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La pelea del dueño de Pesquera para recuperar sus vides

Alejandro Fernández en lucha contra tres de sus hijas para recuperar el negocio con el que revolucionó los vinos Ribera del Duero

Alejandro Fernández, creador del Grupo Pesquera, fogografíado en uno de sus viñedos en 2006.
Alejandro Fernández, creador del Grupo Pesquera, fogografíado en uno de sus viñedos en 2006. Getty Images

El jueves el teatro Gran Maestre de Madrid acogía lo que se anunciaba como “una cita única”, “algo grande en el mundo del vino”. En la parte superior de la invitación un sello inconfundible en el mundo vitivinícola: Alejandro Fernández, Grupo Pesquera. Pero Alejandro Fernández, el hombre hecho a sí mismo, quien revolucionó y puso a Ribera de Duero en el panorama internacional con sus vinos, el primero en España en recibir 100 puntos de la lista Parker en 1982, no estaba allí.

Esa misma mañana el alma máter del Grupo Pesquera se sentaba junto a su hija Eva Fernández en el despacho de abogados que desde septiembre de 2018 le asesora para recuperar su empresa, sus bodegas, sus tierras y sus vides, aquellas con las que soñó desde pequeño cuando “trasegaba con el vino en una pequeña barrica en la que cabían 15 o 20 cántaros”. Las mismas a las que tres de sus hijas —Olga, Mari Cruz y Lucía— unidas con la que ha sido su mujer durante décadas —Emilia Rivera— le han prohibido la entrada y de cuyas empresas ha sido destituido de todos los órganos de administración. “Hacer vino siempre fue mi sueño”, explica este hombre de 86 años mientras juguetea con su gorra sentado tras una mesa de juntas. Su sueño se hizo realidad en 1975, después de haber conseguido dinero ideando y fabricando máquinas para tirar paja, picar forraje y ensilarlo y cosechar remolacha. A su fábrica la llamaban la mini Fasa en comparación con la de Fasa Renault que también estaba en Valladolid. De allí salió el capital para comprar tierras, plantar vides y construir los cimientos de un negocio dedicado al vino que tiene prestigio mundial y está valorado en más de 100 millones de euros. Alejandro vive desde hace un año con su hija Eva, en una casa en Valladolid que está a nombre del emporio y recibe 1.700 euros al mes.

Mª Cruz Fernández (segunda por la izquierda), Lucía y Olga (quinta y sexta), hijas de Alejandro Fernández, acompañadas por hijas y sobrinas, el jueves en Madrid.
Mª Cruz Fernández (segunda por la izquierda), Lucía y Olga (quinta y sexta), hijas de Alejandro Fernández, acompañadas por hijas y sobrinas, el jueves en Madrid.

Su mente clara igual se transporta a los recuerdos del pasado como se subleva con los pleitos familiares del presente. El dolor de un padre que se siente traicionado también asoma a sus ojos cuando se le pregunta cuál fue el inicio del conflicto que le enfrenta a tres de sus cuatro hijas y a su mujer, de la que está en proceso de divorcio: “Mis hijas, que se han ido apoderando poco a poco de todo”. Eva Fernández le mira sin intervenir hasta que se le pregunta. “Empecé a trabajar al lado de mi padre en 1993, al final del bachillerato. Después estudié dos años en Madrid, en la Escuela de la Vid —y muestra un documento que acredita que en 1996 se tituló en Viticultura y Enotecnia— pero el mayor título lo conseguí aprendiendo de mi padre”. Eva era la enóloga de la bodega hasta junio de 2017 cuando sus hermanas decidieron contratar a una empresa de asesoramiento. Después la echaron. Desde hace un año tampoco tiene acceso a las instalaciones de la empresa.

Dos versiones y una empresa en el alero

Durante dos días este periódico trató infructuosamente de conocer la versión de la otra parte de este conflicto a través del abogado de Valladolid que defiende sus intereses. No hubo respuesta. Según declaraciones de Lucía Fernández, actual directora general de la compañía, recogidas por Cinco Días: “Grupo Pesquera no reflejaba nuestra grandeza (...) invisibiliza el resto de nuestras bodegas”. La herida sigue abierta. Un decreto de la Fiscalía Superior de Valladolid ha formulado una denuncia por falsedad en documento mercantil por el arrendamiento de las tierras. Y el Juzgado 49 de Madrid ha admitido la querella de Alejandro Fernández contra la agencia de patentes González Vacas S.L. y contra su hija Olga Fernández, representante legal de la empresa Alejandro Fernández Tinto Pesquera S.L.

“Éramos una familia normal”, afirma Alejandro Fernández, “Eva actuaba como enóloga conmigo, mis otras hijas estaban en la administración y comercialización, dos de mis yernos y mis nietas trabajan en la empresa”. Eva, con tono de incredulidad, explica que las cosas se torcieron cuando su padre se negó a renovar el poder a Clemente Rueda, el gerente de facto aliado con sus otras tres hermanas. “No lo quiso hacer porque era una trampa. Fue una batalla contra mi padre y contra mí”.
El conflicto llevaba larvándose desde tiempo antes de que Fernández ni siquiera lo intuyera. Sus hijas, según afirman los abogados del bodeguero, habían dado pasos previos como registrar en la misma agencia de patentes y marcas con las que trabajaba su padre otras casi idénticas a las originales, o firmar un contrato de arrendamiento de las tierras con su madre por 10 años y una cifra irrisoria, cuando pertenecían a la sociedad de gananciales y su padre no aparecía por parte alguna.

En el acto publicitario en el que se anunció que Grupo Pesquera pasaba a llamarse Familia Fernández Rivera, la ausencia del padre no se mentaba, pero quien quería escuchar podía oír que estaba secuestrado por su hija Eva. La misma que por la mañana contenía las lágrimas cuando le escuchaba decir: “Quiero lo mío, mi Pesquera de toda la vida. Antes siempre llevaba vino en el maletero de mi coche para regalar. Desde hace un año mis propias hijas me han quitado todo lo que he hecho desde niño. Solo quiero partirlo, tener paz, hacer vino y continuar mi vida”.

 

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