la reciente adquisición de Stone Island y el anuncio de una colaboración con Rick Owens. Mientras, Gucci se alza como la marca más apreciada, y no solo entre los jóvenes zetas y los ya talludos mileniales, en principio por su reciente entente con la etiqueta de prendas técnicas The North Face, pero también por su línea de trajes de hechuras modernas (silueta sobretallada; tejidos, colores y estampados extravagantes, regusto retro/vintage), esos con los que el cantante británico Harry Styles ha sentado cátedra y creado escuela. Si quieren un ejemplo español, échenle un ojo al ubicuo C. Tangana, que parte la pana por igual con Gucci, Loewe y Reebok.

Chaqueta de algodón con capucha de piel de Loewe.
Chaqueta de algodón con capucha de piel de Loewe.Thue Nørgaard / EPS

“Nosotros lo llamamos formalidad contemporánea”, tercia Napoleone, evidenciando que Pitti Immagine Uomo siempre trata de ir un paso por delante. La nueva formalidad de la que habla es, por descontando, una moderna vuelta de tuerca a la sastrería, con visos de prendas de alto rendimiento y un aspecto entre lo casual e incluso deportivo. Un estilo urgente, ajustado a las actuales restricciones sociales que imposibilitan el lucimiento indumentario más refinado, al que dedicada un amplio despliegue en Pitti Connect, con las colecciones para el próximo otoño-invierno firmadas por Alessandro Gherardi, Tombolini, Gabriele Pasini o pesos pesados del alcance de Brunello Cucinelli, Herno, Lardini o Kiton, el sastre napolitano que, de la mano del centenario lanificio Carlo Barbera, presenta un novedoso punto elástico que lleva el traje al siguiente nivel en términos de confort. “Esta evolución del vestir formal es la que queremos poner en valor en la próxima edición de junio, que confiamos en que sea de nuevo presencial, con un foco muy específico en los tejidos”, continúa. “La economía circular, los materiales reciclados y reciclables, así como los procesos de producción y comercialización sostenibles, son en realidad los factores que van a definir la moda de los próximos años. En ese sentido, nosotros tenemos la suerte de ser una de las plataformas más importantes del mundo para trabajar ideas y comunicarlas. Debemos ser muy cuidadosos y observar esta situación, e incentivar a que expositores y compradores tengan cuidado a su vez”, concluye. “Durante el confinamiento, los hombres también hemos descubierto prendas olvidadas en el armario, que quizá nunca llegamos a estrenar. Sí, la manera de vestir es nueva, como lo es la forma de consumir”.

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