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El niño adoptado que volvió a Nepal para ayudar a su pueblo

Marc nació en una remota aldea de Nepal. A los 6 años fue adoptado y cambió la zona más pobre del Himalaya por los verdes valles de la Garrotxa, en Girona, pero sin olvidar nunca sus raíces. Cumplió su promesa de convertirse en médico para regresar a Nepal y curar a su gente. Hoy vive allí mientras gestiona la ONG Health Us Nepal

Si la historia de Marc te ha hecho pensar y tú también quieres ayudar a esta causa para cambiar el mundo

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No tenía zapatos, apenas unas chanclas y una camiseta para pasar el invierno. La región de Humla (Nepal) está por encima de los 3.000 metros, pero lejos de las cumbres, donde el Himalaya deja de ser territorio de interés para escaladores, turistas o hasta para los monjes tibetanos; un lugar al que solo se puede acceder por caminos. Su pueblo, Takla, no sale en Google ni en las guías turísticas de Katmandú. Nadie quiere hacer turismo en una aldea donde no hay luz, ni agua corriente ni saneamiento y donde viven 150 habitantes rodeados de miseria.

Era un niño de una comida al día –cuando había suerte– y lo normal en su familia era compartir medio kilo de arroz o harina para una semana, una harina que viajaba en burro durante cuatro días. Takla no es propicio para el cultivo. Ninguna siembra sobrevive a unas condiciones tan extremas.

Y, sin embargo, era un niño muy feliz. A pesar de ser huérfano de madre no habla del frío de aquellas carencias sino del calor que le aportaba su gente para combatirlas. Una sociedad tribal que se apoya para ser algo más que meros supervivientes. Jugar con las piedras del río, dormir de cabaña en cabaña, compartirlo todo entre todos o pasar el tiempo pastoreando a los yaks mientras soñaba lo que habría detrás de aquellas cumbres nevadas: “Yo leía cuentos, pero basados todos en Nepal. No había visto más allá de aquellas montañas. Imaginaba que había algo más, pero no cabía en mi cabeza”, cuenta.

Marc con Rosa Bruguera, su madre adoptiva.
Marc con Rosa Bruguera, su madre adoptiva.

Aquel niño que soñaba con el vértigo de lo desconocido es Marc Boix Bruguera (Takla, Nepal, 1989), un nepalí con nombre catalán que cruzó esos valles para poner imágenes a los cuentos que imaginaba cuando era niño, y que viajó al futuro para luego reencontrarse con su pasado al crear una ONG para ayudar a su pueblo: Health Us Nepal.

Viaje al futuro

Su sonrisa perenne escondía unas ganas locas por aprender. A Marc le encantaba pasar el tiempo en la escuela mientras el resto de niños ponían las piedras a la cerca de los yaks o recogían frutos del bosque. Allí aprendió ajedrez, a jugar con las matemáticas o a viajar a través de la lectura. Todo gracias a un profesor que alimentó esa semilla en un territorio hostil.

El billete al futuro llegó en forma de promesa electoral. Un político de la zona buscaba promocionarse por el valle y ofreció educación y una vida mejor a aquellos niños huérfanos o que ya despuntaban. Su padre aceptó ilusionado el sacrificio de que se lo llevaran a una escuela de Katmandú. Pero en realidad la escuela prometida era un orfanato y el proyecto de futuro era la posibilidad de ser adoptados por alguna familia occidental. Marc tenía 6 años cuando fue adoptado.

Farmacia de Health Us Nepal en Simikot.
Farmacia de Health Us Nepal en Simikot.

Marc aterrizó en el futuro unos meses después. El paraíso estaba en Olot (Girona) y los anfitriones del viaje fueron Ramon Boix y Rosa Bruguera, dos catalanes que nada sabían de la ambición de aquel político y de un sistema que escondía su corrupción entre tanta pobreza.

Las chanclas para todo el año se convirtieron en zapatos nuevos cada mes y los yaks peludos en animales de ojos brillantes y luminosos que te llevaban de un lado a otro en su interior: “Veía a una persona en bicicleta como una única unidad móvil. ¿Y los ascensores? Entrabas en una habitación con unas luces y luego aparecías en una habitación distinta”, cuenta. “Cuando llegué a Girona la habitación estaba llena de regalos, juguetes, peluches... era como un sueño que no te acabas de creer. Al principio vas con miedo a lo desconocido, pero fui descubriendo poquito a poco que mis padres eran muy cariñosos”.

Todo aquello que le dejaba con la boca abierta era una oportunidad para acordarse de sus raíces, para evocar ese espíritu tribal que le enseñó a compartirlo todo. Empezó a mandar cartas, colores, relojes o juguetes a sus compañeros del orfanato de Katmandú, y cuando aprendió bien el idioma soltó la bomba a sus padres de aquí, como él los llama: “Tengo familia allí y sé que ellos no saben que estoy aquí. Quiero volver, quiero que sepan de todo esto”.

