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Chillida Leku: La transformación que no se ve, pero se nota

El museo del genial escultor donostiarra reabre hoy al público después de casi dos décadas semiclausurado, con 'Ecos', una exposición retrospectiva de Eduardo Chillida. Hablamos con el responsable de la renovación del caserío

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Eduardo Chillida adquirió en los años ochenta el caserío Zabalaga, del siglo XVI, para exponer ahí su trabajo y no depender de ninguna galería. En primer plano en la imagen, 'Arco de la libertad' (1993). |

Hoy vuelve a abrir oficialmente sus puertas Chillida Leku, el caserío en el que el escultor donostiarra Eduardo Chillida abrió su museo en el año 2000, después de que su galerista, Aimé Maeght, falleciera en los ochenta y él decidiera dejar de ser representado en exclusiva por ninguna galería. En 2011 (nueve años después del fallecimiento de Chillida) la familia decidió cerrar la visita del público general al no haber llegado a un acuerdo de sostenibilidad con la administración pública vasca. Aunque en realidad nunca estuvo cerrado del todo: durante casi la mitad de sus 20 años de existencia las visitas quedaron restringidas bajo un sistema de cita previa. En ese tiempo se calcula que pasearon por sus campas y sus salas unas 50.000 personas.

Ahora, Chillida Leku reabre sus puertas gracias al apoyo de la poderosa galería internacional Hauser & Wirth, que ha pasado a representar en todo el mundo el legado de Chillida en unos términos que se intuyen complejos pero sobre los que no se han facilitado detalles, más allá del análisis que Ian Wirth hizo para EL PAÍS. Y lo hace después de una intensa reforma que, según nos cuenta en su casa de Madrid Luis Chillida, uno de los hijos del artista, "no se ve mucho pero se nota mucho".

Esta alquimia tan propia del príncipe de Salina de El Gatopardo –"Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie"– es obra de Luis Laplace, arquitecto e interiorista argentino residente en París, con quien nos reunimos en el jardín de Chillida Leku. "Un cliente mío me llama el arquitecto invisible. Y aquí yo no quería hacer ningún statement para reafirmar mi autoría. El caserío es lo que es, y no necesitaba ninguna intervención radical".

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Eduardo Chillida posa dentro de 'Buscando la luz I' (1997), en las primeras fases de oxidación de la obra, hecha de acero. |

Habla bajito pero con firmeza. Laplace ha elegido sentarse junto a uno de los proyectos más ambiciosos de Chillida, Buscando a la luz, y bajo la sombra de ese impresionante monolito, en uno de esos raros días de sol guipuzcoanos, las palabras del arquitecto se abren paso con naturalidad, pero siempre parece guardar un as en la manga.

El caserío de Zabalaga y sus terrenos, en el municipio guipuzcoano de Hernani, fueron adquiridos por el escultor en los años ochenta. Tras una reforma muy personal realizada con la colaboración del arquitecto Joaquín Montero, se inauguró en el año 2000 como museo, con obras ubicadas tanto en las campas como en distintas salas del interior.

El espacio es en sí mismo una gran escultura, con su estructura de madera exquisitamente puesta a la vista y sus muros de piedra al desnudo. ¿Cómo intervenir un lugar expositivo que fue diseñado por su propio artista? "Por mis anteriores proyectos para galerías y coleccionistas, estoy acostumbrado a trabajar con obras de arte. Aunque este sea el primer museo que intervengo, sabía a dónde venía. Y he hecho lo que hago siempre, que es poner en valor la obra".

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Luis Laplace, para algunos "el arquitecto invisible", es de la reforma de Chillida Leku para su reapertura, que según uno de los hijos del escultor, "no ve mucho, pero se nota mucho". |

La principal premisa de Laplace ha consistido en adaptar el lugar a las necesidades del público del siglo XXI. "Las nuevas generaciones esperan otra cosa", explica. "El arte se empieza a desacralizar, y además la obra de Eduardo invita a ser tocada, experimentada. Pero lo más importante es integrar todo tipo de gente, al público adulto pero también a niños y escolares. Por eso lo que he hecho es sobre todo abrir las vallas".

De forma figurada, pero también literal: en los pabellones modernos de la entrada, dedicados a las taquillas, la tienda y la cafetería, se han eliminado cerramientos y abierto ventanas, como medida subliminal para aportar "nuevas visiones, nuevas perspectivas". Y dentro del edificio principal del siglo XVI se ha trabajado sobre todo en la iluminación, tanto natural como artificial: "He utilizado filtros en la iluminación de los techos para graduar la luz".

