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Fetén Fetén, los ‘luthiers’ de la España vacía

Arribas (izquierda) y Galaz, en el Café Central de Madrid, antes de un concierto a mediados del pasado mes de febrero.
Arribas (izquierda) y Galaz, en el Café Central de Madrid, antes de un concierto a mediados del pasado mes de febrero.

Fetén Fetén son los músicos Jorge Arribas, de 40 años, y Diego Galaz, 43. Pero también su violín trompeta, la silla de camping-flauta y aquella gaita que hicieron un brick de vino. Es la herencia castellanoleonesa que mamaron de niños, jota, porrón y trillo, y el alcance global que supone grabar con artistas como Jorge Drexler, Natalia Lafourcade o Arnaldo Antunes. Es chotis, tarantella y vals, y los 25 países de cuatro continentes a los que estos dos burgaleses han llevado su versión de la música popular.

Fetén, como lo llaman sus integrantes, nace en 2009, cuando Arribas y Galaz dejan el grupo La Musgaña, fruto de una añoranza. Una añoranza de cómo se vivía antes en los pueblos: “Nos parece que eso era muy bueno. Sin tanta tecnología ni tanto maquillaje”, recuerda Arribas. Su música busca recuperar esas tradiciones, explica Galaz: “Hay una pérdida de identidad total. Ahora las influencias que llegan de fuera copan todo. Aun así, en la España vaciada, los veranos nos siguen conectando con algo que sigue sucediendo: cuando tocamos en pueblos vemos a niños bailando la jota, disfrutando de la romería. No lo hemos perdido todavía y de nosotros depende que eso no pase. Por eso es tan importante que la educación reivindique nuestro legado popular. No por patriotismo, sino porque es algo que nos ha hecho ser como somos”.

Fetén Fetén tocando algunos de sus insólitos instrumentos.
Fetén Fetén tocando algunos de sus insólitos instrumentos.

Por eso no solo los ritmos (el repertorio de Fetén se basa en géneros folclóricos instrumentales), sino también los instrumentos son una actualización de ese legado: “Son instrumentos que vienen del mundo rural donde la gente no tenía comida, no tenía dinero y necesitaba tocar instrumentos”, explica Galaz. “Su esencia se basaba en tocar con lo que tenías a mano porque no tenías la posibilidad de comprar instrumentos. Hacías unos agujeros a una silla y descubrías que podía sonar”.

Actualmente se encuentran grabando su quinto álbum, que se llamará Cantables II y saldrá a finales de año. Consistirá en una serie de colaboraciones donde artistas como Rozalén, Kevin Johansen o Guitarricadelafuente pondrán voz al acordeón de Arribas, al violín de Galaz y a los 15 instrumentos diferentes que suenan en sus conciertos. Desde sartenes, cucharas o serruchos hasta un violín fabricado con una caja de puros. Un tetrabrick hecho guitarra. O el cubo de playa que se le rompió al sobrino de Galaz y que reconvirtieron en un mandolín con almenas.

Muchos de estos instrumentos son souvenirs de una vida de gira, el año pasado lo cerraron con 80 conciertos, que les ha dado muchos regalos. El mayor de ellos, aseguran, es poder recorrer el mundo con su música y observar su impacto: “En Argelia tocamos un ritmo tradicional de Castilla y León y nos dijeron: ‘que bien que hayáis hecho un ritmo de aquí para congraciaros con el público’”, recuerda Arribas. “Y cuando estuvimos en un slum en la India se pusieron a bailar un pasodoble como si ya lo hubieran escuchado antes… Ahí ves las conexiones”.

Sin embargo, la verdadera conexión para Fetén Fetén es con el lugar donde empezó todo: los pueblos de Castilla y León. Allí pasan el confinamiento componiendo. Tienen canciones en camino. Nuevos instrumentos en el taller. Y una definición propia del triunfo. “Nos han vendido un éxito que no es real: el éxito económico multitudinario”, asegura Galaz. “El verdadero éxito es poder hacer lo que te gusta, viajar y no deber dinero a nadie”.

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