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El efecto de la pandemia en las cumbres del Himalaya

Nepal, sin turistas ni escaladores, sufre la covid-19. Cada vez más trabajadores necesitan apoyo para obtener alimentos y para los niños es imposible acceder a la educación 'online'

Una mujer nepalí con sus hijos y sus cabras camina por una carretera en la región de Bhaktapur el pasado 18 de mayo, durante la cuarentena por covid-19 en el país.
Una mujer nepalí con sus hijos y sus cabras camina por una carretera en la región de Bhaktapur el pasado 18 de mayo, durante la cuarentena por covid-19 en el país. AP Photo

Shamsher Thapa vive en Gaunshahar, una aldea de 6.600 habitantes situada al norte de Nepal. Es el director de la escuela municipal y trabaja para mejorar la vida de su comunidad. Este profesor, que prefiere pasar inadvertido, fue seleccionado como uno de los 50 mejores maestros por el premio Global Teacher Prize en 2019, considerado como el Nobel de la Enseñanza y que cada año premia a los mejores docentes del mundo. Pero ahora su lucha no solamente pasa por brindar una enseñanza digna a los jóvenes de la pequeña Gaunshahar, sino por sortear una pandemia que se ha instalado también en los lugares más recónditos del Nepal rural. Este país del Himalaya cerró sus puertas el 24 de marzo con dos casos de covid-19 reportados. Las nuevas infecciones suman ya más de 3.500 en 60 distritos diferentes y han fallecido al menos 13 personas.

Con todos los centros educativos cerrados para frenar la propagación del virus, el programa de Thapa valora la educación en línea que propone el Ministerio de Educación. Giriraj Mani Pokharel, al frente de la cartera educativa, asignó una inversión de 70 millones de rupias nepalís —528.000 euros— para la transición a un modelo educativo digital que no se sostiene.

Alrededor de siete millones de alumnos de educación básica y medio millón de universitarios se han visto afectados por la paralización docente en el país, mientras se discutía la asignación presupuestaria en educación del siguiente año fiscal. El ministro de Finanzas ha fijado alrededor del 10,6% del presupuesto total, alejándose de su compromiso reiterado de invertir al menos el 20%. Esto ha generado malestar entre los expertos y docentes, según han expresado en los medios locales. Thapa lo admite resignado: “Ninguno de nuestros alumnos tiene ordenador ni Internet. Es imposible”, cuenta. El también escaso acceso a la electricidad en las zonas rurales hace que estos meses de confinamiento hayan supuesto un periodo lectivo perdido para sus alumnos.

El Gobierno publicaba en 2018 un informe sobre fomento del uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) que se marcó como meta que el 90% de la población tuviera acceso a Internet a través de banda ancha para 2020. Además aseguraba la alfabetización digital del 75% de la población para este año. Si el plan hubiera cumplido con sus objetivos tal vez el impacto de la crisis habría sido menor.

Shamsher Thapa fue premiado en 2019 con el equivalente al premio Nobel de la educación al ser considerado uno de los mejores maestros del mundo.
Shamsher Thapa fue premiado en 2019 con el equivalente al premio Nobel de la educación al ser considerado uno de los mejores maestros del mundo.

Aunque más del 70% de la población nepalí tiene acceso a Internet según la autoridad de telecomunicaciones, la mayoría es solo a través de los datos móviles. Esto dificulta el acceso diario a los materiales educativos, pues supone un elevado coste que no todos los estudiantes pueden asumir.

En la escuela de Gaushahar disponen de diez ordenadores de sobremesa para 120 alumnos. El propio director, voluntarios del colegio y las maestras con conocimientos suficientes imparten clases de informática a los alumnos. No obstante, aunque tuvieran acceso a la Red y medios para este nuevo modelo, su nivel de conocimientos es aún básico como para adaptarse, en cuestión de semanas, a la formación online.

Thapa empieza a ver cerca la vuelta progresiva a la normalidad: “Creemos que en dos o tres semanas podremos retomar las clases”, sostiene. Pero el tiempo corre y, para muchos, lo hace contrarreloj. Algunos estudiantes se están empobreciendo debido a la pérdida de empleo de sus familias. “Al menos tienen arroz; de momento”, dice. El director describe una realidad dura, pero bajo control: “Ahora estamos bien. No hay ningún caso en nuestra provincia, pero si se alarga podríamos tener graves problemas”.

Con todo, el maestro ha decidido organizar una recaudación de fondos con el Gobierno local que ya ha superado su objetivo. De ella se beneficiarán varias familias de la comunidad que han perdido su empleo durante la cuarentena y sus ahorros están a punto de acabarse. Esperan que estos alimentos sean suficientes para las próximas tres o cuatro semanas, tiempo que estiman que se alargarán las restricciones.

Alumnos de la escuela Heaven Hill Academy cantan canciones en inglés y el himno de Nepal antes de comenzar las clases.
Alumnos de la escuela Heaven Hill Academy cantan canciones en inglés y el himno de Nepal antes de comenzar las clases.

Hostales convertidos en redes de apoyo

Además de las barreras en materia de educación, los problemas económicos empiezan a percibirse. En un país donde el turismo juega un papel esencial, los balances de 2020 prometen ser negativos. Solamente en 2018 visitaron Nepal más de un millón turistas, dejando cerca de 2.000 millones de euros. El Consejo Mundial de Viajes y Turismo calcula que los senderistas, escaladores y amantes de la naturaleza generan más de un millón de puestos de trabajo siendo el 7,9% del PIB del país.

Muchos han visto su única fuente de ingresos destruida en un país donde los trabajadores que viven al día son mayoría: el 70% de la población activa. No reciben prestaciones del Gobierno y las medidas restrictivas les imposibilitan ganar su sueldo diario. La fórmula que propuso a finales de marzo el Gobierno fue simple: arroz, sal y aceite para quienes se encontraran en esta situación. Y según el influyente periódico del país de Asia meridional, The Kathmandu Post, las ayudas han llegado a familias que temían morir de hambre cuando se anunciaron las medidas.

Varsha Gurung trabajaba como recepcionista en un hostal en Katmandú hasta que el virus llegó a Nepal. Sin dejar de temer a la covid-19, sus peores pesadillas son sobre la progresiva vuelta a la normalidad. “Temo que se produzcan aglomeraciones y los contagios aumenten” afirma.

A falta de turistas y escaladores que se dirijan a los picos del mundo, el hostal donde trabajaba se ha visto forzado a convertirse en una red de apoyo para la población más humilde. La ONG española Hugging Nepal, en colaboración con Karuna, utiliza diariamente sus instalaciones para cocinar y alimentar a 200 personas para minimizar el impacto de la pandemia. “El gas es caro y escaso, por lo que mucha gente no tiene acceso”, cuenta Mai, una de las voluntarias de la organización.

Las necesidades han aumentado exponencialmente cada día. “Aquí si no trabajas, no comes. No hay ayudas”, explica. Por eso han abierto otro comedor social que provee de dos comidas al día a más de 300 personas. Su testimonio confirma que la asistencia estatal no ha llegado a todos los ciudadanos: “Los que acuden a nuestros comedores no han recibido ayudas del Gobierno”.

El país que vio nacer a Buda es considerado uno de los más pobres del mundo, con una cuarta parte de su población viviendo bajo el umbral de la pobreza. Su pasado está marcado por crisis que conmocionaron al mundo entero, la última ocurrida en 2015 cuando un terremoto provocó más de 9.000 muertos. Ahora con casi cuatro mil casos diagnosticados del nuevo coronavirus, el temor a volver a perderlo todo es superior al de la enfermedad misma.

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