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Addis Abeba parece estar en un domingo perpetuo desde hace varios días

Los equipos de la Cooperación Española teletrabajan desde la capital de Etiopía mientras el Gobierno del país intenta fortalecer su sistema de salud ya con problemas graves previos al coronavirus

Un grupo de médicos etíopes atiende a una formación sobre el uso de ventiladores mecánicos para tratar a pacientes de Covid-19 en el Centro Médico Americano de Addis Abeba, en Etiopía, el 1 de abril de 2020.
Un grupo de médicos etíopes atiende a una formación sobre el uso de ventiladores mecánicos para tratar a pacientes de Covid-19 en el Centro Médico Americano de Addis Abeba, en Etiopía, el 1 de abril de 2020. AFP

Addis Abeba parece estar en un domingo perpetuo desde hace varios días. El cierre de los establecimientos gubernamentales y centros educativos ha reducido el tráfico y las concentraciones de personas. La gente se saluda de lejos, sin el tradicional choque de hombros que caracteriza al estilo habesha. Sin embargo, las infinitas colas para tomar los micro autobuses (que siguen transportando a más de 20 personas en sus 15 asientos), las aglomeraciones en el mercado o los grupos tomando café en las pequeñas tienditas (a falta de bares nocturnos, que han sido cerrados por decreto) siguen siendo señas de identidad en la capital del segundo país más poblado de África.

La crisis de la Covid-19 ha pillado en pleno periodo de abiy tsom (ayuno previo a la Pascua) a los cristianos ortodoxos, religión mayoritaria en Etiopía. Pese a la reducción de las celebraciones religiosas por recomendación gubernamental, hace unos días mi vecina estaba convencida de que ese “corona” sería vencido gracias a la fe y la oración. Esta semana sigue practicando el ayuno, pero también reduce el tiempo fuera de casa. A la puerta de su pequeña tienda ha instalado un bote de alcohol, obligando a quien entre a frotarse bien las manos, pero sin derrocharlo. Los guantes, mascarillas y geles han desaparecido del mercado en menos de una semana.

Mientras tanto, desde España no dejan de llegar noticias preocupantes. Estado de alarma, reducción de actividades. No pasa un día sin conversar con la doctora Cruz Ciria, especialista de salud en la Agencia Española de Cooperación y Desarrollo (Aecid), para dar seguimiento al avance de la pandemia. También para compartir tristes noticias como el fallecimiento de Guadalupe Rubio, compañera durante más de 20 años en la agencia. Diariamente intento estar en contacto con mi familia en Asturias, especialmente con mi güelita que, a sus 101 años, no recuerda una situación tan compleja desde los tiempos de la Guerra Civil.

En Addis, la “Bruselas de África”, son muchas las personas expatriadas de embajadas, agencias y otras entidades que han decidido salir del país, preocupados por un futuro incierto. Sin embargo, las reflexiones dentro del equipo de la Cooperación Española van en otro sentido. Si España, con uno de los sistemas de salud pública más eficaces del mundo está sufriendo el impacto de la pandemia… ¿Qué pasará en Etiopía, donde la malaria, la tuberculosis o la meningitis siguen cobrándose miles de vidas cada año? ¿Cómo confinar a una población que presenta altos índices de hacinamiento, setecientas mil personas refugiadas y más de un millón y medio de desplazadas internas? ¿Cómo animar a reducir el número de salidas al mercado cuando se vive al día? ¿Cómo teletrabajar en un país en el que la mayor parte de la población se dedica a la economía informal?

Al igual que casi todas las entidades internacionales, en Etiopía estamos trabajando desde nuestros hogares. Cuando los cortes de luz e Internet dan tregua, nos permiten estar conectados con nuestras contrapartes, el equipo en sede y las ONG. Al menos un par de veces por semana intercambiamos impresiones con otros actores presentes en el país, especialmente el grupo de salud, sector en el que España invierte más de un millón de euros cada año para fortalecer el sistema sanitario en Etiopía. De manera coordinada con el Ministerio de Salud etíope, dirigido por la doctora Lia Tadesse, analizamos la evolución de la pandemia en el país, en la que por el momento se han detectado unas decenas de casos. Sin embargo, todas las voces apuntan a que la verdadera situación crítica aún no ha llegado.

Una congregación de cristianos practica el distanciamiento social para frenar la propagación del nuevo coronavirus, con sillas dispuestas a cierta distancia para escuchar la misa del domingo por la mañana en la catedral ortodoxa etíope Bole Medhane Alem en Addis Abeba el domingo 5 de abril. 2020.
Una congregación de cristianos practica el distanciamiento social para frenar la propagación del nuevo coronavirus, con sillas dispuestas a cierta distancia para escuchar la misa del domingo por la mañana en la catedral ortodoxa etíope Bole Medhane Alem en Addis Abeba el domingo 5 de abril. 2020. AP

En un contexto de crisis, en el que los países del norte desarrollado priorizan sus recursos para responder a sus necesidades internas, resulta más importante que nunca entender que los problemas globales necesitan respuestas globales. Desde hace más de 15 años, la Cooperación Española ha trabajado junto a otros actores internacionales y al Gobierno etíope en fortalecer el sistema de salud en el país. La salud universal no es un privilegio ni un beneficio, sino un derecho. Los sistemas públicos son la única vía para garantizar servicios de calidad que alcancen a toda la población, sin importar su estatus económico, social o su localización geográfica. En Etiopía, un país donde más de la mitad de los centros de salud no disponen de agua segura, donde los especialistas médicos se concentran en las grandes ciudades y donde la maternidad es una práctica de riesgo, la comunidad internacional debe ser contundente en su apuesta por fortalecer el sistema de salud.

Vivimos tiempos convulsos. La Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible nos animaron a abrir nuestra mirada y comprender que vivimos en un mundo interconectado en el que el clima, las migraciones, la paz o la salud requieren estrategias conjuntas. Vivimos tiempos en los que las noticias sobre epidemias ya no tienen como protagonistas a países lejanos sino que nos tocan de primera mano. Vivimos tiempos en los que más que nunca se requiere un abordaje integral, conjunto y valiente ante los grandes retos globales.

Esta crisis nos ofrece dos alternativas para seguir construyéndonos como sociedades. Por un lado la de las fronteras, el miedo y el egoísmo que nos conducirá a nuevas pandemias sanitarias, sociales o económicas. Por otro, la de la comunidad global, la que nos anima a revisar nuestros modelos de consumo, de desarrollo y de relaciones. El doctor Abiy Ahmed, primer ministro de Etiopía y Nobel de la Paz expresó hace unos días: “si el virus no es derrotado en África, regresará para perseguirnos”. Ojalá salgamos de esta crisis convencidos de la necesidad de impulsar nuevas políticas sociales, incluyendo una reforzada cooperación con los países más vulnerables. Porque solo las sociedades del mundo, juntas y unidas, podrán detener las pandemias globales, la del coronavirus, la de la desigualdad machista, la extrema pobreza, las violencias y las vulneraciones de derechos humanos.

Mario Fanjul es responsable de programas en la Oficina de la Cooperación Española en Etiopía.

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