Reencontrarse con su pasado

Llegar a Takla desde Katmandú es una odisea cara y peligrosa: avionetas, helicópteros, cinco horas caminando… Ramon y Rosa acordaron con Marc esperar hasta los 18 años y hacerlo bien. Le dieron una oportunidad al sueño de su niñez: “Tenía muy claro lo de ser médico. De pequeño vinieron al pueblo a vacunarnos y pregunté a mi abuela quiénes eran esos: ‘Son doctores y ellos evitan que la gente muera’. Y yo dije: ‘¡Ostras, hay gente con más poder!, yo de mayor quiero ser como ellos’”.

Marc Boix, el día que se reencontró con su padre biológico.
Marc Boix, el día que se reencontró con su padre biológico.

Marc cumplió su deseo y volvió a su pueblo acompañado de su padre adoptivo en 2007, en un viaje lleno de dificultades que estuvo a punto de fracasar varias veces. Se reencontró con su padre biológico y con todos esos recuerdos que el tiempo había difuminado. “Ese primer contacto con mis orígenes me hizo pensar en hacer algo por esa comunidad, por aquellos que no han tenido la misma suerte de ser adoptados”. Así que volvió a España, acabó la carrera de Medicina y con sus primeros ahorros fundó Health Us Nepal. La ONG ha abierto ya una farmacia y un consultorio médico en Simikot, el mayor núcleo poblacional de la zona de Humla. Allí atienden a unos 30 pacientes diarios, aportan educación sanitaria y hacen expediciones a aldeas remotas para cuidar de aquellos que no pueden desplazarse.

Alimenta tus raíces

Hoy Marc vive allí con lo mínimo, conocedor del nivel de vida que deja atrás, incomunicado en los meses de invierno, con el mismo frío que le atenazaba de niño y comiendo el mismo arroz, pero feliz de alimentar sus raíces, de luchar por los valores que ha aprendido. Aquella semilla cultivada por sus maestros, por su pueblo, por Olot y por sus padres adoptivos ha dado los mejores frutos: mirar por la comunidad y el bien común antes que por uno mismo. Su padre adoptivo, Ramon, y su tío Joaquín son parte de este proyecto de vida, ocupados de la logística y captación de fondos para la ONG. Marc no tiene dos familias, son una gran familia separada por miles de kilómetros, pero unida por un precioso objetivo común.

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Contenido adaptado del vídeo de Marc

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Marc es nepalí y fue adoptado por una familia de Girona. Prometió estudiar Medicina y volver a sus raíces para ayudar a su gente. Con 30 años ha regresado a su pueblo y vive allí con su ONG Health Us Nepal.

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Soy de Girona pero de origen nepalí. Viví hasta los 6 años en el pueblo en el que nací, Takla, una población de la zona de Humla, en medio de la cordillera de Himalaya. La misma gente nepalí no sabe que allí aún no llega el coche, no sabe que allí aún no hay electricidad ni agua corriente y eso hace que la gente de Humla quede aislada.

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Yo por lo que llegué a Katmandú fue porque el político más importante de esa zona contó a nuestros padres respectivos: “Vamos a trasladar a esos niños a Katmandú para que puedan estudiar”, y claro, con esa explicación nuestros padres dijeron “vale sí, ok”. Y el orfanato daba a los niños en adopción.

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Y luego me vinieron mis padres de aquí y cuando llegué a Girona fui descubriendo poquito a poco que los padres eran muy cariñosos, te abrazaban… Cuando aprendí el idioma, a comunicarme, yo les dije a mis padres: “Yo tengo familia allí y sé que ellos no saben que yo estoy aquí”. Claro, mis padres de aquí no lo sabían. Recuerdo que mi padre me dijo: “Espera a que tengas los 18 años y volvemos”.

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A los 18 años hice la preinscripción a Medicina y nos fuimos a Humla y cuando voy allí es un gran shock. Pienso en formarme hasta que sea útil y volver a dar un poco de lo que he recibido aquí, y fue el inicio del proyecto de mi vida.

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La primera vez que vi a mi padre biológico, a mis hermanas... ese reencuentro fue algo que no se puede explicar con palabras. Me hizo dejar de ser el Marc que era antes a ser el Marc que soy hoy en día y, a raíz de eso, nació el proyecto Health Us Nepal y su objetivo básicamente es llevar salud a Humla.

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Vamos creciendo en cuanto a los recursos en medicina, en material médico, en equipo humano… Atendemos a una media de 30 personas diarias y hasta ahora ya llevamos más de 15.000 pacientes en año y medio. Queremos ampliar el centro con una máquina de rayos X, una máquina de análisis de sangre… porque todo eso mejora la asistencia básica que estamos dando.

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Tenemos muchas ganas, muchas energías para tirar adelante siempre y,sobre todo, estamos sobre el terreno para persistir en eso. No delegamos trabajo, hacemos el trabajo.


Este contenido ha sido elaborado por Yoigo.

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