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La burbuja pincha en América Latina

La fiesta anual de Latin American 50 Best Restaurants, a celebrarse en Buenos Aires, afrontó la frágil situación de la economía argentina

Una vista aérea de Buenos Aires, Argentina.
Una vista aérea de Buenos Aires, Argentina. Getty

La fiesta anual de Latin American 50 Best Restaurants será finalmente en Buenos Aires, el próximo 10 de octubre. Ya es oficial aunque se sabía desde hace casi dos meses. Se confirmaba el final de una negociación que tenía en el alambre a la sección regional de The 50 World’s Best Restaurants, y el cierre de un año que empezaba tranquilo pero acabó complicándose. De hecho, para mayo de 2018 ya habían cerrado un acuerdo con el Gobierno argentino, consagrando Buenos Aires como sede de las ceremonias de proclamación del ranking culinario latinoamericano para 2019 y 2020. Casi un millón de dólares por año, que viene a ser mucho más de lo que el Gobierno de Argentina ha dedicado en la última década a la promoción y desarrollo de su cocina, y la explotación de la mayor parte de los ingresos por patrocinios dejaban a los responsables de la empresa organizadora con la sonrisa del que asegura la cuenta de resultados para el próximo bienio.

Todos contentos. La promotora londinense de la lista apuntalaba su futuro financiero y la Secretaría de Turismo de Argentina compraba una sustanciosa campaña promocional. Por su parte, los elegidos de la alta cocina bonaerense tendrían la oportunidad de ser el centro del universo culinario latinoamericano durante los siguientes dos ejercicios. Las cosas se veían de forma muy diferente en otros sectores de la vida culinaria argentina, entre los que se repetía cada día con más fuerza la misma pregunta que se formulan allí donde se van instalando las sucesivas sedes del evento: ¿dónde podría llegar la cocina local si dedicaran esos dos millones de dólares a programas de crecimiento y desarrollo? ¿Y si añadiéramos a esa cifra el otro millón o dos millones que se invierten en viajes promocionales para periodistas e influencers, encargados de multiplicar el eco del evento y apuntalar el resultado de inversión? No deja de ser sintomático que los contratos se cierren con organismos dedicados a la promoción del turismo, más interesados en el ‘efecto escaparate’ que en las consecuencias para el sector culinario.

El sol dejó de brillar el 30 de agosto, cuando al peso argentino le hicieron mierda frente al dólar y cayó al precipicio de las cotizaciones. Unas cuantas semanas después el acuerdo tenía menos valor que el papel en que había firmado. La nueva cotización del peso casi triplicaba el coste de la operación, cerrada en dólares; no sería fácil explicarlo a un país sobre el que flota el fantasma del hambre. Los promotores de la lista tenían que buscar nuevos anfitriones.

La 50 Best Restaurants también tiene sus comisionistas. Son un pequeño grupo de periodistas, relaciones públicas y agencias de comunicación que acompañan la lista desde su nacimiento, ofreciendo sus servicios a restaurantes que quieren posicionarse en el seno de la lista, o que se mueven para abrir nuevos escenarios, como en este caso. Pocos días después de la ruptura del acuerdo con Argentina, los caza fortunas vinculados a la empresa rastreaban el mercado en busca de candidatos: Ecuador, Brasil, Perú... Después de unos meses de coqueteos, Chile se perfiló como alternativa. Las negociaciones fueron largas y se rompieron cuando todo parecía hecho, dejando sobre la mesa un descuento del 60 %, sobre la tarifa oficial, concretado en una oferta de dos años por 400.000 dólares anuales. Faltaban siete meses para el festejo y todo estaba en el aire.

El desenlace de la historia es sabido. La fiesta se celebrará en Buenos Aires gracias al acuerdo alcanzado entre los promotores de Latin American 50 Best Restaurants, el ente de Turismo de Buenos Aires y la Secretaría de Turismo de Argentina. El contrato es por un año y se habla de cifras muy inferiores a las barajadas hasta ahora, que podrían rondar los 300.000 dólares. No importa tanto el monto como la rebaja en sí, que abre un nuevo periodo de incertidumbre para los organizadores, embarcados en una negociación con Quito Turismo para llevar a Ecuador la ceremonia del próximo año. A la vista de las cifras que se ha estado manejando en la negociación con Chile y Argentina y sin otros candidatos sólidos, no será fácil sustentar los 800.000 dólares sobre los que se negocia en este momento.

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