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LA IMAGEN COLUMNA i

Lo central y lo periférico

Lo central y lo periférico

Y en esas estamos, en la de quitar importancia a lo central y en la de dársela a lo periférico, que constituye uno de los modos clásicos de confundir la anécdota con la categoría

Esta serie de imágenes, ya olvidadas, ocuparon hace poco la primera página de algún periódico. Correspondían a una discusión en cuyo transcurso la ministra había dicho al vicepresidente: “No seas cabezón”. Es lo mismo que me dice mi mujer tres o cuatro veces al mes, con frecuencia delante de los hijos, sin que la frase se interprete como un choque significativo entre ambos. A nadie se le ocurre interpretar que estamos a punto de la separación. Algunos titulares, sin embargo, transmitían la idea de que las relaciones entre los partidos representados por estas dos personas se encontraban al borde de la ruptura.

Nos hallábamos frente a un caso típico de sobre­interpretación de la realidad. No es raro que la so­brein­terpretación responda a un deseo: al de que fracase el Gobierno de coalición, en este caso. Pero con frecuencia, ni eso; lo común es que el sobreinterpretador sea, sin saberlo, un instrumento de determinadas corrientes de pensamiento. Ocurre lo mismo con las infrainterpretaciones, que unas veces se llevan a cabo con la voluntad de restar valor a un hecho y otras por pura pereza intelectual del opinador de turno. Se exagera, por ejemplo, el significado de un “no seas cabezón”, que ni siquiera se te tiene que ocurrir porque viene ocurrido ya, de serie, como viene el WhatsApp con el móvil, y se achica el sentido de que cientos de familias, en pleno invierno, se queden en la calle por orden del juez. Y en esas estamos, en la de quitar importancia a lo central y en la de dársela a lo periférico, que constituye uno de los modos clásicos de confundir la anécdota con la categoría.

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