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La acción climática: sin las ciudades, no lograremos cambios

Las metrópolis deben estar a la vanguardia, trabajando en colaboración con los gobiernos para implementar objetivos ambiciosos y adaptar las políticas e iniciativas a los desafíos locales

Activistas en la Plaza Bolívar de Bogotá, Colombia, exigen la acción del gobierno colombiano sobre el cambio climático el 24 de mayo de 2019.
Activistas en la Plaza Bolívar de Bogotá, Colombia, exigen la acción del gobierno colombiano sobre el cambio climático el 24 de mayo de 2019. AFP

El crecimiento poblacional del mundo continúa siendo efervescente, especialmente en áreas bajo condiciones económicas emergentes. En América Latina y el Caribe alrededor de 500 millones de personas viven en ciudades. La región ha alcanzado un nivel estimado de urbanización del 80%, uno de los más altos del planeta, lo que implica grandes desafíos de desarrollo.

Las ciudades aceleran la contaminación. Las zonas urbanas del mundo emiten grandes cantidades de desechos, contaminan el aire y contribuyen de manera significativa al cambio climático, generando aproximadamente el 70% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI). Adicionalmente, las ciudades —especialmente aquellas situadas en áreas costeras— son a menudo altamente vulnerables a los efectos del cambio climático, incluyendo fenómenos meteorológicos más frecuentes y extremos, cambios en los patrones de lluvia y el aumento del nivel del mar.

Al comprometerse con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) —especialmente el ODS 11— la comunidad internacional reconoció que el desarrollo urbano bien planificado es un motor clave para el desarrollo sostenible. En el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) compartimos ese compromiso y, por eso, en nuestro último Informe de sostenibilidad presentamos el trabajo que estamos realizando para hacer que las ciudades y los asentamientos humanos sean más inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles.

Es evidente que las ciudades deben estar a la vanguardia de la acción climática, trabajando en estrecha colaboración con las autoridades nacionales para definir e implementar objetivos ambiciosos, promover la acción climática integrada en todos los niveles de gobierno, y adaptar las políticas e iniciativas a los desafíos locales y circunstancias únicas de los asentamientos humanos.

Una acción integrada y coherente entre los actores nacionales y locales es crucial. Por ejemplo, es difícil para las ciudades movilizar los recursos financieros necesarios para financiar infraestructura resiliente al clima o facilitar la transición hacia una economía baja en carbono. Por esto, el apoyo del Gobierno nacional para apalancar estos recursos se torna vital.

Para lograr esto, debemos trabajar desde varios sectores:

Primero, es el caso de la infraestructura de transporte y logística, la cual tiene un alto coste, pero es fundamental para estimular el crecimiento económico y proporcionar servicios logísticos y de transporte para el desarrollo sostenible. La infraestructura mal planificada puede provocar contaminación del aire y contaminación auditiva, largos desplazamientos, accidentes, y altos costes en daños debido a su vulnerabilidad a los fenómenos meteorológicos extremos y desastres naturales. Dado que la infraestructura de transporte es cara y duradera, es particularmente importante garantizar que los nuevos proyectos sean sostenibles. Por esta razón, el BID está financiando la construcción de un sistema de metro elevado para Bogotá, que estará operativo en 2022. Este será el proyecto de infraestructura más grande de Colombia, con una longitud comercial de más de 25 kilómetros.

Las zonas urbanas del mundo generan el 70% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero

Segundo, debemos compartir experiencias. El Grupo BID trabaja con diferentes ciudades en Latinoamérica para compartir mejores prácticas. El LAB de Ciudades del BID está incorporando la innovación y el pensamiento de diseño (design thinking) en la planificación urbana de las ciudades de la región y en sus operaciones, con soluciones focalizadas, factibles y comprobables. Por su parte, la Red de Ciudades del BID está facilitando el intercambio de conocimiento y soluciones sobre cómo las ciudades están incorporando los ODS en sus Planes de Desarrollo. Más de 160 ciudades están participando actualmente en esta red, representando una población de aproximadamente 160 millones de personas.

En tercer lugar, los gobiernos nacionales deben proporcionar un marco favorable en el cual los gobiernos locales puedan basar e implementar sus políticas climáticas. La implementación de los ODS, de las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC, por sus siglas en inglés) y de las estrategias de descarbonización a largo plazo puede ser respaldada mediante la vinculación de los programas locales de gobierno con los planes nacionales de desarrollo, y mediante el fomento de un diálogo constante entre las autoridades locales y nacionales.

Si bien las ciudades tienen un papel importante que desempeñar en términos de políticas climáticas de mitigación, su papel en la adaptación climática es igualmente importante. En cuarto lugar, es esencial incorporar la gestión del riesgo de desastres en la planificación urbana para garantizar que las ciudades sean resilientes y puedan recuperarse más rápido a un menor coste. Invertir en vivienda urbana e infraestructura resiliente en áreas propensas a desastres, como lo que se ha venido haciendo en Bañado Tacumbu en Asunción (Paraguay) y Vitória (Brasil), es un paso en la dirección correcta hacia ciudades resilientes que no solo están preparadas para impactos climáticos existentes y futuros, sino que también pueden responder de manera rápida y efectiva una vez que se produce un impacto.

En el caso de los pequeños estados insulares en desarrollo y otras ciudades caribeñas amenazadas por los fenómenos meteorológicos extremos y el inminente aumento del nivel del mar, integrar dentro de su planificación urbana herramientas interactivas como el CoastalDEM, que proporciona un análisis de la exposición a las inundaciones y al aumento del nivel del mar, será fundamental para apoyar la resiliencia climática.

Finalmente, los gobiernos se encuentran ahora trabajando para presentar su segunda y más ambiciosa NDC, la cual debe estar cada vez más alineada con estrategias de largo plazo, e indiscutiblemente se debería priorizar el diálogo con las ciudades para preparar la revisión de estos objetivos. Si bien es posible que no se logren integrar plenamente los objetivos nacionales y locales, dados los diferentes mandatos y prioridades, es importante asegurar que sus planes sean al menos compatibles. Al enfrentarnos al cambio climático nunca debemos olvidar que los problemas globales pueden beneficiarse enormemente de la acción local.

Juan Pablo Bonilla es gerente del Sector de Cambio Climático y Desarrollo Sostenible del BID.

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