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Dos flexos que se besan apasionados y otros poemas visuales

Estos hermanos madrileños compaginan su trabajo como diseñadores con sus propuestas de poesía visual hecha a base de objetos cotidianos.
Estos hermanos madrileños compaginan su trabajo como diseñadores con sus propuestas de poesía visual hecha a base de objetos cotidianos.

OJALÁ NO hubiera venido la crisis, pero nosotros hemos sabido sacarle provecho”, dice Javier Díez, diseñador industrial y mitad, junto a José Luis Díez, del estudio de diseño los díez (así, en minúscula, y antes conocido como díez+díez diseño). Cuando percibieron que se frenaba el flujo de trabajo por la debacle económica, que empezaron a notar en 2010, encontraron por fin tiempo para materializar todas sus ideas de carácter más simbólico, que guardaban en un cajón.

De la necesidad nació la virtud, materializada en su faceta de poetas visuales, en la estela de los surrealistas, Joan Brossa, Nicanor Parra y Chema Madoz: poesía que no está hecha de palabras impresas en un libro sino de objetos de la vida cotidiana que bajo su manipulación cobran voces inauditas. A veces el mínimo cambio sobre la realidad despliega un abanico de nuevos significados, que de pronto parecen obvios pero que permanecían ocultos: es magia.

Por ejemplo, dos flexos que se enredan en un beso apasionado; un corazón hecho con la unión de dos peonzas rojas o una humilde lata de conservas en cuyo interior se esconde una perla. En 2013, al poco de su inmersión en el mundo poético tuvo lugar su primera muestra, Un brindis al sol, en la galería madrileña Mad is Mad.

Hace unos meses llegó su gran hito expositivo. Su trayectoria de 25 años de diseño de producto y ocho de poesía visual se dio a conocer en la muestra los díez en los campos expandidos, en el Museo Nacional de Artes Decorativas. “Queríamos separar claramente lo que es nuestro trabajo como diseñadores de producto, totalmente enfocado al cliente, de la poesía visual”, dice José Luis Díez.

Dos flexos que se besan apasionados y otros poemas visuales

Los Díez son hermanos, originarios de Madrid (el mayor es Javier, de 1966; José Luis nació dos años más tarde), y, entre las brumas del pasado, no recuerdan cuándo empezaron a trabajar juntos. “Nos complementamos muy bien, cada uno tiene mejor visión a una escala distinta, y ser dos aporta miradas frescas sobre el trabajo”.

¿Cuál es su secreto para realizar buenos diseños? “Nos gusta decir siempre la frase de [el arquitecto] Juli Capella: ‘Diseñar es pensar antes de hacer’. “Cuando damos talleres o cursos los asistentes se ponen a dibujar enseguida, así en abstracto. Nosotros les decimos que echen el freno: diseñar es pensar”.

Del trabajo exploratorio y en común de los hermanos Díez ha surgido también una insólita lupa que hace las cosas más pequeñas en vez de más grandes, o dos sillas que flirtean frotando sus patas por debajo de la mesa. Poesía cotidiana hecha con objetos que cobran vida y tienen emociones. Poesía que se puede tocar con las puntas de los dedos.