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Un detalle de la exposición inaugural, 'Ecos', en las salas interiores del caseríos. |

Los distintos tonos de blanco empolvado de las paredes, que presentan una apariencia rústica, en realidad son producto de múltiples pruebas y sofisticados contrastes: "Trabajamos mucho con esas paredes blancas aplicándoles tratamientos para dar texturas y profundidad". En el primer piso se derribaron algunos muros, ampliando el espacio para favorecer la circulación. También se aisló la cubierta retirando sus tejas de terracota, y se realizaron tratamientos cosméticos en las tablas de madera del suelo. Cuando ha sido necesario obtener nuevos materiales –por ejemplo, para la creación de unos bancos de piedra– se ha recurrido a canteras locales.

Laplace está especialmente satisfecho del ambiente logrado, que recrea la armonía "de un espacio japonés" que ya tenía el caserío. En cuanto al exterior, el arquitecto ha colaborado por cuarta vez con el paisajista holandés Piet Oudolf, que ha tratado de recrear discretos efectos pictóricos que además reflejen el paso de las estaciones en las especies plantadas para completar las campas y árboles originales.

Quienes ya habían visitado con anterioridad el caserío-museo dedicado a la memoria y la obra del artista donostiarra encontrarán que permanece un impacto sensorial y emocional difícil de describir. Muchos lo han hecho ya llamándolo "un lugar mágico", fórmula quizá no muy original pero que bastaría para resumir esa mezcla entre lo telúrico y lo espiritual que tan intensamente logra transmitir.

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Exposición 'Ecos' en Chillida Leku. |

Y esos ecos del pasado son precisamente lo que quieren recoger los nuevos responsables del museo con la exposición inaugural, que es en realidad una antológica con obra de las distintas épocas del artista comisariada por Ignacio Chillida. Las piezas están dispuestas en el interior según un orden más o menos cronológico para sumarse a las 20 grandes esculturas exteriores. Allí comparecen desde los poco conocidos trabajos figurativos en yeso que realizó en París a finales de los años cuarenta, inspirándose en la estatuaria griega del Louvre, hasta los proyectos públicos, y una sección dedicada al Peine del viento de San Sebastián, con varios estudios, fotografías y documentación de archivo.

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Eduardo Chillida en 'El peine del viento XV' en San Sebastián. |

Todo está primorosamente dispuesto, con una armonía que refuerza la sensualidad de los materiales: el alabastro, el hierro oxidado, la madera o la tierra chamota. Varias esculturas se han colocado frente a las ventanas, potenciando los juegos de luz y reflejos, de masa y vacío. Se han creado además nuevos pedestales en yeso blanco y madera para sostener las piezas.

Está previsto que Ecos dure seis meses, pero aún no se sabe cuáles serán las siguientes exposiciones, ni en general las líneas básicas del programa. La directora del renovado Chillida Leku, Mireia Massagué, llega al puesto tras haber estado al frente del barcelonés Gaudí Exhibition Center. Y se ha dicho que aquí también la agenda estará marcada por los galeristas de Hauser & Wirth, que incluso estarían interesados en exponer en Hernani la obra de otros artistas que también representan, pero ellos mismos han declarado que de momento no hay planes en ese sentido.

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'Lo profundo es el aire', Estela XII (1990). Escultura de granito. |

Massagué quiere dejar clara la autonomía del centro: "Somos una entidad independiente para desarrollar nuestra actividad, aunque tengamos el apoyo de la familia Chillida y de la galería, que por supuesto queremos aprovechar. Pero esto es un museo dedicado a un artista, y solo expondremos a otros en la medida en que tengan alguna relación con la vida y la obra de Eduardo. Por otra parte, aunque es verdad que los préstamos de obra para Ecos se han firmado por seis meses, la exposición podría prorrogarse, ya que tiene vida más allá de esas obras. En este tiempo iremos trabajando en programar lo que venga después. Sabemos que hay muchas expectativas, pero no tenemos prisa".

Laplace, que ya había realizado con anterioridad encargos para Hauser & Wirth, como sus recientes sedes en St. Moritz y Somerset, también se declara independiente. Cuando le preguntamos si en esta ocasión ha trabajado a las órdenes de la galería o de la familia Chillida (también ha participado como arquitecto local Jon Essery Chillida, nieto del artista), él responde tajante: "Yo no trabajo a las órdenes de nadie. Nunca. Ya me lo dijo mi madre de chico: vos sos libre y a ti nadie te da órdenes".

Y, aunque, matiza, sus principales interlocutores han sido Luis e Ignacio Chillida, dos de los hijos del escultor, finalmente Laplace descubre su as de la manga y deja claro que el único jefe ha sido el propio Eduardo Chillida. Si antes de emprender el proyecto se consideraba un conocedor de la obra de Chillida, mientras trabajaba en él descubrió que aún tenía mucho que aprender: "Él era un artista de arquitectos, y el ADN de su obra está ligado a la arquitectura", explica. "Así que estoy seguro de que va a tener una gran influencia en mi trabajo futuro. He salido de aquí con mucha información en mi cabeza, y necesito volcarla de alguna manera".

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